viernes, diciembre 31, 2010

En la poética hoguera de las vanidades



Ser un artista de verdad, es decir, cultivar tu talento con exigencia, poner a prueba los límites de la palabra, explorar diversos campos (el cine, la literatura, la música, la ciencia, por ejemplo), es no un deber sino una obligación en quienes se dedican, por ejemplo, a la poesía. Pero existen ciertos factores que afectan al poeta, factores externos y de formación que terminan deformando su esencia, incluso corrompiendo su alma. De un tiempo a esta parte he visto a muchos “poetas” publicar un libro, ver cómo sus “amigos” comentan la genialidad de sus versos mientras beben incansablemente, sabiéndose malditos, supongo, o imaginando un nuevo libro con cada calada de hierba, libro que, por cierto, tal vez no llegue jamás. Y es justo en este medio, rodeado de adulones e hipócritas interesados, que el “poeta” o aspirante a serlo, se pierde, irremediablemente, en el infierno de la soberbia y la vanidad. Creen que de tanto repetirse que son genios, llegarán a serlo. Pocos son aquellos que frecuentan el cine, escuchan buena música o realmente leen lo que dicen que leen, y basan su talento en perpetrar versos sin sentido, leyéndolos con engolada voz, para darle profundidad a algo que al momento de nacer, ya estaba muerto. Creen que cualquier cosa que escriben es arte puro, que cada comentario de un amigo sobre su obra es una reafirmación de su talento, necesitan siempre de esa afirmación del otro sobre algo propio, y confunden su posición y su rol en el medio: de tanto estar vendiendo hamburguesas tras un mostrador, llegan a creer que son los dueños del Burguer King. Y llegan al punto de creer que su amistad es un regalo del cielo que el beneficiario tiene que agradecer de rodillas y con los brazos estirados al cielo. Buscan hacerse de una publicación para, desde ese gueto periódico, creer que ostentan algún tipo de poder, que deciden la suerte y el destino de los demás, como si a los demás les importase siquiera el ver su nombre impreso. Planean venganzas que nunca concretan, dicen cerrar puertas que no existen al futuro de alguien, Sacrifican amistades y proyectos en la consolidación de su ascenso imaginario, de su poder inexistente, se convierten penosamente en vendedores de cebo de culebra. Y cuando lo notan ya es demasiado tarde. Hacen de un evento más un hito histórico en su memoria, exacerban sus propuestas y deliran de grandeza. En medio de esa hoguera de la vanidad y la soberbia, no notan que su arte murió cuando empezaron a hacerle caso a las voces aduladoras, y que se necesita más que manías excéntricas y poses de divo, para inscribir su nombre en la eternidad.


miércoles, noviembre 10, 2010

Los avatares de la Marihuana

Imagen: Holanda, a 34 años de tolerancia con las drogas.


Leo en el diario El País, un artículo más que interesante sobre el último referéndum en California para legalizar o no la marihuana, el texto cobra mayor valor pues quien lo escribe es el premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa. Voto a favor.

Los avatares de la marihuana
(click AQUI para leer la edición de El País)


Los electores del Estado de California rechazaron el martes 2 de noviembre legalizar el cultivo y el consumo de marihuana por 53% de los votos contra 47%, una decisión a mi juicio equivocada. La legalización hubiera constituido un paso importante en la búsqueda de una solución eficaz del problema de la delincuencia vinculada al narcotráfico que, según se acaba de anunciar oficialmente, ha causado ya en lo que va del año en México la escalofriante suma de 10.035 muertos.
Esta solución pasa por la descrimi-nalización de las drogas, idea que hasta hace relativamente poco tiempo era inaceptable para el grueso de una opinión pública convencida de que la represión policial de productores, vendedores y usuarios de estupefacientes era el único método legítimo para acabar con semejante plaga. La realidad ha ido revelando lo ilusorio de esta idea, a medida que todos los estudios señalaban que, pese a las astronómicas sumas invertidas y la gigantesca movilización de efectivos para combatirla, el mercado de la droga ha seguido creciendo, extendiéndose por el mundo y creando unos carteles mafiosos de inmenso poder económico y militar que, como se está viendo en México desde que el presidente Calderón decidió enfrentarse, con el Ejército como punta de lanza, a los jefes narcos y sus pandillas de mercenarios, pueden combatir de igual a igual, gracias a su poderío, con Estados a los que tienen infiltrados mediante la corrupción y el terror.
Los millones de electores californianos que votaron por la legalización de la marihuana son un indicio auspicioso de que cada vez somos más numerosos quienes pensamos que ha llegado la hora de cambiar de política frente a la droga y reorientar el esfuerzo, de la represión a la prevención, cura e información, a fin de acabar con la criminalidad desaforada que genera la prohibición y los estragos que los carteles del narcotráfico están infligiendo a las instituciones democráticas, sobre todo en los países del Tercer Mundo. Los carteles pueden pagar mejores salarios que el Estado y de este modo neutralizar o poner a su servicio a parlamentarios, policías, ministros, funcionarios, financiar campañas políticas y adquirir medios de comunicación que defiendan sus intereses. De este modo dan trabajo y sustento a innumerables profesionales contratados en las industrias, comercios y empresas legales en las que lavan sus cuantiosas ganancias. Esa dependencia de tanta gente de la industria de la droga crea un estado de ánimo tolerante o indiferente frente a lo que ella implica, es decir, la degradación y desplome de la legalidad. Ése es un camino que conduce, tarde o temprano, al suicidio de la democracia.
La legalización de las drogas no será fácil, desde luego, y, en un primer momento, como señalan sus detractores, traerá sin duda un aumento del consumo, sobre todo, en sectores juveniles. Por eso, la descriminalización sólo tiene razón de ser si viene acompañada de intensas campañas informativas sobre los riesgos y perjuicios que implica su consumo, semejantes a las que han servido para reducir el consumo del tabaco en casi todo el mundo, y de esfuerzos paralelos para desintoxicar y curar a las víctimas de la drogadicción.
Pero el efecto más positivo e inmediato será la eliminación de la criminalidad que prospera exclusivamente gracias a la prohibición. Como ocurrió con las pandillas de gánsteres que se volvieron todopoderosas y llenaron de sangre y de muertos a Chicago, Nueva York y otras ciudades norteamericanas en los años de la prohibición del alcohol, un mercado legal acabará con los grandes carteles, privándolos de su cuantioso negocio y arruinándolos. Como el problema de la droga es fundamentalmente económico, económica tiene también que ser su solución.
La legalización traerá a los Estados unos enormes recursos, en forma de tributos, que si se emplean en la educación de los jóvenes y la información del público en general sobre los efectos dañinos para la salud que tiene el consumo de estupefacientes puede tener un resultado infinitamente más beneficioso y de más largo alcance que una política represiva, la que, aparte de causar violencias vertiginosas y llenar de inseguridad la vida cotidiana, no ha hecho retroceder un ápice la drogadicción en ninguna sociedad. En un artículo publicado en The New York Times el 28 de octubre, el columnista Nicholas D. Kristof cita una investigación presidida por el profesor de Harvard Jeffrey A. Miron en la que se calcula que sólo la legalización de la marihuana en todo Estados Unidos haría ingresar anualmente unos 8.000 millones de dólares en impuestos a las arcas del Estado, a la vez que le ahorraría a éste una suma equivalente invertida en la represión. Esa gigantesca inyección de recursos volcada en la educación, principalmente en los colegios de barrios pobres y marginales de donde sale la inmensa mayoría de drogadictos, reduciría en pocos años de manera drástica el tráfico de drogas en ese sector social que es el responsable del mayor número de hechos de sangre, de la delincuencia juvenil y el desquiciamiento familiar.
Nicholas D. Kristof cita también la conclusión de un estudio realizado por ex policías, jueces y fiscales de Estados Unidos, donde se afirma que la prohibición de la marihuana es la principal responsable de la multiplicación de pandillas violentas y carteles que controlan la distribución y venta de la droga en el mercado negro obteniendo con ello "inmenso provecho". Para muchos jóvenes pobladores de los guetos negros y latinos, ya muy golpeados por el desempleo que ha provocado la crisis financiera, esa posibilidad de ganar dinero rápido delinquiendo resulta un atractivo irresistible.
A estos argumentos pragmáticos a favor de la descriminalización de las drogas sus adversarios suelen responder con un argumento moral. ¿Debemos, pues, rendirnos, alegan, al delito en todos los casos en que la policía se muestre incapaz de atajar al delincuente, y legitimarlo? ¿Esa debería ser la respuesta, por ejemplo, ante la pedofilia, la brutalidad doméstica, la violencia de género, fenómenos que, en vez de disminuir, aumentan por doquier? ¿Bajar los brazos y rendirnos, autorizándolas, ya que no ha sido posible eliminarlas?
No se debe confundir el agua y el aceite. Un Estado de derecho no puede legitimar los crímenes ni los delitos sin negarse a sí mismo y convertirse en un Estado bárbaro. Y un Estado tiene la obligación de informar a sus ciudadanos sobre los riesgos que corren fumando, bebiendo alcohol o drogándose, por supuesto. Y de sancionar y penalizar con severidad a quien, por fumar, emborracharse o drogarse causa daños a los demás. Pero no parece muy lógico ni coherente que si ésta es la política que siguen todos los gobiernos en lo que concierne al tabaco y al alcohol, no la sigan también en el caso de las drogas, incluidas las drogas blandas, como la marihuana y el hachís, pese a estar más que probado que el efecto pernicioso de estas últimas para la salud no es mayor, y acaso sea menor, que el que producen en el organismo los excesos de tabaco y de alcohol.
No tengo la menor simpatía por las drogas, blandas o duras, y la persona del drogado, como la del borracho, me resulta bastante desagradable, la verdad, además de cargosa y aburrida. Pero también me disgusta profundamente la gente que en mi delante se escarba la nariz con los dedos o usa mondadientes o come frutas con pepitas y hollejos y no se me ocurriría pedir una ley que les prohíba hacerlo y los castigue con la cárcel si lo hacen. Por eso, no veo por qué tendría el Estado que prohibir que una persona adulta y dueña de su razón decida hacerse daño a sí misma, por ejemplo, fumando porros, jalando coca, o embutiéndose pastillas de éxtasis si eso le gusta o alivia su frustración o su desidia. La libertad del individuo no puede significar el derecho de poder hacer solo cosas buenas y saludables, sino, también, cosas que no lo sean, a condición, claro está, de que esas cosas no dañen o perjudiquen a los demás. Esa política, que se aplica al consumo de tabaco y alcohol, debería también regir el consumo de drogas. Es peligrosísimo que el Estado empiece a decidir lo que es bueno y saludable y malo y dañino, porque esas decisiones significan una intromisión en la libertad individual, principio fundamental de una sociedad democrática. Por ese camino se puede llegar insensiblemente a la desaparición de la soberanía individual y a una forma encubierta de dictadura. Y las dictaduras, ya lo sabemos, son infinitamente más mortíferas para los ciudadanos que los peores estupefacientes.

