domingo, diciembre 14, 2014

Leer a Julio Ramón Ribeyro

Julio Ramón Ribeyro en Miraflores 1959. 
(Foto: Baldomero Pestana)

Hace algunos meses, el escritor, poeta e investigador Alonso Rabí do Carmo, invitó a un grupo de escritores a responder cuáles cinco cuentos de Julio Ramón Ribeyro les gustaban más. Acepté encantado. Como saben, el 4 de diciembre último se cumplieron 20 años de la partida de Julio Ramón, y era inevitable recordarlo, como se le recuerda siempre, gracias a sus cuentos, novelas, y textos sin definición (como sus famosas "Prosas apátridas"). Alonso ha publicado en la última entrega de Buen Salvaje un texto que él mismo define como una "confesión de parte", donde ha utilizado esa información para darle forma a un artículo que es una delicia, porque las coincidencias son inmensas. Que lo disfruten.

"Este es, sobre todas las cosas, un testimonio de parte. Antes de leer a Julio Ramón Ribeyro yo ya había fatigado –como suele ocurrir con muchos lectores– cientos, miles de páginas en las que desfilaban aventureros de toda laya, batallas épicas, amores infelices, peripecias trágicas, viajes alucinantes por aire, mar, tierra y más allá, exploradores y bandidos o seres que se transformaban mágicamente, entre otros elementos que hacen singular y recordable ese acto inevitablemente ritual que es la iniciación a la lectura. Sin embargo, leer a Ribeyro fue otra cosa. Fue descubrir, por ejemplo, que en el fracaso hay una dimensión de grandeza, que en la derrota se transparenta la dignidad. Que esos personajes pequeños, derrotados, aplastados por una realidad inclemente, tienen una cuota de heroísmo y merecen toda la empatía posible. Fue descubrir que el mundo de la ficción, cuando se lo propone, puede ser tan devastador como los golpes que provienen del mundo real.

Así, por ejemplo, gracias a «Los gallinazos sin plumas» pude atisbar, conmovido, esa otra vida de la cual mi condición de clasemediero me mantenía a buen recaudo: la vida de los márgenes, el patetismo de la pobreza, la mirada desesperanzada de quienes vivían en ella, entre el hambre, la indiferencia y el anonimato.

Leer a Ribeyro significó para mí el encuentro con un escritor que no se permitió encasillarse y mucho menos repetirse en un limitado número de fórmulas narrativas. Así como nos equivocamos en valorarlo principalmente como un clásico (o de manera todavía más oblicua, como «el mejor escritor peruano del siglo XIX») nos quedamos en la antesala de su obra si la juzgáramos solo por su carácter realista o por su tan mentado «clasicismo», calificación que destaca sobre todo por su ambigüedad. En todo caso, quisiera leer en esa condición de clásico lo mismo que Paul Baudry en un reciente ensayo: «una respuesta personal ante el rupturismo, la novolatría y el presentismo que caracterizan las coordenadas del campo literario del siglo XX» .

No olvidemos que, incluso considerando que sus cuentos de corte realista forman desde ya un corpus considerable, es grosero, por decir lo menos, desdeñar aquellos cuentos en los que Ribeyro se inclina por estéticas tan disímiles como lo extraño, lo absurdo, lo fantástico o ciertos relatos, como «Silvio en El Rosedal», cuya prosa deja traslucir un enorme aliento lírico y ofrece al lector una lograda cuota de intimismo, además de una magistral lección sobre los mecanismos del desciframiento y la interpretación. Volviendo a las arenas de esta memoria, Ribeyro fue el primer escritor peruano contemporáneo que leí, digamos, con cierta meticulosidad, con algo de conciencia. Antes de este encuentro simplemente me había dejado arrobar por versos de Chocano, que se recitaban al por mayor en la escuela, o había sentido una profunda extrañeza por las magias de Eguren, o esa cálida ternura que se desprendía de la vallejiana Rita, o una cierta empatía por la voz alta de González Prada. Pero lo de Ribeyro fue una conmoción.

Y de la mano de esa conmoción se abrió para mí una puerta que sigue sin cerrarse, porque Ribeyro me llevó a Vargas Llosa y luego a Loayza y a Salazar Bondy, a Zavaleta, a Congrains, a Reynoso, a la poderosa poesía de los 50, en fin, al conocimiento de una generación como pocas ha habido en nuestra tradición. Durante todos estos años, debo agregar, he seguido leyendo y releyendo a Ribeyro con una admiración y una curiosidad que no decrecen.

Con Ribeyro descubro entonces la literatura peruana a una edad relativamente temprana: 13 o 14 años, en medio del fervor por la eliminatoria a Argentina 78 y esa mítica primera fase que premió al medio campo de la blanquirroja como el mejor de todos. Y ocurrió en Miraflores, en un colegio pequeño, el Alfredo Salazar, lo que me recuerda que tengo una deuda pendiente –y sospecho que impagable– con mi profesor de literatura en ese entonces, Juan Alí Barreto.

