domingo, mayo 30, 2010

El enigma de los gemelos de Mengele


Una de las historias más extrañas relacionadas con el infame Josef Mengele, el médico de Auschwitz conocido como el Ángel de la Muerte, es la del pueblo de los gemelos. En la pequeña localidad brasileña de Cândido Gódoi (Rio Grande do Sul) se da una de las tasas de gemelos más alta del mundo -uno de cada cinco partos-. Muchos son rubios y de ojos azules, y ello se ha vinculado a la supuesta presencia de Mengele en la zona tras su huida de Alemania al finalizar la II Guerra Mundial.
El médico se hizo tristemente famoso en Auschwitz precisamente por sus inhumanos y retorcidos experimentos con gemelos y se ha creído que de alguna manera continuó con sus investigaciones en Sudamérica y que estas dieron fruto. Un documental, Los gemelos de Mengele, que National Geographic (Digital + 61) emite este el domingo (21.00), pone fin a la especulación y esclarece definitivamente esta extraña historia digna de Los niños del Brasil, de Ira Levin, a través de una minuciosa y apasionante investigación a caballo entre lo científico y lo policial. De paso, nos asoma a la vida y la terrible carrera del escurridizo criminal nazi, uno de los más perseguidos de la ralea parda escapada al cono sur.
Mengele (Günzburg, 1911) era un brillante retoño de la alta burguesía bávara del que no cabía esperar las vilezas que perpetró. Incluso leía a Balzac. Es cierto que su tesis de doctorado en antropología en la universidad de Múnich versó sobre Las diferencias raciales en la estructura de la mandíbula inferior: todo un indicio de por dónde iban sus intereses. En 1933 se enroló en las SA y en 1938 en las SS. En 1942 y siendo teniente médico de la división de las Waffen SS Viking ganó la Cruz de Hierro en el frente ruso al rescatar a la tripulación de un carro de combate en llamas. Llegó a Auschwitz, el lugar que iba a quedar terriblemente unido a su nombre, en 1943 para realizar investigación médica con cobayas humanos, sobre todo lisiados, enanos y gemelos. Le obsesionó especialmente desentrañar el secreto para crear nacimientos múltiples (a fin de aumentar la raza aria). El campo de exterminio le ofrecía un laboratorio ilimitado y sin ninguna cortapisa ética, con la posibilidad, por ejemplo, de observar la muerte simultánea de gemelos y de, a continuación, diseccionarlos en paralelo.


Mengele, un narcisista vanidoso y maníaco al que le molestaba ser bajito (una razón más para calzarse las lustrosas botas de montar típicas de los SS), se dedicó obsesivamente a su investigación. Eso cuando no estaba de servicio en el andén cuando llegaban los transportes de presos decidiendo quiénes vivirían, quiénes irían a las cámaras de gas y quiénes se someterían a sus experimentos. En enero de 1945, ante el avance de los rusos, el médico abandonó Auschwitz llevándose sus archivos. En 1949 llegó a Buenos Aires y comenzaron sus misteriosos movimientos.
El documental recoge el testimonio del historiador Jorge Camarasa, el principal defensor de la teoría de que Mengele y sus fantasías raciales causaron la proliferación de gemelos en Cândido Gódoi. Diferentes testigos recuerdan los rumores del paso del infernal médico por la zona y su atención a mujeres embarazadas, a las que habría recetado extrañas pócimas e inyectado sustancias. Algunos gemelos del pueblo, comprensiblemente mosqueados, expresan a la cámara su desagrado porque se los considere resultado de la manipulación de un criminal nazi.
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lunes, mayo 17, 2010