viernes, noviembre 05, 2010

Sí, lo admito: yo aborté.


Quienes me conocen, saben que quiero mucho a mis amigos, que son además personas muy talentosas que admiro y respeto, con quienes comparto locuras y textos, calle y vida, mundo y recuerdos. Por eso el día de hoy no pude contener ese ahogo que de pronto me invadió, ese temblor en los ojos al leer en la columna del periodista César Hildebrandt, un texto de mi querida amiga, la poeta Cecilia Podestá, donde confiesa que alguna vez abortó en un consultorio clandestino. Una confesión valiente, sentida, sincera y desgarradora de lo que tuvo que pasar alguna vez (como muchos de nosotros cuando jóvenes). Por eso la posteo hoy, pues si admiraba a Cecilia como poeta, amiga y mujer (es increíble que una persona tan chiquita tenga tanta energía, talento y creatividad para hacer miles de cosas al mismo tiempo), pues ahora la admiro también por la valentía de asumirse ella misma como persona y ser la dueña de su destino, de su vida, y de compartir sin hipocresías ni melodramas mexicanos (lo criaré yo solita, será mi hijito, trabajaré toda mi vida triple turno, dejaré los estudios, te juro que seremos felices contigo o sin ti, viviremos en una chozita de una pieza pero juntitos, no me importa lo que diga el mundo) que tomó una decisión sabia pero dolorosa. Una decisión personal, que ahora comparte con todo el mundo: y estoy seguro que mucho le ha costado hacerlo. Acá el texto:

"Tenía diecinueve años y miedo a morir por sobre todas las cosas. Una aguja me penetró y me inyectaron un sedante a través del mismo cuello uterino, después el doctor comenzaría la operación. Las piernas abiertas, frías. La bata. La mano de Juan cogiendo la mía, diciéndome además que todo estaría bien después. Lo prometía y yo asentía con la cabeza. Tendríamos otros hijos, prometía. Estaba aterrada. En casa nada estaba bien y por lo mismo no quería que lo supieran. Mi madre me tuvo sólo un poco más joven que yo. Por eso mismo, entre otras cosas, no tenía más opciones.

Después de saberlo Juan y yo fuimos a buscar al médico una tarde en la avenida Venezuela, dentro de un edificio antiguo que parecía caerse a pedazos. Nos cobraría cien dólares y debía operarme lo antes posible. Era martes y me hizo una cita para el viernes. Pasamos esos días casi sin vernos a la cara. Cuando él me tocaba la panza, que aun no crecía, yo le retiraba la mano y con la otra me secaba la cara porque lloraba y después secaba la suya. ¿Y si lo intentamos? No, respondía seca y hasta brusca. No lo quería. Estábamos en la universidad, en segundo año, y todo debía seguir de la misma manera. Eso era muy claro para mí. Pero después otra cosa empezó a asustarme aun más. ¿Y si muero? ¿Si las cosas salen mal y muero? ¿Juan iría preso? ¿Mi familia lo sabría? Por qué debía ocurrir de esa manera? ¿Por qué optar por mí debía ser ilegal? Cometí un error y necesitaba solucionarlo. En mi cuerpo estaba gestándose algo que cambiaría mi vida y me negaba a eso. Tenía derecho. ¿Por qué entonces, maldición, mi gobierno -elegido también por mí-, podía decidir sobre mí, anulándome? Después de pelear, le gritaba con rabia a Juan que todos eran una sarta de hipócritas y me iba tirando la puerta, buscando caminar por horas, habiendo perdido el rumbo y dándome cuenta que dentro de mí había algo que podría convertirse en una persona y que me aterraba no ser suficiente para ambos. Tenía tanto miedo como rabia. Finalmente, estaba decidiendo por mí. Me sentía atrapada por la legalidad y sus laberintos, por la culpa puesta como una semilla o maldición por la religión. Empecé a ver a los curas como farsantes, viviendo de millonarias donaciones, mal informando a mujeres cuyos hijos son consecuencia de sus palabras e ignorancia y que, a su vez, sirven para recibir más donaciones en un ciclo eterno que tiene de cómplice al Estado, que los apoya contradiciendo sus planes del control de la natalidad.

¿Dónde está dios cuando usan su nombre para producir niños en masa que lloran en la miseria y el abuso y son, además, consecuencia de las palabras de un religioso distante que convenció a su madre de cuidarse naturalmente o de tenerlo? La iglesia en este país ya no tiene nada que ver con la fe, es ahora un sistema político y corrupto con demasiada influencia y sin moral, dirigido por alguien que se mofa de los derechos humanos.
El Estado me quitaba una decisión que tenía que ser absolutamente mía, a pesar de que naciera de un error, incluso a pesar de que atentara contra mí. Yo sabía que en los siguientes años mi memoria quedaría detenida en un solo acto y ese acto era la operación. No me equivoqué. Me sentía presa en medio de mi propio país. Invadían mi cuerpo y me decían qué hacer y qué no hacer con él. Lo ordenaban. La coacción: la moral, la cárcel, el dolor. ¿Cómo se atreven? Era mi decisión. Me la quitaban y solo me quedaba acudir a un consultorio clandestino, con miedo a morir por una mala práctica mientras el gobierno y la iglesia seguían aprovechándose de mí al convertir una decisión dolorosa e íntima en algo ilegal y corrupto. Mi cuerpo es legal, mi aborto debe serlo también, mi dolor será algo que yo deba resolver. Y me preguntaba: qué pudieron sentir las mujeres violadas, antes, cuando no había pastilla del día siguiente. La ley condena la violación pero los gobiernos de turno condenaron a muchas mujeres también y las encerraron dentro de sus cuerpos a amar la consecuencia de un acto violento y desgraciado. Yo aborté. Yo aborté y durante años me lo repetí todos los días y a cada segundo.

Juan y yo nos dejamos un año después, al darnos cuenta de que nuestra decisión fue irreversible. Han pasado diez años y ahora quiero decirlo: yo aborté. No sé cómo hubiera sido mi vida de tener a ese niño, pero sé que tomé la mejor decisión y debió ser legal y no debí tener miedo a morir dentro de un consultorio clandestino cerca de otras mujeres asustadas. Creo en el derecho a la vida como cualquier persona, pero no en el fanatismo de conceder la facultad de ser vivo a lo que aun no llega a serlo. Abortar es algo emocionalmente muy doloroso, lo sabemos las mujeres que pasamos por eso, pero es un sacrificio que no debe ser juzgado ni por la hipocresía ni por una legalidad invasiva y tiránica. Si fue mi decisión, me juzgo yo. Lo que el médico sacó de mí, pedí verlo y cometí un error. Esa mancha –lo supe- regresaría por mi cada noche en la que apagara las luces, me haría perder muchísimas cosas, destruir también otras y pagar consecuencias terribles. Sin embargo, lo repito y lo haré a cualquier persona que me lo pregunte: Sí, yo aborté, fue mi decisión y debió ser legal."

martes, octubre 12, 2010

Traumas electorales...

