Noche de perros (avance de un cuento en proceso)

Fue imposible, los primeros dos meses, identificar a los cadáveres. La ayuda que Europa brindó fue inútil; era demasiado para cualquier brigadista experto, caminar sobre millones de cuerpos que al agravio del sol, se pudrían ante la vista del mundo entero. Tres meses después, millones de personas lanzaron el llanto hacia la luna. Aquella noche, mientras mi madre encendía un incienso para sahumar la casa, el olor de la muerte llegó para quedarse en mi nariz, para siempre. Olor a muertos, a millones de cadáveres liberados de pronto de entre las toneladas de escombros. Entonces, con tan sólo cinco meses de nacido, abrí la boca y dije: Mamá. Sus ojos se agrandaron ante la primera palabra pronunciada (yo no lo sabía entonces) a tan temprana edad. Lo peor vino después: al asombro siguió el espanto y me soltó de sus brazos. Caí sobre la cama, rodé hasta cerca de las almohadas, sentí el temblor de los viejos resortes recorrer mi columna vertebral, provocar la misma sensación que tuve dentro del ambiente amniótico hacía tan poco tiempo, reconocer en medio de esos bruscos tumbos cierto placer en mi piel, y estirando desesperadamente las manitas dije: muerte, muerte, muerte...
Voces de personas ingresando en tropel a la habitación siguieron a ese evento. Mi madre yacía desmayada sobre el suelo, una vecina había oído sus gritos y tuvieron que tumbar la puerta con ayuda de un par de policías. Alguien trajo agua de azahar y le colocaron paños sobre su nariz y nuca. Fue el segundo olor del cual tengo memoria. Luego el alcohol.
Mi madre murió horas después en medio de gritos espantosos. Ahora, cuando recuerdo aquellos momentos siento que me odiaba por ser como soy. No me quiso cargar ni darme un beso, yo pasaba de brazo en brazo entre tanta vecina asustada, y cada recibimiento era como otro temblor, una réplica tras otra. Después del entierro me dieron en adopción a unos parientes que vivían en el campo y que jamás llegaron a quererme como hubiera querido que me quisieran, los aterraba la facilidad con que aprendía las palabras y, sobre todo, mi facilidad para interpretar los aullidos de los perros.
(continuará... espero que pronto...)
Comentarios
El privilegio de la vida..... AMAR
El don de la vida......SOÑAR
La conquista de la vida......LOGRAR OBJETIVOS
El objetivo de la vida.....DISFRUTAR
El reto de la vida......SUPERARSE A SI MISMO.
El propósito de la vida.......CAMBIAR.
La oportunidad de la vida.....ATREVERSE.
El desafío de la vida......ARRIESGAR
La aventura de la vida.....APRENDER
Saludos.
Exitos!!!
(invisiblesombra@gmail) y te sere sincero ese frangmento que quede ahí, no más. las primeras lineas y luego el bodrio siguiente, casi me deja tetraplejico. Y es que ese estilo de comercial de cerveza y helado donofrio, no va para cuento.
atte.
No soy escritor y quiesiera serlo.
Saludos,
Gabriel