miércoles, septiembre 29, 2010

Estampas de un viernes muy lejos de casa

Estaba caminando el viernes con A en la carretera mientras esperábamos que aparezca un taxi o alguna moto o ghost rider, lo que fuera, cuando nos dimos cuenta que, viéndolo bien, entre los arrozales y las palmeras que crecían en perfectas hileras delimitando los sembríos de arroz, sólo faltaba un helicóptero y hubiéramos estado en una escena de Vietnam. Reímos y descendimos a la chacra. Suele pasar que la locura es contagiosa, sobre todo en estos casos, en que uno está lejos de casa y se permite ciertas licencias, en fin, creo que lo digo sólo para justificar algunas cosas. Saqué el móvil y puse la única canción que he podido grabar en todo este tiempo: Paint in black. Fue (es) inolvidable. No sé cómo fuimos a dar a un lugar donde se reunían decenas de campesinos tallanes bajo los algarrobos a beber chicha, A estaba demasiado alegre y yo estaba demasiado preocupado cuidándola. Cuando me di cuenta ya había comprado un poto de calabaza y una galonera de chicha de jora, que nos duró toda la tarde al borde de la piscina. A veces me pregunto si tanta alegría y felicidad esconde alguna tristeza, si es verdad que existe un equilibrio para todo, y entonces sucedió. Recordé a S, mi único amor, a miles de kilómetros de distancia tal vez en la misma mesa donde X me dijo que lo nuestro era imposible y que tenía que irse a su casa. Recuerdo eso con dolor y pena, porque retorné a Madrid más triste de lo que pensaba, y cuando llegué a Lima descubrí una carpeta en mi pc donde guardaba sus fotos. Ah… X, si supieras cuánto te quise… fuiste tal vez la única razón para no recordar de Barcelona más que tu sonrisa ya sin braquets y una tarde caminando por la playa. Te extraño mucho, extraño tu voz, tu facilidad para reír y el calor de tus manos (que solo tuve un par de veces entre las mías). Ahora, mientras escribo estas líneas, te pienso. S me esperaba en el terminal de buses con esa inmensa sonrisa y un beso dispuesto a regresarme a tierra. Estaba linda. No sé por qué recuerdo eso ahora, tal vez es este paisaje árido, el desierto esconde mucha tristeza. Ayer leí un par de cuentos nuevos en un colegio, un niño se me acercó a preguntarme si yo había escrito esa historia. Le dije que sí, me dijo que le recordaba a una historia que su abuelo le había contado. Me quedé con esa idea en la cabeza y ahora confundo esa emoción con los recuerdos, debe ser la resaca de la chicha. Estuve bailando con A en la piscina, me encanta A, me obliga a escribir más de lo que debo y a leer más de lo que quiero. Estuvimos leyendo las cartas que Wilde le escribió al miserable de Bossi, tremendas cartas, pobre Óscar, la debe haber pasado terrible, y yo sigo acá con la resaca, intentando darle sentido y orden a esta página. Acabamos de llegar a Sullana, el carro es un horno, espero a que A baje para irnos a comer un ceviche. Definitivamente estoy cansado de tanta fiesta. Te extraño, S. deberías estar tú acá conmigo.

viernes, septiembre 10, 2010

Mensaje cifrado

Ya falta poco, y pasearemos de nuevo por la Rambla... y luego por la playa...

miércoles, septiembre 01, 2010

Rafo Ráez y los Paranoias en La Casa de la Literatura

"Define el mal, exprime el bien, y esto lo hace enloquecer". Tronador es, quizá, una de las primeras canciones de rock nacional que memoricé completa a mediados de los noventa. Claro, este es el mejor disco de Rafo Ráez, pero la razón era otra: mi novia de entonces era fanática de Rafo y yo era un fanático de ella y entonces seguíamos al susodicho que, junto a Mino Mele y Pancho Müller tocaban en cuanto pub y bar Barranquino, Miraflorino o del Centro de Lima (memorable cuando tocó en El Averno y salimos en medio de una lluvia de sillas a seguir bebiendo a la Plaza Francia) tenían espacio. Eran buenos tiempos, claro, éramos jóvenes, hermosos y rebeldes (habían rebeldes rosas, también, pero rebeldes al fin) y no importaba el mañana (¿acaso importa ahora?).

Estas últimas semanas Rafo ha estado presentando el espectáculo “Un viaje musical por la literatura peruana”, en el auditorio de la Casa de la Literatura Peruana (Jr. Ancash 207, Lima, Antigua Estación de Desamparados). Si se lo perdieron (por andar resaqueados o con la ociosidad de estar despatarrados en el sillón viendo una peli de Chuck Norris), este domingo 5 de setiembre es la ÚLTIMA FUNCIÓN (que además se realiza a pedido del público pues oficialmente ya debía haber terminado, pero lo bueno merece repetirse). ¿La hora? 5:30 p.m. muy recomendable sobre todo si recordamos que Rafo Ráez y los Paranoias presentan poemas musicalizados de Carlos Oquendo de Amat, César Vallejo, Estela Luna y Luis Hernández, así como las canciones del disco “Pez de fango”, que fueron compuestas por el siempre recordado poeta José Watanabe, exclusivamente para este disco.

Ha sido muy bacán encontrar este video, así que lo comparto con quien quiera verlo (y oírlo) en una entrega del desaparecido programa de Rock (y extremadamente necesario hoy por hoy) Disco Club, de canal 7 (el del Estado). A ver si en lugar de la porquería esa de "Por humor al arte" (que embrutece en lugar de aportar siquiera una sonrisa), se lo piensan un poco y reponen el imprescindible Disco Club. Bueno... vale la pena soñar, yo subo el volumen y separo mi domingo para la Casa de la Literatura... y de ahí al Cordano. Nos vemos.