La última vez que voté, si mal no recuerdo, fue el 2006. Entonces estuve trabajando un tiempo en la ONPE, donde lo mejor que saqué fue un romance que me destruyó el corazón y el bolsillo (vivía en Chosica, a 47 kilómetros de mi casa, ahora vive en Japón así que mejor al olvido). El domingo de las elecciones (me refiero al nefasto año aquel), fui a votar al mismo colegio donde voto desde que me dieron la libreta electoral (esa antigua de tres cuerpos) y me encontré con media generación del 74 haciendo cola, saludándose después de tanto tiempo, abrazándose unos a otros en una maldita fiesta de confraternidad. Las chicas del barrio ya no eran tan chicas (casi todas estaban de la mano de sus pequeños hijos) y los amigos ni hablar: ellos eran los padres. Los pocos solteros que aún quedábamos (consecuentes al fin con ese espíritu rebelde de libertad), salimos luego de votar a buscar algún lugar donde nos vendieran cerveza helada (la ley seca, esa otra prohibición democrática de épocas electorales) y recalamos en el antiguo local de la charapa que, en algún momento de nuestra juventud, se encargó de desvirgar a varios del grupo. El local ya no era más de ella, se había fugado con un policía hacía algunos años y nadie sabía de su paradero (imagino que era feliz, nadie se fuga sin amor). Es curioso, en aquel entonces yo tenía una columna diaria en un periódico local, que nadie decía leer pero que todos disfrutaban en su soledad, y cada vez que hacía alguna broma uno de mis amigos decía “claro, tal como contaste hace tres semanas en esa columna sobre…” y reían. Lo curioso era que ya nadie hablaba de política, faltaba Francescolli en esa mesa del 2006, pues a pesar de nuestras diferencias políticas (a mí eso me tenía francamente sin cuidado, al final de cuentas votemos por quien votemos igual tenemos que seguir trabajando como mulas para poder vivir al menos decentemente), siempre había un espacio para recordar viejas mataperradas, antiguos amores, partidos de fútbol perdidos, apuestas olvidadas, carnavales exagerados, el corte de pelo universitario (aunque varios pertenecen ahora a la Policía o son oficiales de la Fuerza Aérea), y los trabajos que en ese entonces realizábamos. A todos nos había tocado una época dura, en mi caso ser periodista no me aseguraba llegar a fin de mes en azul, había que buscar otras cosas en muchos lugares (pero eso es otra historia), y el que la pasó peor fue Francescolli (le llamábamos así porque idéntico al jugador de fútbol). Él estaba de amores con una de las chicas del barrio, hermosa a más no poder, con una sonrisa de coneja de playboy que muchos recordaban agitando las frazadas en sus noches solitarias (en el mejor de los casos). Y era cierto: resultó ser toda una coneja. Francescolli era un hombre de izquierda, convencido entonces de que el Perú necesitaba una revolución urgente, una rebelión de pensamientos que modificara la historia, intelectuales como él que, desde su palco de aplicado estudiante de filosofía en San Marcos, intentaba “contagiar” a los demás, colocar su granito de arena, nos decía mientras terminábamos una caja de vino barato en el Campo de Marte. Pero la coneja… ahhhh la coneja… apenas vio que su nombre no apareció en la lista de ingresantes de 1992 a la facultad de administración, sintió que la amargura se apoderaba de su vida. Francescolli ingresó, claro está, y causó tal impacto en las chicas con su sonrisa, que de pronto se convirtió en el alma de las fiestas (su plataforma estratégica, decía, cuando la gente está “alegre” ingresa mejor la información), y entonces un fin de mes (después de dos años de arduo estudio y proselitismo filosófico para él) la coneja desapareció del barrio. Y al mes siguiente Francescolli desapareció de la universidad. Para siempre. El tiempo pasó, el gobierno cambió, nuevamente hubieron elecciones, y este fin de semana de elecciones municipales encontré a Francescolli con la coneja haciendo cola en el mismo colegio donde voto desde hace una pila de años. Quiero creer que no me reconocieron (bueno, en ese entonces yo usaba el cabello largo hasta los hombros y era más delgado y guapo, ahora… bueno, ahora ya qué importa), pero me llamó sobremanera ver a la entrada del local de votación a 6 niños sentados en una banca. Claro eso no tiene nada de raro, pero cuando tres de ellos son idénticos entre sí y los otros tres también entonces ya te pones a pensar en lo cruel que es la vida: los tres primeros era idénticos a Francescolli, y las tres siguientes… ya se pueden imaginar. Y entonces comprendí.
Detesto las elecciones porque siempre en la cola uno se encuentra con su pasado (lejano o cercano) y la izquierda o la derecha pasan a un sétimo plano (sobre todo si tu amigo es el de los 6 hijos) y ves a tu generación (o parte de ella) consumida por la realidad, aplastada por el descuido o el exceso de amor, o tal vez porque en algunos casos es tremendamente cruel. Yo voté, nervioso ante semejante imagen, hundí el dedo en la tinta indeleble con tanta fuerza (los nervios impactados) que me salpiqué hasta la muñeca. Salí y en lugar de coger el auto me fui a pie a casa, pensando seriamente en la vasectomía y en que a lo mejor Francescolli (o lo que queda de él) no votó por la izquierda que tanto admiraba, sino por el pastor evangélico que tal vez lo podía acercar a Dios, claro, mientras los seis engendros subían al station wagon amarillo, con la acabada coneja en el asiento del copiloto, y él desaparecía raudo en la esquina, no vaya a ser que alguien parara su taxi…
Hasta las próximas elecciones.

miércoles, septiembre 29, 2010

Estampas de un viernes muy lejos de casa

Estaba caminando el viernes con A en la carretera mientras esperábamos que aparezca un taxi o alguna moto o ghost rider, lo que fuera, cuando nos dimos cuenta que, viéndolo bien, entre los arrozales y las palmeras que crecían en perfectas hileras delimitando los sembríos de arroz, sólo faltaba un helicóptero y hubiéramos estado en una escena de Vietnam. Reímos y descendimos a la chacra. Suele pasar que la locura es contagiosa, sobre todo en estos casos, en que uno está lejos de casa y se permite ciertas licencias, en fin, creo que lo digo sólo para justificar algunas cosas. Saqué el móvil y puse la única canción que he podido grabar en todo este tiempo: Paint in black. Fue (es) inolvidable. No sé cómo fuimos a dar a un lugar donde se reunían decenas de campesinos tallanes bajo los algarrobos a beber chicha, A estaba demasiado alegre y yo estaba demasiado preocupado cuidándola. Cuando me di cuenta ya había comprado un poto de calabaza y una galonera de chicha de jora, que nos duró toda la tarde al borde de la piscina. A veces me pregunto si tanta alegría y felicidad esconde alguna tristeza, si es verdad que existe un equilibrio para todo, y entonces sucedió. Recordé a S, mi único amor, a miles de kilómetros de distancia tal vez en la misma mesa donde X me dijo que lo nuestro era imposible y que tenía que irse a su casa. Recuerdo eso con dolor y pena, porque retorné a Madrid más triste de lo que pensaba, y cuando llegué a Lima descubrí una carpeta en mi pc donde guardaba sus fotos. Ah… X, si supieras cuánto te quise… fuiste tal vez la única razón para no recordar de Barcelona más que tu sonrisa ya sin braquets y una tarde caminando por la playa. Te extraño mucho, extraño tu voz, tu facilidad para reír y el calor de tus manos (que solo tuve un par de veces entre las mías). Ahora, mientras escribo estas líneas, te pienso. S me esperaba en el terminal de buses con esa inmensa sonrisa y un beso dispuesto a regresarme a tierra. Estaba linda. No sé por qué recuerdo eso ahora, tal vez es este paisaje árido, el desierto esconde mucha tristeza. Ayer leí un par de cuentos nuevos en un colegio, un niño se me acercó a preguntarme si yo había escrito esa historia. Le dije que sí, me dijo que le recordaba a una historia que su abuelo le había contado. Me quedé con esa idea en la cabeza y ahora confundo esa emoción con los recuerdos, debe ser la resaca de la chicha. Estuve bailando con A en la piscina, me encanta A, me obliga a escribir más de lo que debo y a leer más de lo que quiero. Estuvimos leyendo las cartas que Wilde le escribió al miserable de Bossi, tremendas cartas, pobre Óscar, la debe haber pasado terrible, y yo sigo acá con la resaca, intentando darle sentido y orden a esta página. Acabamos de llegar a Sullana, el carro es un horno, espero a que A baje para irnos a comer un ceviche. Definitivamente estoy cansado de tanta fiesta. Te extraño, S. deberías estar tú acá conmigo.

viernes, septiembre 10, 2010

Mensaje cifrado

Ya falta poco, y pasearemos de nuevo por la Rambla... y luego por la playa...

miércoles, septiembre 01, 2010

Rafo Ráez y los Paranoias en La Casa de la Literatura

"Define el mal, exprime el bien, y esto lo hace enloquecer". Tronador es, quizá, una de las primeras canciones de rock nacional que memoricé completa a mediados de los noventa. Claro, este es el mejor disco de Rafo Ráez, pero la razón era otra: mi novia de entonces era fanática de Rafo y yo era un fanático de ella y entonces seguíamos al susodicho que, junto a Mino Mele y Pancho Müller tocaban en cuanto pub y bar Barranquino, Miraflorino o del Centro de Lima (memorable cuando tocó en El Averno y salimos en medio de una lluvia de sillas a seguir bebiendo a la Plaza Francia) tenían espacio. Eran buenos tiempos, claro, éramos jóvenes, hermosos y rebeldes (habían rebeldes rosas, también, pero rebeldes al fin) y no importaba el mañana (¿acaso importa ahora?).