Lunes otra vez




Hace algunos días presenté la novela de un gran amigo. Fue un momento interesante porque de pura casualidad coincidimos, además, con un tercero que de un tiempo a esta parte no ha hecho más que refugiarse tras el teclado y escribir un par de estupendas novelas breves, leer mucho de metafísica y llegar a la conclusión de que la cultura es un complot de los grupos de poder contra la humanidad (o algo así entendí; todo es culpa de Dan Brown y Gonzalo Málaga). Nos quedamos un par de horas en el bar, conversando de cosas que pasaron hace años, de la vez que estuvimos caminando en el desierto, imaginando cosas y renegando por haber perdido los pasajes de regreso a Lima, de cuando escribimos cuentos cargados de violencia y pensamos en hacer pasar a un vago que dormía en la entrada de la universidad como el autor (crear un escritor, era el proyecto, como la película de Pierre o las iniquidades). Mucha locura. Recordando, por ejemplo, todas las veces que habíamos intentado escribir una novela a tres manos y que habíamos fallado en el intento. De las veces que nos reunimos para editar una revista de literatura que a las justas llegó al segundo y doloroso número, de todas las veces que nos juramos que definitivamente seríamos escritores. Salí aquella noche pensando en todas las cosas que nos habían pasado, y que el tiempo, es cierto, distancia a la gente y une a otras. Yo he pensado mucho este fin de semana en toda la gente que he querido, que he perdido, que me ha querido, que me ha perdido, que aparece y desaparece, personas al fin, que dejan siempre algo grato en el corazón de uno. Tal vez se deba, esto lo escribo ahora con toda conciencia, a que una vez más nos prometimos aquella noche escribir una novela a tres manos, pero esta vez ya no sobre La Biblia del Diablo (como en aquel entonces) sino sobre algo que ya conocemos bien: la amistad y el amor (y todo lo contrario también). Sé que nunca lo haremos, la vida y su cotidianeidad nos gana siempre para el lado menos amable, pero sé, ahora lo sé, que cada vez que nos veamos (siempre habrá una próxima vez), nos quejaremos de nuevo por no haberlo hecho nunca, nos reiremos mucho, recordaremos cosas y volveremos a jurarnos, en el fragor de la noche, en terminar alguna vez ese pendiente. Play a la canción y a empezar la semana (porque siempre habrá una luz encendida para todos).  

martes, mayo 11, 2010

Antonio Moretti y la teoría del escándalo (literario).

Roberto Bolaño, autor de "Nocturno de Chile", "Los detectives salvajes"...

Hace unos días posteé en mi facebook el video de una entrevista que le hacen a Roberto Bolaño, autor (para quienes no lo saben) de esa tremenda novela titulada “Los detectives salvajes”. La leyenda de dicho post remarcaba una frase lapidaria del mismo Bolaño: “Escribir es un oficio bastante miserable, practicado por gente que cree que es un oficio magnífico”. Luego añade: “…y muchos de esos canallas creen además que son buenos escritores”. La reacción fue inmediata (y muy interesante): Carlos Calderón Fajardo (autor de culto, prolífico y de cuyo talento no hay duda alguna) comenta que Bolaño era un escritor bastante miserable como persona, que aprovechó cuanta entrevista tuvo para lanzar mierda con ventilador contra autores como Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Nélida Piñón, etc; amén de otros autores de su generación, narradores y poetas, y eso lo convertía, por cierto, en un miserable que escribía bien. Agrega además que ese tipo de miserables abunda en la literatura de todos los países y el Perú no era la excepción. Alguien entonces le exigió que diera los nombres de esos miserables (cuándo no, los pirómanos de balcón), pero Carlos no pisó el palito. Metí mi cuchara diciendo algo que, me parece, justifica en cierta forma la actitud de Bolaño (tal vez me equivoque): y es que esperó (y aprovechó) su cumbre literaria para vengarse de todos aquellos que no le reconocieron el lugar que merecía (realmente) como escritor en su momento. El escándalo que provocó entonces (según la teoría de Moretti), ayudó a agigantar esa imagen de escritor maldito y brillante, odiado por el stablishment pero adorado por los lectores, como ocurrió (y ocurre) con centenares de escritores en todo el mundo (de la mancha de los “despeinados”, como dice Thays en uno de sus posts). Lo cierto es que el escándalo siempre ha llamado la atención, pero el punto central durante el largo café de anoche con el escritor Antonio Moretti, era si el escándalo “elaborado” era igual de efectivo que el escándalo “espontáneo”. Moretti toma como ejemplo el caso de la “novia” de Jaime Bayli (no recuerdo su nombre ni el de su novela), comentando que si bien el escándalo mediático agitó la pobre escena local durante semanas, durante la presentación (lleno total en el local de Crisol) vendió apenas 25 ejemplares (con Bayli presente). Si el libro hubiera sido bueno (no es su caso, lamentablemente) entonces habría funcionado todo el andamiaje armado en torno a la chica, su juventud, el libro, su romance y demás.

