martes, febrero 22, 2011

UNDERWOOD, la nueva descarga musical de Alejandro Susti

UNDERWOOD es el título del nuevo álbum de Alejandro Susti—quinto en su carrera solista—. El título del disco rememora los “Poemas Underwood” incluidos en la novela vanguardista La casa de cartón de Martín Adán de donde Susti extrae algunas imágenes para la canción principal de esta producción. A través de sus 15 tracks, UNDERWOOD recoge el poder y volumen de Kaoscopio (2005) fusionándolos con la sutileza y riqueza melódica de su Islas (2008). De esta forma, en UNDERWOOD se dan encuentro la fuerza y la ironía de temas potentes como “Máquina hambrienta”, “Zkizoide”, “Caparazón” o “Artefacto” y la plasticidad y sutileza de canciones como la propia “Underwood”, la casi mística “Las bancas del cielo”, la confesional “Tentempié” o la ligera y lúdica “Salvavidas”. En la parte musical, Susti trabaja nuevamente junto a Daniel Willis (D´mente común), músico también incluido en sus trabajos anteriores, repartiéndose con él los créditos en los arreglos e instrumentos. Willis aporta, una vez más, su talento como productor y músico (guitarras, bajos, programaciones) unido a la presencia de la guitarra, el teclado y la voz de Susti.
En sus letras UNDERWOOD contrasta irónicamente el culto al cuerpo y a las apariencias de nuestra época (“Y si quieres morirte de pena/Hacerte un lifting, subirte las tetas/Hacer ejercicios, montar bicicleta/Tomar vitaminas, volverte un atleta/Sembrarte de pelo, jalarte las nalgas/Volarte los sesos con una pistola/Morirte de espaldas al mundo y al cielo”) [“Zkizoide”], así como los gustos convencionales (“Es tan fácil conformarse con copiar/Es tan fácil nunca ser original/Sonríe mi amor/Yo quiero ser siempre ser feliz/Es tan fácil una imagen vale más/Es tan fácil todo está bajo control”) [“Morir hoy”]. El disco también presenta una visión más alentadora del futuro: “Es mejor si lo descubres/Es mejor salir a flote/Cada movimiento cuesta/Mucho más que sumergirse” [“Salvavidas”]; “Yo sé habrá un día en que/El sol será de todos y/Tal vez/Estaré por aquí” [“Sé”].
De esta manera, UNDERWOOD sintetiza lo mejor de la carrera de Susti, tanto musical como temáticamente. El músico sigue fiel a lo que considera esencial: una identidad musical más allá de los clichés que encasillan la creatividad. UNDERWOOD es una muestra del esfuerzo y talento de los músicos peruanos en el difícil camino hacia el reconocimiento masivo. La última palabra, una vez más, queda ahora en manos de la audiencia.

Y para que vayan disfrutando de algunas canciones, acá el enlace (subir el volumen) CLICK AQUÍ

martes, febrero 15, 2011

¡¡¡Los saicos en Lima!!!

Se viene uno de los eventos más esperados por toda la escena rockera del país. Uno de esos momentos que quedarán grabados en la historia está a punto de realizarse. Apunten bien: sábado 19 de febrero en el Cine Teatro Julieta a las 8pm se realizará el estreno del documental Saicomanía y existe la gran posibilidad de que los salvajes protagonistas suban al escenario a estallar toda su brutalidad.
Una noche como esta es imperdible. Por un lado se estrenará este documental que durante más de 2 años ha recogido testimonios de grandes figuras como John Holmstrom (director y fundador derevista Punk), Don Letts, Iggy Pop y varias sorpresas más. La historia de esta leyenda urbana que nación en el barrio de Lince y logró inspirar a toda una escena con su ritmo a lo bestia, con rabia pura y brutal, a lo peruano será reconstruida en imágenes.
Como si fuera poco, el evento contará con la presentación de dos bandas que irán apareciendo tal como en los años 60’s se hizo en las matinales y, si todo sale bien, el sueño de todos se hará realidad con Los Saicos nuevamente sobre un escenario peruano desatando toda la brutalidad que demostraron en su fugaz historia de dos años.
Las entradas estarán a la venta a partir del miércoles 9 de febrero, todos los días entre las 7pm y las 9pm, en el Cine Teatro Julieta (Porta 132, Miraflores) a solo 20 soles. Los asientos no serán numerados y todos los tickets garatizan la participación en un sorteo de albums y memorabilia autografiada por Los Saicos.