Estas últimas semanas Rafo ha estado presentando el espectáculo “Un viaje musical por la literatura peruana”, en el auditorio de la Casa de la Literatura Peruana (Jr. Ancash 207, Lima, Antigua Estación de Desamparados). Si se lo perdieron (por andar resaqueados o con la ociosidad de estar despatarrados en el sillón viendo una peli de Chuck Norris), este domingo 5 de setiembre es la ÚLTIMA FUNCIÓN (que además se realiza a pedido del público pues oficialmente ya debía haber terminado, pero lo bueno merece repetirse). ¿La hora? 5:30 p.m. muy recomendable sobre todo si recordamos que Rafo Ráez y los Paranoias presentan poemas musicalizados de Carlos Oquendo de Amat, César Vallejo, Estela Luna y Luis Hernández, así como las canciones del disco “Pez de fango”, que fueron compuestas por el siempre recordado poeta José Watanabe, exclusivamente para este disco.

Ha sido muy bacán encontrar este video, así que lo comparto con quien quiera verlo (y oírlo) en una entrega del desaparecido programa de Rock (y extremadamente necesario hoy por hoy) Disco Club, de canal 7 (el del Estado). A ver si en lugar de la porquería esa de "Por humor al arte" (que embrutece en lugar de aportar siquiera una sonrisa), se lo piensan un poco y reponen el imprescindible Disco Club. Bueno... vale la pena soñar, yo subo el volumen y separo mi domingo para la Casa de la Literatura... y de ahí al Cordano. Nos vemos.

lunes, agosto 23, 2010

En los extramuros de las letras

Poeta Oscar Limache, leyendo a Romualdo. Puerto de Cerro Azul
Foto: Jonathan Timaná

Ubicado al sur de Lima, Cañete es el escenario ideal para un evento que se viene realizando desde hace tres años gracias a la labor de Erick Sarmiento y el apoyo de la Municipalidad de Cañete: el Festival Extramuros del Mundo, que reúne a un grupo de jóvenes y experimentados poetas y narradores, quienes durante un fin de semana leen para el público, comparten experiencias, conversan con los lectores asistentes a la plaza (es una actividad abierta y eso es lo más interesante) y alumnos de los centros educativos. Este fin de semana no fue la excepción, y a pesar del frío (mucho menor que en Lima, por cierto) todo salió bien. Me gustan mucho los festivales sobre letras, uno siempre termina reencontrándose con amigos lejanos, retoma proyectos olvidados, nacen nuevas ideas y el descanso y la conversa terminan por consolidar aquellas que sólo revoloteaban sin sentido en la cabeza. Tarde de narrativa y noche de poesía con las nuevas voces (algunas quedarán, otras sólo están de paso, inevitablemente) y la exposición fotográfica de Galia Gálvez (interesante retrospectiva sobre su experiencia como periodista gráfica). La muestra de cómic e ilustraciones de Walter Toscano llamó la atención de los asistentes.
Pero detrás de todos estos eventos también hay cosas interesantes (al menos para los que asistimos como ponentes o moderadores o invitados): sonrisas, diversión, conversaciones interminables, camaradería, retornar a eso que el trajín del tiempo y la edad nos arrebata: la oportunidad de estar con los amigos y leer (como hacía mucho tiempo) un poco de buena poesía en la playa (en este caso) para conectarse con el mar.
Caminando por el muelle de Cerro Azul con Alexis Iparraguirre y Oscar Limache (ambos no visitaban el puerto desde hacía más de diez años) fuimos testigos del gran cambio que ha operado en el puerto: desde el derruido final del muelle, carcomido por la sal y el tiempo, ahora se lucen las nuevas barandas y bancas de parque que recibían a una pareja de enamorados que se abrazan no sé si por amor o porque la brisa llega helada desde los farallones. Tarde nublada de domingo donde la poesía llega con cada ola (y no intento ser poético, es simplemente la verdad: el mar, de alguna forma, llega a hipnotizar los sentidos, a embriagarnos con el vaivén de cada onda) y de pronto Oscar busca entre sus cosas (estamos casi llegando al borde del muelle) encuentra un libro (Alexis busca con la mirada los murciélagos que, según dicen, se esconden a lo lejos en los farallones) y empieza a leer con esa voz que hace que las poquísimas personas que yacen apostadas en las barandas mirando el mar, paren la oreja y se sientan parte de unos versos:

A la orilla del mar(*)
Alejandro Romualdo

A la orilla del mar, como a la orilla de tus ojos,

he tendido las redes,
para ti, mi amor.
Durante largas noches de sol y sombra, mientras
el mar giraba, yo cosí las redes
pensando en ti, mi amor.

Hoy, con las primeras luces,
me despertó tu canto,

tu canto de amor.

Temblando fui a la orilla para verte
palpitando en las redes.
Sólo encontré un pez rojo: mi corazón.

Qué solo me encuentro, amor, qué solo me encuentro,
a la orilla del mar, como a la orilla del amor.


Claro, después de un poema de este calibre uno se queda pegado al mar, al splash que inunda los oídos con cada reventazón, a cada movimiento que las olas producen desde siempre. Apoyando en una de las barandas, recordé la primera vez que estuve en Cerro Azul mirando ese mismo mar pero en un muelle derruido: abrazaba a S y le decía cuánto la quería (aún ahora la quiero, tal vez más que antes), y armábamos barquitos de papel que se perdían entre la espuma… La voz de Oscar leyendo un nuevo texto me sacó del ensimismamiento, pero esa emoción revivida en aquel instante aun la llevo dentro. Son cosas que, como “daños colaterales”, nos traen estos festivales dedicados a las letras (un esfuerzo de organización que hay que resaltar), una oportunidad para el reencuentro de tantos amigos, estos encuentros que siempre son inolvidables... hasta el próximo año.

(*)Cuarto mundo (1972)
En: Poesía íntegra (1986)
Lima: Viva Voz, 1986, p. 190

viernes, agosto 20, 2010

Y de pronto... siniestro total

Recuerdo que anoche, mientras discutía con un amigo sobre la evolución, degeneración e involución de algunos géneros musicales (invadidos por la cumbia hasta el hartazgo, el regaetton, la salsa cubana y toda esa basura tan de moda) , alguien soltó (imagino que por casualidad) esta canción. Fue como un baldazo de agua fría. Es cierto que si bien cada quien tiene sus gustos, es verdad también que las modas musicales las imponen a la fuerza las emisoras radiales o los casi inexistentes programas de música en tele (y el único que hay en señal abierta es francamente abominable), y que de tanto viajar en combi uno termina reconociendo cuanta canción suena en los programas concurso (lo cual por cierto confirma las teorías de mensajes subliminales que eran la delicia de los conspiradores en los 70´s). En fin, que la canción entró con fuerza para remover centenares de recuerdos ochenteros. Entonces nos quedamos mudos, buscamos a las chicas y nos fuimos a bailar, a saltar agitando los cabellos, a cantar hasta quedarnos roncos... como cuando teníamos 14 años...

viernes, agosto 13, 2010

Cambio de piel (SOBRE ESTE BLOG)

Desde hace cinco años vengo administrando este blog que, francamente, empezó como la ilusión de un ejercicio literario de disciplina y se convirtió, con el tiempo, en una carga pesada que "había que..." administrar; en lugar de ser placentero y divertido se fue convirtiendo con los meses en una responsabilidad, en una obligación que no disfrutaba. Nunca he sido pegado a una sola materia. Me explico: me interesa tanto la literatura como la biología, los nuevos descubrimientos arqueológicos o el último éxito de AC/DC. Supongo que se debe a mi formación universitaria de científico social (eso espero). Y no soy de leer todos los días noticias sobre escritores porque, la verdad, me cansan sus éxitos mientras yo lucho por conseguir el mío, que no me jodan; y ya hay buenos blogs dedicados a eso y con más esmero y calidad que este blog. Prefiero entonces leer a Iván Thays en su nuevo Moleskine (que no me gusta mucho, la verdad, no se puede opinar y tampoco se puede regresar al post anterior) o a mi compadre Ruiz Ortega con su Fortaleza de la soledad y con eso me basta para tener el panorama claro. Entonces ¿para qué insistir en un blog "literario"? Administro además el blog de Casatomada, que sí es literario y tiene cosas bastante interesantes. Entonces, me preguntaba ¿para qué insistir? He decidido cambiar la dirección de este blog que, en realidad, se ha convertido en una bitácora de anotaciones al margen, cosas que me resultan interesantes y que encuentro en el camino.
Así que, como sé que algunas personas leen este blog (cosa que agradezco sinceramente) van estas líneas. Desde ahora escribiré sobre lo que me guste de este mundo (que son muchas cosas más allá de la literatura, muchas más) y mientras espero a que regresen aquellos días por fin dedicados a escribir, a mirar por la ventana y caminar pensando simplemente en historias, escribiré más relajado, sin pretensión alguna. Tal vez bajen mis lectores (o se vayan los pocos que tengo), pero al menos seré sincero conmigo mismo. Tengo una carga menos sobre mis hombros, y era una bastante pesada. Ahora escribiré más y, espero, mejor.
Soy un hereje de la literatura (y de muchas cosas más, detesto los encasillamientos); claro, las letras no son mi religión, jamás lo han sido. Escribir es mi vida. Y la literatura viene a mí, porque esa es la forma en que la vida aparece: viene a ti, como siempre.
Hasta entonces.

martes, agosto 03, 2010

The Beatles - Across The Universe

Salvo el patín que sale al final del video, la idea es pajita, por eso la comparto (además de la canción, que es estupenda).

miércoles, julio 28, 2010

¡Feliz día Perú!