Charles Bukowski divirtiéndose de lo lindo

Escándalo. A la gente le gusta el escándalo, que los anarquistas sean los otros, observar desde su balcón cómo los demás hacen lo que ellos sólo sueñan con hacer. Los odian, pero a la vez los admiran. No quieren saber de la obra solamente, también quieren saber cuánto se emborracharon, qué escándalo provocaron, cuánta droga consumen, a quién se la compran, con quienes se acostaron, qué maldades hicieron y cosas por el estilo. Supongo que a ese escándalo se refiere Moretti con su teoría. Le menciono el famoso escándalo de Bukowski en el set televisivo del programa francés L´apostrophe, donde tuvieron que sacarlo a empellones luego de emborracharse “en tiempo real” (como se dice ahora). O del escándalo que provocó cierta poeta al entrar a un bar con uno de sus generosos senos al aire (todos le compramos el libro). Y luego los comentarios bajo la mesa, esos que quieren ver “más allá de lo evidente”. Y se escriben libros sobre los escándalos que provocan los escritores, porque la gente, el consumidor, “necesita” satisfacer su morbo. Bukowski, en un artículo titulado “Un viejo borracho al que se le acabó la suerte”, describe sobre Papa Hemingway, (libro de A. Hotchner, editado por Bantam Books), esta situación a la perfección:

Si no los hay, pronto habrá más libros sobre acerca debajo dentro y fuera de Hemingway de los que había –hay –sobre D.H. Lawrence. Ciertos hombres estimulan la curiosidad de escándalo de la muchedumbre, sin que a la mayor parte de la muchedumbre le importe lo que creó el hombre, sólo lo que hizo, cómo lo hizo, con pelo en el pecho, la oreja cortada por una puta, suicidio desde la popa de un barco yendo a parar contra la hélice, homosexual; importa una mierda qué crearon, la muchedumbre quiere mirarles los pelos del culo, el lecho sexual, el botiquín, la ropa sucia. Es una muchedumbre carroñera e inane pero es una muchedumbre capaz de COMPRAR estas cosas, como yo mismo he comprado una, esta edición de Bantam. Y antes que nada, claro, miras las fotos. Y, sí, claro, el viejo no tenía buena pinta. ¿Eso es lo que ocurre cuando escribes libros así? Bien podría haber sido el propietario de una casa de empeños. Material del bueno para los chicos del escándalo. Sobre todo esos que no pueden escribir una mierda y necesitan un amortiguador, un apoyo, una excusa. Míralos: bajando las escaleras del coliseo romano en Nimes, 1949. Hemingway parece un rabino artrítico y Mary una corista que se hubiera quedado ciega. Pero hay fotos peores, en abundancia para los buitres. Vamos a entrar en la historia, la biografía…

Ernest Hemingway, meses antes de dispararse un escopetazo en la boca

Sí pues, Moretti, el escándalo vende, tienes razón, pero el escándalo sincero, ese que sale (nace) de las entrañas (como encontrarte con Antonio Cisneros dando tumbos entre los bosques de neón recitando a Kavafis), y no el escándalo armado, impostado, milimétricamente planeado (con causas, efectos y repechajes) de tantos escritores que conocemos, esos que empiezan con el chisme de cafetín, con la mala onda del bar, esos que te inventan accidentes y borracheras y pasadas de vuelta, esos que nunca te leen pero que siempre están pendientes de lo que haces porque tal vez es más interesante. Esos que no tienen los cojones para decirte nada en la cara y cuyo mayor acto de “desprecio” es eliminarte del Messenger o sacarte de su facebook para seguir alimentando tu (su) vida paralela, la del escritor maldito (cosa que ya no existe en estos tiempos). Es curioso, de pronto me dieron ganas de escribir sobre las borracheras de mis amigos escritores, esos que terminaron en el hospital Loayza con intoxicación alcohólica, o ese par que estaba tomando en el centro y al despertar estaban en La Oroya, o sobre aquellos que armaron la famosa mega orgía en la casa de un poeta, o ese que aún recibe transfusiones de sangre para arrancarle el último gramo de droga del cuerpo, o aquella historia de…

Tal vez entonces venda (n) más ejemplares.