El horario será el siguiente:
•Puertas abren: 8pm
•Presentación: 8.30pm
•Primera banda: 8.50pm
•Proyección del documental: 9.30pm
•Segunda banda: 10.45pm
•Cierre: 11.30pm

¡¡¡¡IMPERDIBLE!!!!

sábado, febrero 12, 2011

Crónica de una degradación

La condena de 35 años de prisión al traidor a la patria, técnico de la Fuerza Aérea Peruana, Víctor Ariza, tuvo su desenlace con la degradación efectiva ejecutada el martes pasado en una sesión estrictamente castrense. Y aunque muchos pidieron la pena de muerte, el código militar indica que sólo se aplicará esta pena en caso de encontrarse el país en situación de guerra. Desde 1979 no se había degradado a ningún traidor a la patria (claro, a nivel castrense, porque si hablamos de traidores a la patria deberíamos empezar por los todos los congresistas corruptos que a lo largo de este quinquenio se han vivido al país rascándose las pelotas, negociando lobbies o cobrando sin trabajar ni producir). Estremecedora la crónica presentada por Ángel Páez para el diario La República:

‘Usted ingresó por la puerta grande, y se va expulsado por la puerta falsa’

“Te llegó la hora, Ariza”, le dijo el oficial a cargo de la seguridad del establecimiento penal de la base de Punta Lobos, en el kilómetro 59 de la Panamericana Sur.
“No he sido notificado por el tribunal militar. ¿Qué van a hacer conmigo?”, preguntó el técnico Víctor Ariza Mendoza. Eran las 5 y 30 de la mañana del martes ocho de febrero. El día estaba fresco, calmo, bello, pero Ariza sospechaba por qué lo sacaban de la celda.
“Tienes que ponerte tu uniforme de reglamento. Hoy, en cumplimiento de la sentencia, te degradan”, le respondió el oficial.
“Pero, ni yo, ni mi abogada, ni mi familia ha sido informada”, replicó Ariza, a quien el Tribunal Supremo condenó el 28 de diciembre a 35 años de cárcel por el delito de traición a la patria.
“Yo solo cumplo órdenes, técnico. Vístase que estamos sobre la hora. Si usted se resiste, la orden es que lo traslade de grado o fuerza. ¿Usted lo comprende?”, contestó, secamente, el oficial. Ariza es el único preso en Punta Lobos. Haberlo confinado allí tiene su simbolismo.
En ese lugar, en 1979, el suboficial FAP Julio Vargas Garayar fue fusilado después de haber sido sorprendido espiando para Chile. Ariza lo sabe. El recuerdo, inevitablemente, le encoge el corazón, especialmente de noche, cuando solo se escucha cómo el viento marino golpea las paredes del presidio.

La más alta pena
El acusado de espionaje a favor de Chile llegó exactamente para el inicio del acto de degradación programado, secretamente, a las 8 y 30 de la mañana. Ariza, hasta el último, protestó.
“No he sido notificado. Exijo la presencia de mi abogada”, expresó. Estaba mortificado, pero también asustado. Lo ubicaron en el centro del patio de honor de la Escuela de Suboficiales de la FAP (Esofap). El Alto Mando de la institución, encabezado por el comandante general FAP Carlos Samamé Quiñones, estaba presente, además de todos los alumnos de la escuela y una partida de efectivos encargados de ejecutar la sentencia. La bandera nacional ondeaba, flamígera, altiva, como presidiéndolo todo. Entonces, el juez permanente de la FAP, comandante FAP Fernando Rivera Baca, dio lectura a la sentencia.
Se le impone al técnico inspector Víctor Ariza Mendoza por el delito de traición a la patria en tiempo de paz 35 años de pena privativa de libertad, la misma que vencerá el 29 de octubre del 2044, y se le fija la suma de un millón de soles como concepto de reparación civil. Además, se le expulsa de los institutos armados, lo que conlleva la degradación”, dijo con voz alta y metálica el comandante Rivera, el mismo que durante el proceso interrogó a Ariza.
El acusado sentía vértigo. Buscaba evadirse de la situación. Estaba conmocionado. Encajaba cada palabra del juez militar como un puñetazo en la boca del estómago. Y faltaba lo peor.
“¡Técnico superior FAP Víctor Ariza Mendoza, sois indigno de llevar las armas!”, exclamó, gritando, el juez castrense. La poderosa y marcial voz retumba en Las Palmas: “¡En nombre de la justicia y de la Nación, os degrado!”.
En ese momento, el efectivo de menor graduación, quien había sido entrenado para despojar al acusado de espionaje, se ubicó al frente de Ariza para proceder al episodio más humillante. Pero, antes de proceder, soltó un denigrante discurso.
“¡Técnico Ariza, usted ha sido condenado por traidor a la patria! ¡Usted es una vergüenza para la institución! ¡Usted que ingresó por la puerta grande, hoy se va expulsado por la puerta falsa! ¡Usted es indigno de llevar el uniforme y las insignias de la FAP!”, increpó con energía y cierta rabia el suboficial.
 