Hoy miércoles 28 de julio, se celebra en el Perú nuestro aniversario patrio. Más allá de los problemas que nos aquejan (que son muchos, francamente -baste recordar las anuales víctimas del friaje en Puno -) este es un día de reunión familiar, de mesa con cervezas y alegría, de comentar el mensaje presidencial (oír quejas siempre, somos un pueblo que nunca está contento pero que jode desde la ventana: con los años hemos ido perdiendo esa capacidad de salir a las calles a reclamar lo justo, cárcel para los corruptos, etc, nos quejamos en el taxi, en kioskos de periódicos, en la cola para el pan en la panadería, pero luego retomamos el camino a nuestro destino, medio adormecidos), es día de valses en la radio, de escarapelas en el pecho, de ver el desfile militar por tele, bla bla bla. Con todo eso, a pesar de todo (de nuestra estupenda cocina, nuestros grandes escritores, nuestros mejores poetas, nuestros grandes músicos, nuestros ejemplos de emprendimiento, nuestros seres queridos en el extranjero -todos en el Perú tenemos a alguien que vive afuera...) siempre queda una razón, un fuerte sentimiento de arraigo, una emoción que se despierta, de saberse parte de una nación que aprende de sus caídas (bueno, un buen porcentaje, el resto sigue en la misma vaina), un pueblo que ha demostrado que en las desgracias se une para despertar esa hermandad innata, esa solidaridad que es ya un símbolo de nuestra piel, de nuestra multiculturalidad.
Desde acá entonces, vaya un saludo para todos aquellos que, donde quiera que estén, sientan al Perú en su corazón. Hoy me desperté más peruano que nunca, porque a pesar de no tener "grati" en el sueldo, (como dice el vals) qué importa: tengo a mi familia junta, y eso paga TODO. Los dejo con un poema del poeta Marco Martos, tremendos versos que, seguro hoy, muchos compartirán.

No es este tu país
Porque conozcas sus linderos,
Ni por el idioma común,
Ni por los nombres
De los muertos.
Es este tu país,
porque si tuvieras que hacerlo,
Lo elegirías de nuevo
Para construir aquí
Todos tus sueños.

¡Felices Fiestas Patrias!
Y como es de rigor: un valsecito para el almuerzo:
 

domingo, julio 25, 2010

Mensaje cifrado (G&G)

-Sabes qué? algo raro me sucede cuando me alejo de ti -dijo él -de pronto me duele la barriga, se me aprieta el pecho, cambio el dial en el carro...
-Debes ser diabético -dijo ella, indiferente.
-No lo soy, me encanta el dulce.
-Entonces debes estar loco.
-Por qué eres tan fría?
-Estoy muerta, igual que tú.
-Yo no estoy muerto, siento que te quiero.
-Estamos los dos muertos, siento frío en las venas.
-Si sientes algo es que estás viva.
-Entonces por qué seguimos dentro de estos ataudes.
-Yo no los llamaría así.
-¿Qué son entonces?
-Nuestras camas de amantes.
-Encima de andar muerto eres un tremendo cojudo.
-Tienes razón, debo serlo para querer a alguien tan vulgar como tú.
-Ahora eres fino, encima maricón.
-Olvida todo, olvida todo, nunca dije nada.
-Así será mejor.
Ella cerró los ojos. Miró en sentido opuesto. Empezó a llorar. Él miró en sentido opuesto, cerró los ojos, empezó a llorar. Levantó su camisa y se frotó el pecho, algo latía dentro. "No estoy muerto", pensó.
Ella levantó su polera, buscó su corazón con dedos temblorosos. Sintió miedo. No tenía corazón.
Él empezó a silbar una canción, ella reconoció la melodía, canción antigua, triste, empezó a llorar y quiso abrazarlo. Pero él ya no estaba, su amor lo había podrido todo.


A lo lejos, en alguna radio, sonaba la canción...

martes, julio 13, 2010

Anybody Seen My Baby

Y pensar que cuando salió, hace 13 años (hoy es trece, además y todavía), esta canción tuvo el mismo efecto hipnótico en mí. Aún sigo atrapado en la melodía, terminando desesperadamente de leer el tercer tomo de Millenium, de Stieg Larsson. Larga vida a los Stones.

martes, julio 06, 2010

En Guayaquil (hasta nuevo aviso)

Salir de casa un martes por la mañana en medio del frío espantoso y la humedad, abordar el taxi que te aleja en medio del smog y el desayuno apurado, el aeropuerto como un hormiguero donde todos salen y entran, hacen colas, se saludan, se despiden, hacen más colas, corren para encontrar la sala de embarque (el Jorge Chávez es un chiste comparado con el aeropuerto de Nueva York), entregas el pasaporte, subes, te sientas, miras por la ventanilla y respiras tranquilo: por fin estar un tiempo lejos de todo. Por fin. Y entonces el avión aterriza, no fueron más de 2 horas, se abre la puerta y... calor. Guayaquil es una de esas ciudades donde el calor determina el humor de la gente (así como el carácter alegre de los Colombianos de Cali o Armenia, siempre con la gracia en los labios, por nombrar algún ejemplo), y ahí nomás la ExpoFeria del Libro, llena de amigos escritores y editores que a uno lo ponen a conversar ni bien pisas el ingreso. Serán días intensos, lo sé, presentaremos un par de libros, habrá un conversatorio, y de seguro (y con suerte) pasearemos a medianoche por el malecón (dicen que es de lo mejor). Por lo pronto (y ya más tranquilo) podré intentar escribir algo, los amigos se encargarán del resto. Hasta pronto entonces, ya estaba harto de Lima, la horrible. Es hora de tentar un nuevo espacio. Y alejarse del frío.
PD: Encontré un texto más que interesante mientras leía algo de José De Piérola, les paso un fragmento y si gustan leer más: click en el enlace.

Los ortodoxos del Lápiz Rojo
Resulta curioso que la paradoja de hablar por escrito nos parezca tan natural. Quizá se deba a que resulta intuitivo reconocer que el diálogo en la narración goza de un status diferente del diálogo en la vida real. Sin embargo, hay algunos escritores que se agobian demasiado en su intento de «capturar» la realidad, sin darse cuenta de que el diálogo en ficción es una creación artificial que sólo puede crear el «efecto de realidad» del que habla Barthes. También mediante el diálogo, el narrador le da la palabra a un personaje, propiciando, cuando hay varias voces, la heteroglosia de la que habla Bajtin. Una rápida lectura de cualquier grupo de libros de ficción revela rápidamente que el diálogo es: 1. Una versión condensada de la realidad; 2. Sugiere más que «representa» la realidad; y 3. Sirve para un fin ulterior al de darle la voz a un personaje.
Para complicar las cosas, las convenciones de la presentación escrita del diálogo son variadas, cambiantes, y dependen de la cultura en que se imprima. De modo que en inglés, por ejemplo, se usan las comillas para «citar» el habla de un personaje. En español se usa el guión largo o raya. Y en el francés se usan indistintamente comillas o guiones largos. Esta variedad revela, entre otras cosas, que la representación del diálogo es enteramente convencional, aunque hay, por supuesto, aquellos que desearían imponer a rajatabla una sola forma de representar el diálogo en la ficción.
En español, la convención moderna de usar el guión largo es una invención relativamente reciente. Lo descubrí cuando trabajaba en mi primera novela. Como necesitaba múltiples niveles de diálogo recurrí a varias fuentes. Ninguno de los señores que ofrecía reglas rígidas para la representación del diálogo me pudo dar una solución que fuera satisfactoria, no sólo desde el punto de vista de la diferenciación del personaje que habla, sino también en la presentación estética del texto. Me negaba a que mi novela pareciera un programa de computadora. Como en otros aspectos técnicos, la respuesta me la dio un viejo maestro. Estaba un día revisando libros en la biblioteca de la universidad cuando me topé con una edición facsimilar del Quijote de 1605. Después de abrir una página al azar, caí en el Capítulo III, que, como recordarán, narra el episodio en que don Quijote le pide a un ventero que lo ordene caballero. El capítulo empieza:... SEGUIR LEYENDO AQUÍ

martes, junio 29, 2010

Mensaje cifrado (fin del feriado largo)

Esta mañana en la peluquería, mientras el marica se ocupaba en encontrar las leyes que rigen mi peinado, me di cuenta de que ya no era joven. Ese espejo no podía mentir. Ojeras verdaderamente siniestras. Mi expresión me asustó. Los 35 años cumplidos no hace poco están allí, innegables. Época de madurez. Y sin embargo, sin espejos, me siento aún inmaduro. Pienso que estoy justamente a la mitad de mi vida. Tal vez esto sea sólo una coartada de mi subconsciencia, una defensa ante el sentimiento envolvente del fracaso. ¿Cuándo escribiré un gran libro? Antes decía: a los 30 años. Ahora pienso que tal vez mi salvación esté en la década de los cuarenta. Si en ella no me realizo como escritor -al menos como eso, pues en los demás terrenos no tengo esperanzas- creo sinceramente que me pegaré un tiro.

