miércoles, septiembre 30, 2015

ENTREVISTA: Ernesto Carlín: "El periodismo cultural debería dejar de mirar sólo Lima"

Escritor y Editor del diario El Peruano, Ernesto Carlín (Foto: Lima Gris)

Ernesto Carlín (Lima, 1974) periodista cultural y editor en Diario El Peruano, es autor de uno de los libros que más me gustó en su momento: “Falso al amanecer”, una radiografía de la Lima nocturna y excesiva en aquellos años 90 en los que lo que menos importaba era el mañana. Pero Carlín ha entregado otros títulos, “Lima Subte”, “Takashi. Historias robadas”, entre otras; todas ellas ambientadas en la ciudad y sus conos, en la búsqueda de una identidad al interior de un grupo de jóvenes, y todas ellas enfrentando los miedos propios de la adultez.

Sin embargo, en su última entrega “Manual del Yoga”, finalista del Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro”, Carlín se aleja del furor y la noche para entregarnos una historia construida a partir de fragmentos en apariencia inconexos, pero que mantienen la unidad en aquello que no se ve. Me explico: la historia trata sobre un periodista que viaja a un país asiático a cubrir un evento internacional (acaso un alter ego del autor: periodista cultural,  usa con una gorra rosada del Sport Boys del Callao y es alto; vamos: es Carlín, aunque el autor sonría cuando se lo mencionan), y es un consumidor impenitente de pastillas. Nadie sabe por qué, nadie sabe qué pastillas, pero el efecto que producen estas en el personaje lo siente el lector: de estar tomando desayuno en el hotel se sucede una escena con el personaje ya dentro de una Van rumbo a un lugar cuyo nombre no recuerda. De estar observando por la ventana el paisaje urbano de aquel país asiático pasa a recordar a una niña dibujando un ave en un papel, y todos estos cambios o transiciones se suceden como en una bruma, una cortina de niebla que se atraviesa y nos deja en otros espacios, tan confundidos como el personaje, hasta que volvemos a tocar tierra.

Sobre “Manual de Yoga” y sus demás novelas, además de su labor como periodista cultural y, por ello mismo (porque ha entrevistado durante once años a los personajes que han ido marcado nuestro devenir literario) tiene una visión de lo que, para él, es el panorama de la literatura actual -ese limeñismo imposible de abandonar porque Lima es el Perú- y tiene en claro, además, que su destino como escritor no es algo que le quite el sueño, salvo, eso sí, que lo dejen de leer.

Una entrevista entretenida y bastante interesante que pueden escuchar en el siguiente podcast:

martes, septiembre 29, 2015

Hoy martes en "Fahrenheit 051": PROGRAMA DOBLE

Hace algunas semanas se desató una polémica entre los narradores peruanos debido a un artículo publicado por el escritor Fernando Ampuero donde presentaba lo que, a su parecer, era la nueva "Generación Post", cuya explicación radica en el uso de redes sociales de la nueva hornada de escritores (y una no tan nueva) para promocionar no solo sus obras sino además exponer sus posiciones frente a la realidad social y política del país (en casos muy específicos, por cierto). 
Pues bien, como es un tema que nos interesa tanto a escritores como a lectores, lo conversaremos hoy a las 6:15 p.m. con el crítico, blogger y escritor Gabriel Ruiz Ortega, uno de los personajes más controvertidos de la escena literaria local.
Pero además, minutos antes, a las 5:30 p.m. conversaremos con el escritor y editor del diario El Peruano, Ernesto Carlín, autor de un libro que me gustó mucho cuando salió "Falso al amanecer", y que en julio presentó su novela "Manual de Yoga", que resultó finalista en el Premio de Novela Breve que organiza anualmente la Cámara Peruana del Libro. Carlín es, además, un punk confeso y un hincha acérrimo del Sport Boys del Callao.
Esta tarde entonces, desde las 5:30 p.m. en vivo vía Radio Lima Gris en www.limagris.com y si están en la calle, en el bus o en el trabajo, pueden escucharnos descargando nuestra app vía google para sus smartphones. No hay excusa, este programa promete. ¡No se lo pierdan!




viernes, septiembre 18, 2015

Sobre la "Generación Post" de la literatura peruana. No se lo pierdan.

Críticos y bloggers Lenin Pantoja y Juan Francisco Ugarte

Hace algunas semanas el escritor Fernando Ampuero publicó en El Dominical de El Comercio un artículo donde proponía lo que, a su juicio, sería la nueva “Generación Post”, definida como un grupo de escritores que tienen en común el uso de las redes no solo para mover sus libros y sus propuestas estéticas sino además tener mayor “presencia” en el circuito de opinión.

El artículo de Ampuero desató la polémica en las redes, sobre todo porque revivió, de alguna manera, el antiguo pleito entre “Andinos vs. Criollos”, una polémica tristemente célebre que se dio en Madrid en 2005 y que puso en la palestra la falta de reconocimiento de los escritores de provincia. Habría que repensar entonces, en tiempos de la Internet, si el concepto de “escritor de provincia” no solo sigue siendo válido sino, y sobre todo, si puede considerarse como una forma de continuar categorizando la producción literaria peruana. Para ello invitamos a dos jóvenes críticos y bloggers, Lenin Pantoja y Juan Francisco Ugarte, administradores además de la web “El Hablador”, una de las plataformas con más trayectoria y vigencia en el circuito.

¿Cuál es el rol de la crítica literaria en el Perú?, ¿dónde está?, ¿cómo se construye una tradición? ¿La crítica literaria construye y destruye escritores? ¿Se puede hablar de una “generación” en base a la plataforma que utilizan y no por las décadas en que nacieron? La polémica está servida y pueden oír la interesante conversa en el siguiente podcast.


martes, septiembre 15, 2015

Enrique Lihn - Porque Escribí

Un descubrimiento de Roger Santiváñez. Se agradece.



PORQUE ESCRIBÍ / Enrique Lihn

Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
—¡qué ilusión más perfecta! como un Cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria—.

Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces.
De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dado en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudaran
de mi existencia real
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.

En su origen el río es una veta de agua
—allí, por un momento, siquiera, en esa altura—
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.

Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,

porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.