Humillación a voz en cuello
Ariza no movió un músculo. Pero después le diría a su esposa, María Flores Castro, y a su abogada, Raquel Díaz Gastelú, que en un momento pensó que lo dañarían físicamente. “Jamás había sentido tanta humillación, fue innecesaria”, relataría el condenado. Lo vieron tan mal que el juez militar le ofreció asistencia psicológica. Ariza se negó.
“¡Eres un traidor y no mereces estar aquí! ¡Por eso eres expulsado de la institución, porque eres indigno!”, chilló el suboficial.
“Haga lo que tenga que hacer”, repuso Ariza, en un intento por apurar el acto.
Entonces un efectivo arrancó el redoble de tambor para que el efectivo de menor graduación de todos los presentes arrancara todos los símbolos militares que portaba el uniforme azul de Ariza. El acusado intentaba mantener la compostura. Cerró los ojos.
Pero era inevitable sustraerse. El redoble del tambor lo devolvía al centro de la humillación. Primero le arrancó y lanzó el quepis al suelo. Luego despojó las alas doradas clavadas en el corazón. Siguieron los galones en las mangas. A continuación volaron las insignias en las solapas. Y los diez botones dorados rodaron por el patio ,donde hacía 26 años se había graduado Víctor Ariza en medio de los honores. Terminada la torturante faena, como si no hubiera sido suficiente todo lo anterior, el que dirigía el acto dio la orden y todos los presentes, absolutamente todos, le dieron la espalda al degradado Víctor Ariza.

Otra vez


Han pasado casi dos meses desde que posteé algo en el blog. Y aunque me había prometido definitivamente cerrarlo, hoy desperté con las ganas de volver a escribir y compartir con los lectores algunas de las cosas que se me ocurren y/o suceden en este país de las maravillas que es el Perú. Y además de eso, últimamente me andan asaltando sueños demasiado surrealistas (desde ovnis que surcan el cielo a mitad de la noche, una voz que me despierta diciéndome: te quedan 36 meses –y no sé de qué-, y hasta uno donde un gato intentaba tragar mi mano en medio de una panadería mientras mis amigos compraban cerveza), por lo que creo que si no los escribo o busco expiarlos a través de la escritura, terminaré definitivamente orate. Así que acá me tienen, otra vez, intentando reinventar el blog, otra vez, prometiéndome que ahora sí, lo juro, escribiré más y más seguido, otra vez, y que aprovecharé la coyuntura que vive mi país, el Perú, para comentar algunas cosas con mayor extensión de lo que me permite el adictivo facebook, que sí pienso cerrar de una vez y para siempre (otra vez).
Con todo, hoy sábado tuve la última clase con mis alumnos del taller de narrativa infantil, un taller para pequeños escritores que, para ser honesto, son los verdaderos culpables de que hayan vuelto a mí esas ganas virulentas por escribir y postear, luego de responder a infinidad de preguntas sobre por qué escribir y para qué (la curiosidad de los niños es increíble). Y es que, además de eso, han sido días bastantes extraños los que han transcurrido las últimas semanas, y tal vez se deba a la densa neblina marina en la que amanece envuelta mi barrio, o tal vez a que mi vida se ha ido transformado, lentamente, en la de un adulto completo que aún se mantiene renuente a abandonar al niño que lleva dentro. No lo sé. Tal vez sea la sonrisa de XYZ las últimas mañanas, y esas ganas de salir antes del desayuno a caminar por el malecón hasta la playa. El misterio de los cambios, que le dicen. Intenté hacer un balance de lo que fue mi año que pasó, pero resultó bastante extenso y por momentos doloroso, exasperante algunas veces y gratamente feliz desde que XYZ apareció en mi vida. Entonces, y como nada es para siempre, espero que me duren estas ganas, otra vez, de escribir más y de seguir viviendo y bebiendo de esta vida que, a cada año, parece transcurrir no solo a mayor velocidad, sino con menos tiempo para encontrarse con uno mismo, e intentar ser feliz. Otra vez.