...a veces la vida debería ser como en un video (¿no, Nadija?)

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sábado, junio 19, 2010

Para no olvidar (jamás)

Y ahora que, tras la liberación sistemática de terroristas por un poder judicial francamente despreciable e inepto, regresan las tomas de facultad en la Universidad de San Marcos... no olvidemos cuánto nos costó como nación recuperar la paz. Es hora de empezar a recordar.

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lunes, junio 14, 2010

Miseria (s)

Ya cruzó los 40 años, le gustan los escritores (buenos y/o malos, ella solo cree que los colecciona), compra sus libros compulsivamente y quiere dictarles el final de la siguiente novela, de la siguiente historia, les propone la mejor trama de sus vidas, el éxito perfecto, el final soñado. Su vida sentimental (la de ella) ha sido un fracaso, por eso se desquita con quienes lo hacen feliz, les vende mentiras, intenta confundirlos. Envía mensajes anónimos a diestra y siniestra, se hace pasar por hombre, por man, por mujer, por la abanderada de la verdad, intenta manipular sin suerte con sus mensajes, intenta desestabilizar a quienes quieren salvar a la víctima. Atrapa al escritor por fin, lo ata a la cama, lo ha recogido luego de un severo accidente (metáfora o no es parte de su locura, de su bipolaridad), ella sólo quiere tener por fin algo importante en su vida, ser parte de algo grande, ser parte de algo tan sólo. Su conocimiento se basa en lo que encuentra en la biblioteca británica o en cosas que lee al paso, frases célebres, tal vez el crucigrama, pero se sabe todo lo referente a su escritor favorito y trata de aislarlo para, una vez en soledad, intentar devorarlo, plantearle un ambiente “idóneo” para que escriba “la gran obra”, le compra papel, coloca la máquina de escribir delante suyo, le da sopa caliente en cucharadas humeantes para revitalizarlo, ya se olvidó del daño, ella solo quiere ser parte de esa historia. Cuando por fin el escritor sana, coge fuerzas y está listo para irse, para largarse de una vez de aquella mirada desquiciada, la ve venir con una maza y con toda su amargura ella le quiebra las piernas.

No quiere dejarlo ir, él aún no termina su gran novela. El papel sigue amontonado en la mesa, él le ofrece un trato, dos tratos, tres tratos, pero ella solo quiere intentar dominar el mundo del escritor, manipularlo, enloquecerlo, desquiciarlo, abatirlo, a él y a su entorno. Alguien va en búsqueda del escritor pues los indicios apuntan a que ella es la responsable de todo, pero al entrar a la casa ella lo asesina. Así como va asesinándose a sí misma con cada negativa, con cada acto, con cada mensaje, con cada palabra, con su propia imagen. La asalta de pronto la risa desquiciada, sus pupilas se dilatan, cree que tiene todo bajo control, el mundo se convierte en un torbellino, el escritor ya no está en la cama maniatado, ha cogido la escopeta, ella le dice la verdad, a él ya no le importa nada. Le apunta a la cabeza y le descerraja un tiro. Tremendo guión el de Stephen King y William Goldman, tremenda también la actuación de James Caan y Kathy Bates (Oscar y Globo de Oro a la mejor actriz en 1991). Muy recomendable, sobre todo en tiempos de entusiastas anónimos y stockers desenfrenad@s.
Compren canchita...

domingo, junio 13, 2010

Argentina y el mundial 2010 (cuándo, Perú, cuándo.... un lunes cualquiera...)

Gael García Bernal y el empate México - Sudáfrica

Arrancó el mundial con el partido entre México y Sudáfrica, y fue como el presagio de lo que ha sido este fin de semana: empates y partidos aburridos (salvo el Estados Unidos - Inglaterra o el casi intenso Serbia - Ghana). En fin, recién empieza y uno se despierta temprano (desde las 6 de la mañana estamos enchufados al mundial), esperamos se ponga mejor con cada fecha. Gael García Bernal, el actor mexicano que interpretó a un futbolista en busca de un sueño en la divertida "Rudo & Cursi", comparte en el blog de Letras Libres un interesante el enfoque sobre la relación entre talento y locura. Espero lo disfruten, ya empieza el Alemania - Australia.

El último de los locos y su mundial con tambor
 
Ahora que el mundial comenzó todo es mucho más claro. Me atrevo a decirlo con la autoridad que a todo aficionado se le confiere; se me hace que tengo una clave, una revelación, para saber qué es lo que le hace falta a México para ganar en el mundial.
Creo firmemente que el mundial es para los jugadores que están completamente locos. Son ellos los que ven en siete partidos la posibilidad de traer la copa a casa, de traer el futbol a casa, de tener los ojos del mundo puestos en su corral mientras se pavonean. Creo que el fútbol se rige por una interpretación personal, que se transmite por una delicada onda a todos los compañeros de equipo para que después, en la re interpretación, ésta sea mucho mas compleja y virtuosa esperando que desemboque en un triunfo. Los “locos” son los que poseen ésta interpretación. No importa la posición en la que jueguen, a veces es un lateral o un portero, o a veces están en la banca. Estos “locos” (pobre locura, está tan despreciada en nuestra sociedad) son los que traen aquello a lo que los comentaristas deportivos se refieren cuando describen a un jugador con personalidad, carácter, talento, contundencia, genialidad. Todos estos adjetivos son, con respecto al futbol, consecuencia de la “locura” de determinado jugador. A la locura en un jugador también le añadiría las siguientes consecuencias: son desmadrosos, polémicos, frikis, pachangueros, irreverentes, magnéticos, y sintomáticamente muy divertidos. Menciono unos ejemplos claros: Maradona (Dios loco) Ronaldinho (Hedonista Loco) Pelé (Rey Loco) Cruyff (Crazy Flying Dutchman) Stoichkov (Búlgaro) Hagi (El Niño Loco de los Cárpatos) Valderrama (en el cabello escondía tremenda locura) y podría mencionar a cualquier miembro de la selección Brasileña desde Garrincha (hablando de grandes miembros según el mito) hasta nuestros días. En el entorno mexicano ha habido varios pero no demasiados, por ejemplo: Hugo Sánchez, Aguinaga, Jorge Campos, Brailovsky, Tena, Cardozo, y finalmente Cuauhtemoc –el último de los Locos.
En México el desarrollo deportivo –aquel que se inculca en las escuelas a todos los niveles– tiende inmediatamente a amansar la locura. Se plantea hacer deporte como para alejarte del mal y ser un muchacho o muchacha ejemplar, que no dice groserías y de paso si se puede que se persigne cada vez que entra a la cancha. No digo que eso esté mal o bien, pero acá estamos hablando del Mundial, de este torneo internacional de futbol que en castellano resumimos en una palabra: Mundial . Unos de los aprendizajes primerizos del deporte puede ser adentrarte en el “canon del éxito”: “ojo con que se te suba cuando te va bien” –lo mas arbitrario que existe, pues cualquier cosa puede ser medida por ese juicio de valor que comúnmente se da en la gente que no puede acompañar y disfrutar el éxito del que ganó. “Hay que aprender de las derrotas”: obvio, pero jamás te dicen que hay que aprender del éxito, que es cuando más complejo, constructivo y sutil suele ser el aprendizaje. “Hay que ser humildes”: la mayoría de la gente que mejor cae es humilde, sean exitosos o no, pero en el deporte la humildad no te da bonos intercambiables para obtener los del triunfo. ¿Cuántos no recordamos la cara de aquel presumido que nos ganaba siempre? Por cierto, a mi parecer, Maradona es increíblemente humilde, porque se entrega generosamente a la pasión desbordada del futbol, haciéndolo mucho mas humano y entrañable que Pelé, por ejemplo.

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sábado, junio 12, 2010

Soundtrack de Ciudad de M

Canción de campamento... ahhhh aquellos felices años noventas... creo que volveré a la universidad a alguna Maestría, tal vez aquí o allá pero volver. Todos a cantar y a descorchar un vino (como cuando vimos la película ¿recuerdas?).
PD: a los anónimos que comentan que posteo tonteras: cambien de blog, acá posteo lo que me da la reverenda gana. Vean el mundial y buen fin de semana. (Al Qaeda ha amenazado con explotar el estadio durante el partido EE.UU - Inglaterra).

domingo, mayo 30, 2010

El enigma de los gemelos de Mengele


Una de las historias más extrañas relacionadas con el infame Josef Mengele, el médico de Auschwitz conocido como el Ángel de la Muerte, es la del pueblo de los gemelos. En la pequeña localidad brasileña de Cândido Gódoi (Rio Grande do Sul) se da una de las tasas de gemelos más alta del mundo -uno de cada cinco partos-. Muchos son rubios y de ojos azules, y ello se ha vinculado a la supuesta presencia de Mengele en la zona tras su huida de Alemania al finalizar la II Guerra Mundial.
El médico se hizo tristemente famoso en Auschwitz precisamente por sus inhumanos y retorcidos experimentos con gemelos y se ha creído que de alguna manera continuó con sus investigaciones en Sudamérica y que estas dieron fruto. Un documental, Los gemelos de Mengele, que National Geographic (Digital + 61) emite este el domingo (21.00), pone fin a la especulación y esclarece definitivamente esta extraña historia digna de Los niños del Brasil, de Ira Levin, a través de una minuciosa y apasionante investigación a caballo entre lo científico y lo policial. De paso, nos asoma a la vida y la terrible carrera del escurridizo criminal nazi, uno de los más perseguidos de la ralea parda escapada al cono sur.
Mengele (Günzburg, 1911) era un brillante retoño de la alta burguesía bávara del que no cabía esperar las vilezas que perpetró. Incluso leía a Balzac. Es cierto que su tesis de doctorado en antropología en la universidad de Múnich versó sobre Las diferencias raciales en la estructura de la mandíbula inferior: todo un indicio de por dónde iban sus intereses. En 1933 se enroló en las SA y en 1938 en las SS. En 1942 y siendo teniente médico de la división de las Waffen SS Viking ganó la Cruz de Hierro en el frente ruso al rescatar a la tripulación de un carro de combate en llamas. Llegó a Auschwitz, el lugar que iba a quedar terriblemente unido a su nombre, en 1943 para realizar investigación médica con cobayas humanos, sobre todo lisiados, enanos y gemelos. Le obsesionó especialmente desentrañar el secreto para crear nacimientos múltiples (a fin de aumentar la raza aria). El campo de exterminio le ofrecía un laboratorio ilimitado y sin ninguna cortapisa ética, con la posibilidad, por ejemplo, de observar la muerte simultánea de gemelos y de, a continuación, diseccionarlos en paralelo.


Mengele, un narcisista vanidoso y maníaco al que le molestaba ser bajito (una razón más para calzarse las lustrosas botas de montar típicas de los SS), se dedicó obsesivamente a su investigación. Eso cuando no estaba de servicio en el andén cuando llegaban los transportes de presos decidiendo quiénes vivirían, quiénes irían a las cámaras de gas y quiénes se someterían a sus experimentos. En enero de 1945, ante el avance de los rusos, el médico abandonó Auschwitz llevándose sus archivos. En 1949 llegó a Buenos Aires y comenzaron sus misteriosos movimientos.
El documental recoge el testimonio del historiador Jorge Camarasa, el principal defensor de la teoría de que Mengele y sus fantasías raciales causaron la proliferación de gemelos en Cândido Gódoi. Diferentes testigos recuerdan los rumores del paso del infernal médico por la zona y su atención a mujeres embarazadas, a las que habría recetado extrañas pócimas e inyectado sustancias. Algunos gemelos del pueblo, comprensiblemente mosqueados, expresan a la cámara su desagrado porque se los considere resultado de la manipulación de un criminal nazi.
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lunes, mayo 17, 2010

Lunes otra vez




Hace algunos días presenté la novela de un gran amigo. Fue un momento interesante porque de pura casualidad coincidimos, además, con un tercero que de un tiempo a esta parte no ha hecho más que refugiarse tras el teclado y escribir un par de estupendas novelas breves, leer mucho de metafísica y llegar a la conclusión de que la cultura es un complot de los grupos de poder contra la humanidad (o algo así entendí; todo es culpa de Dan Brown y Gonzalo Málaga). Nos quedamos un par de horas en el bar, conversando de cosas que pasaron hace años, de la vez que estuvimos caminando en el desierto, imaginando cosas y renegando por haber perdido los pasajes de regreso a Lima, de cuando escribimos cuentos cargados de violencia y pensamos en hacer pasar a un vago que dormía en la entrada de la universidad como el autor (crear un escritor, era el proyecto, como la película de Pierre o las iniquidades). Mucha locura. Recordando, por ejemplo, todas las veces que habíamos intentado escribir una novela a tres manos y que habíamos fallado en el intento. De las veces que nos reunimos para editar una revista de literatura que a las justas llegó al segundo y doloroso número, de todas las veces que nos juramos que definitivamente seríamos escritores. Salí aquella noche pensando en todas las cosas que nos habían pasado, y que el tiempo, es cierto, distancia a la gente y une a otras. Yo he pensado mucho este fin de semana en toda la gente que he querido, que he perdido, que me ha querido, que me ha perdido, que aparece y desaparece, personas al fin, que dejan siempre algo grato en el corazón de uno. Tal vez se deba, esto lo escribo ahora con toda conciencia, a que una vez más nos prometimos aquella noche escribir una novela a tres manos, pero esta vez ya no sobre La Biblia del Diablo (como en aquel entonces) sino sobre algo que ya conocemos bien: la amistad y el amor (y todo lo contrario también). Sé que nunca lo haremos, la vida y su cotidianeidad nos gana siempre para el lado menos amable, pero sé, ahora lo sé, que cada vez que nos veamos (siempre habrá una próxima vez), nos quejaremos de nuevo por no haberlo hecho nunca, nos reiremos mucho, recordaremos cosas y volveremos a jurarnos, en el fragor de la noche, en terminar alguna vez ese pendiente. Play a la canción y a empezar la semana (porque siempre habrá una luz encendida para todos).  

martes, mayo 11, 2010

Antonio Moretti y la teoría del escándalo (literario).

Roberto Bolaño, autor de "Nocturno de Chile", "Los detectives salvajes"...

Hace unos días posteé en mi facebook el video de una entrevista que le hacen a Roberto Bolaño, autor (para quienes no lo saben) de esa tremenda novela titulada “Los detectives salvajes”. La leyenda de dicho post remarcaba una frase lapidaria del mismo Bolaño: “Escribir es un oficio bastante miserable, practicado por gente que cree que es un oficio magnífico”. Luego añade: “…y muchos de esos canallas creen además que son buenos escritores”. La reacción fue inmediata (y muy interesante): Carlos Calderón Fajardo (autor de culto, prolífico y de cuyo talento no hay duda alguna) comenta que Bolaño era un escritor bastante miserable como persona, que aprovechó cuanta entrevista tuvo para lanzar mierda con ventilador contra autores como Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Nélida Piñón, etc; amén de otros autores de su generación, narradores y poetas, y eso lo convertía, por cierto, en un miserable que escribía bien. Agrega además que ese tipo de miserables abunda en la literatura de todos los países y el Perú no era la excepción. Alguien entonces le exigió que diera los nombres de esos miserables (cuándo no, los pirómanos de balcón), pero Carlos no pisó el palito. Metí mi cuchara diciendo algo que, me parece, justifica en cierta forma la actitud de Bolaño (tal vez me equivoque): y es que esperó (y aprovechó) su cumbre literaria para vengarse de todos aquellos que no le reconocieron el lugar que merecía (realmente) como escritor en su momento. El escándalo que provocó entonces (según la teoría de Moretti), ayudó a agigantar esa imagen de escritor maldito y brillante, odiado por el stablishment pero adorado por los lectores, como ocurrió (y ocurre) con centenares de escritores en todo el mundo (de la mancha de los “despeinados”, como dice Thays en uno de sus posts). Lo cierto es que el escándalo siempre ha llamado la atención, pero el punto central durante el largo café de anoche con el escritor Antonio Moretti, era si el escándalo “elaborado” era igual de efectivo que el escándalo “espontáneo”. Moretti toma como ejemplo el caso de la “novia” de Jaime Bayli (no recuerdo su nombre ni el de su novela), comentando que si bien el escándalo mediático agitó la pobre escena local durante semanas, durante la presentación (lleno total en el local de Crisol) vendió apenas 25 ejemplares (con Bayli presente). Si el libro hubiera sido bueno (no es su caso, lamentablemente) entonces habría funcionado todo el andamiaje armado en torno a la chica, su juventud, el libro, su romance y demás.

Charles Bukowski divirtiéndose de lo lindo

Escándalo. A la gente le gusta el escándalo, que los anarquistas sean los otros, observar desde su balcón cómo los demás hacen lo que ellos sólo sueñan con hacer. Los odian, pero a la vez los admiran. No quieren saber de la obra solamente, también quieren saber cuánto se emborracharon, qué escándalo provocaron, cuánta droga consumen, a quién se la compran, con quienes se acostaron, qué maldades hicieron y cosas por el estilo. Supongo que a ese escándalo se refiere Moretti con su teoría. Le menciono el famoso escándalo de Bukowski en el set televisivo del programa francés L´apostrophe, donde tuvieron que sacarlo a empellones luego de emborracharse “en tiempo real” (como se dice ahora). O del escándalo que provocó cierta poeta al entrar a un bar con uno de sus generosos senos al aire (todos le compramos el libro). Y luego los comentarios bajo la mesa, esos que quieren ver “más allá de lo evidente”. Y se escriben libros sobre los escándalos que provocan los escritores, porque la gente, el consumidor, “necesita” satisfacer su morbo. Bukowski, en un artículo titulado “Un viejo borracho al que se le acabó la suerte”, describe sobre Papa Hemingway, (libro de A. Hotchner, editado por Bantam Books), esta situación a la perfección:

Si no los hay, pronto habrá más libros sobre acerca debajo dentro y fuera de Hemingway de los que había –hay –sobre D.H. Lawrence. Ciertos hombres estimulan la curiosidad de escándalo de la muchedumbre, sin que a la mayor parte de la muchedumbre le importe lo que creó el hombre, sólo lo que hizo, cómo lo hizo, con pelo en el pecho, la oreja cortada por una puta, suicidio desde la popa de un barco yendo a parar contra la hélice, homosexual; importa una mierda qué crearon, la muchedumbre quiere mirarles los pelos del culo, el lecho sexual, el botiquín, la ropa sucia. Es una muchedumbre carroñera e inane pero es una muchedumbre capaz de COMPRAR estas cosas, como yo mismo he comprado una, esta edición de Bantam. Y antes que nada, claro, miras las fotos. Y, sí, claro, el viejo no tenía buena pinta. ¿Eso es lo que ocurre cuando escribes libros así? Bien podría haber sido el propietario de una casa de empeños. Material del bueno para los chicos del escándalo. Sobre todo esos que no pueden escribir una mierda y necesitan un amortiguador, un apoyo, una excusa. Míralos: bajando las escaleras del coliseo romano en Nimes, 1949. Hemingway parece un rabino artrítico y Mary una corista que se hubiera quedado ciega. Pero hay fotos peores, en abundancia para los buitres. Vamos a entrar en la historia, la biografía…

Ernest Hemingway, meses antes de dispararse un escopetazo en la boca

Sí pues, Moretti, el escándalo vende, tienes razón, pero el escándalo sincero, ese que sale (nace) de las entrañas (como encontrarte con Antonio Cisneros dando tumbos entre los bosques de neón recitando a Kavafis), y no el escándalo armado, impostado, milimétricamente planeado (con causas, efectos y repechajes) de tantos escritores que conocemos, esos que empiezan con el chisme de cafetín, con la mala onda del bar, esos que te inventan accidentes y borracheras y pasadas de vuelta, esos que nunca te leen pero que siempre están pendientes de lo que haces porque tal vez es más interesante. Esos que no tienen los cojones para decirte nada en la cara y cuyo mayor acto de “desprecio” es eliminarte del Messenger o sacarte de su facebook para seguir alimentando tu (su) vida paralela, la del escritor maldito (cosa que ya no existe en estos tiempos). Es curioso, de pronto me dieron ganas de escribir sobre las borracheras de mis amigos escritores, esos que terminaron en el hospital Loayza con intoxicación alcohólica, o ese par que estaba tomando en el centro y al despertar estaban en La Oroya, o sobre aquellos que armaron la famosa mega orgía en la casa de un poeta, o ese que aún recibe transfusiones de sangre para arrancarle el último gramo de droga del cuerpo, o aquella historia de…

Tal vez entonces venda (n) más ejemplares.

sábado, marzo 13, 2010

Crazy Heart

A todos los locos que alguna vez erraron el camino, a todos los que en el camino nos encontramos. A todos los que jamas dejamos de ser locos, seguro les gustarà.

jueves, marzo 11, 2010

Novedades del Salon del Libro de Luxemburgo

El dia de hoy en el suplemento"Kulturissimo" de Luxemburgo salio una nota sobre la presencia peruana en el 27 Festival Internacional del Libro de Luxemburgo (que empata con el de Paris) donde se destaca la labor realizada por el Comite de Liaison des Associations DEtrangeres, y presenta a los escritores participantes: Sergio Galarza, Sheila Alvarado, Gonzalo Casusol y este blogger, en mesas sobre  literatura peruana, arte y procesos editoriales. Notable la labor de Noemi Salas, Paca Rimbaud, Jean Phillipe y todo el equipo que ha montado un evento tan importante y que desde al anio pasado (con autores como Teresa Ruiz Rosas y Juan Jose Sandoval) empezo a abrir un nuevo espacio para las letras y el arte sudamericano. click en la imagen para quienes quieran leerlo. Saludos!

miércoles, marzo 10, 2010

Un año sin Thorndike

Conoci a Guillermo Thorndike casi de casualidad (es mas, nunca pense que lo conoceria alguna vez). Me enseño un par de cosas muy importantes en la vida: tener un corazon blindado para soportar los embates de todos aquellos que siempre critican (siempre anonimos, siempre oscuros, siempre jodiendo), y a reir  a viva voz a pesar de estar con la mierda hasta el cuello. Lo admire muchas veces, incluso cuando carajeaba en la redaccion de un canal de television porque equivoquè el apellido del ministro de salud: le puse Cesar Vallejo cuando era Carlos, o Mario o que se yo (...es el poeta de la salud, pues, Guillermo...). A un año de su muerte, siempre se le extraña, esa risa socarrona rebotando en la redaccion, su consejo de siempre: escribe, camaleon, no importa lo que digan los demas: tu solo escribe, solo escribe.
Me entere de su muerte de la manera mas terrible: despertè y encendi la radio. Me quedè de una pieza. Un infarto. Ahora que veo la foto que le tomo el chino dominguez, me rio con el, como cuando lo entrevistamos en vivo en un bar de miraflores llamado "El sindicato" y revivimos la historia, su historia, desde su ingreso a San Marcos hasta su ultima publicacion (que bestia para escribir tanto y tan bien), pasando por la famosa foto donde sale con una metralleta en la mano cuando lo de la huelga de la policia. Una vida llena de emociones y de vivencias que ya quisiera uno escribir. Grande, Guillermo. Te extrañamos mucho. Gracias por tu amistad, por preocuparte por nosotros cuando era necesario, por sobrevivir a tanta puñalada gratuita, por enseñarnos a ser periodistas, por los consejos precisos, por la paciencia, por la experiencia, por todo. Acabo de recibir un texto de Manuel Cadenas (amigo y complice en tantas noches de redacciones y literatura) y lo posteo integro pues me parece mas que acertado. Este teclado no tiene tildes, parece que en esta parte de europa como que se han olvidado, pero ahi le damos.

Guillermo Thorndike, el ojo de la memoria
Es el tiempo un decantador asombroso, un facilitador de lo importante, un domesticador de aquellas pasiones que nos alejan de las verdades fundamentales. Es el tiempo un enemigo benéfico, que nos roba y nos devuelve, que nos ultraja y nos consuela. El tiempo, un ogro perverso que nos ahoga a fuerza de hacernos sabios y estrangula nuestras emociones para rescatarnos de la displicencia, para aprender del dolor. Vamos desapareciendo con el tiempo, hundiéndonos en su materia como dóciles corderos, pero a la vez, surgimos de la nada nuevamente para permanecer más allá del tiempo en la dimensión del espíritu.

Es lo que necesitamos creer y sostener. De eso y de mucho más hablábamos con Guillermo al filo de la medianoche, en redacciones inhóspitas como campos de concentración para una redención que nunca llegó. Lo aguijoneaba el tiempo también, le hacía ver sus dientes cariados. Ahora que ha pasado un año, medida del cronos que anuncia una rueda de doce rayos interminables, veo a Guillermo con otros ojos, se despeja el tumulto de las emociones, el rencor contra los imbéciles rapiñas, se abren paso las imágenes puras de la conciencia y la memoria con que aquellos días compartidos en madrugadas de cierres difíciles matábamos la noche argumentando contra el paso de las horas, los días y los meses.

Guillermo Thorndike fue un testigo del Perú y del tiempo. Un testigo acucioso, cuya brillante vehemencia periodística cedió paso lentamente a una sabiduría cultivada con los ojos puestos en el horizonte de otros siglos. Amó la historia por todo lo que había en ella de aleccionador. Por eso, trabajó arduamente para reconstruir con palabras lo que un día fue carne, hueso, sangre, materia de un aquí y un ahora irrepetible, por si quizás así conseguíamos hallar una explicación, responder las grandes preguntas, enfrentarnos al espejo. Yo lo vi inmerso en esa magnífica tarea autoimpuesta, para la que no contaba sino consigo mismo y con su Charo.

Volvía de la historia cada día no sin cierto dolor, lo hería la luz de un presente prosaico, hecho de seres ínfimos, ingratos, banales. Por eso tal vez prefería instalarse en el futuro, mirar detrás del crepúsculo atisbando los días venideros. Allá, en esa dimensión por inventarse, Guillermo transitaba con soltura y recogía los frutos de su antojo. Viejo zorro, le daba carne a los cuervos de circulación nacional sólo para poder internarse de nuevo en su instancia sin relojes donde Grau y Montero, Prado y los Gálvez, Balta y Pardo, aguardaban sin apuros su curiosidad de muerto próximo, su hambre y su sed de explicaciones.

Por eso reía Guillermo de los gendarmes de una moral dudosa y no perdía horas valiosas en contestar nunca ningún agravio. Alguna vez él mismo preguntó a Luis Alberto Sánchez lo que yo me atrevía a reclamarle: ¿por qué nunca responde todas las cosas de que lo acusan? Y me respondió con sus palabras: “Si me hubiera dedicado a responder a mis enemigos, no habría tenido tiempo de escribir todo lo que he escrito”.

Seguirá pasando el tiempo ante nuestros ojos y nosotros por él. Doce meses y otros doce, y así sucesivamente. Y entonces, se despejarán todavía más las brumas que velan por ahora la imagen justa y exacta de un hombre que abrió amplios caminos para entender, en verdad, de qué sustancia estamos hechos los peruanos. Ojo de la memoria colectiva, Guillermo Thorndike, quedan sus libros maravillosos para quienes no lo conocieron, su pasión por nuestra historia reciente y lejana, por Grau como hilo conductor de una peruanidad que no terminaba de cuajarse, por los héroes de arriba y de abajo, por la poesía y por la amistad que supo cultivar en el corazón de quienes lo conocimos y quisimos.