Recuerdo ahora que la primera compilación de La palabra del mudo apareció en 1973, bajo el cuidado de Carlos Milla Batres, quien ese mismo año editó también su novela Los geniecillos dominicales (ya sin las terribles erratas que la asolaron antes) y Cambio de guardia (1976), así como también el volumen de ensayos La caza sutil (1976) y Prosas apátridas (1978), entre otros títulos del corpus ribeyriano.

Para 1984 yo era un sufrido estudiante de derecho en San Marcos. Y en algún momento de ese año se había anunciado la presencia de Julio Ramón Ribeyro en el auditorio del Banco Continental, en San Isidro. Ribeyro vivía en París y su vida para muchos constituía un auténtico misterio, de modo que la oportunidad de verlo en carne y hueso no pasaría inadvertida. La cita era a las ocho de la noche. Previsoramente llegué una hora antes, pero me di cuenta de que no era yo el único previsor: ya había una cola de por lo menos 200 personas.

Esa fue una noche inolvidable. Ante más de 700 maravillados asistentes, Ribeyro habló de sus libros, de sus temores mediáticos, de su mitología fumadora. No contento con eso, leyó pasajes de lo que después sería su diario, La tentación del fracaso y regaló a la audiencia un par de cuentos inéditos que luego, muchos años después, reconocería entre los incluidos en Relatos santacrucinos, en el último volumen de La palabra del mudo.

No pude hacerme de un lugarcito entre la muchedumbre que lo acosaría al terminar la charla en busca de un autógrafo, un apretón de manos o la ocasión de decirle cuánto admiraba sus textos. A cambio de eso he tenido muchas veces la oportunidad de escribir sobre él. Y solo pido que esta no sea la última vez".

La relación de escritores y sus cuentos preferidos pueden verla en ESTE ENLACE (hacer click).


jueves, diciembre 11, 2014

Un poema de Jorge Pimentel en un día de cumpleaños.


Este no es un blog de poesía, pero cuando encuentro alguna que me gusta y me mueve el piso entonces la comparto, y no sé por qué razón ando leyendo algo de poesía últimamente, que he retornado al blog; estoy pesando seriamente en abandonar el facebook dentro de unos días, quita tiempo y no me enfoco en las cosas que quisiera realmente hacer. No sabía que el poeta Jorge Pimentel (uno de nuestros grandes poetas peruanos) cumplía años hoy, 11 de diciembre (el mismo día que yo y que, además, es importante por la enorme vuelta de página: como en un cohete que abandona sus fuselajes o módulos mientras va subiendo, a veces temblando, a veces con miedo, a veces seguro, a veces contento, yo abandono la fase 3 llena, repleta de experiencias, a un nuevo destino.
Y no conocía tampoco este poema, que posteó el también poeta y periodista Jerónimo Pimentel (, su hijo y autor de "Al norte de los ríos del futuro" un poemario editado este año que viene cosechando buenos comentarios), en su muro de facebook, Al leerlo, me reconocí en varios versos, como esos fuselajes o módulos que, aunque se van abandonando, quedan siempre en el recuerdo. Entonces lo comparto con ustedes. Espero que lo disfruten.

CAMINO PEDREGOSO
Camino pedregoso que te alzas ante mi vida no sé
qué hacer sin ti eres parte de los deshielos y de los
abismos eres parte de los labios que me hicieron
infeliz, parte de la pesadumbre del mundo, mitad y
fragancia de una pierna estirada en los follajes.
Camino pedregoso qué más da para este invierno
te tengo este poema y una muchacha que se lleva las
calles en su bolso. Y sé que no esperas nada de mí
camino pedregoso. Tocaré la flauta acompañado de
un perro negro como lo único que supe hacer en esta
vida, como todo encantador que sólo lleva en los
bolsillos globos rotos pedazos de alambre y bordes
de agua tiernamente agradecidos. Camino pedregoso
tu desolación es un eterno remolino, un beso del que
meriendan los que van hacia el viento desnudos a
plantar un cardo o una oración para así servirse de la
hierba que en ti no crece y eso nos enluta camino
pedregoso. Eres tan inservible que siempre acudirán a
ti aquellos hombres alabados en el silencio por
grillos, por hormigas, aquellos hombres que
rompieron sus ojos inútilmente aguardando la ola que
los elevara y nunca más los vimos. Camino pedregoso
refugio de los que no tienen un cuarto para acostarse con
una mujer, ni un cesto de campanas, ni lunas que piensen
en ellos, ni nube que los recoja, sólo el olor de fogatas,
de hogueras, de vagabundos que quisieron tu sombra
sin desnudarse, camino pedregoso. Y fueron inútiles tus
esfuerzos de plantar un arbolito, te pedían demasiado al
entrar en la noche. Tú estabas seco cuando nosotros
nacimos. No tuviste tiempo de esconderte de lagartijas,
tus habitantes inauditos, tus más cercanos parientes;
los aborrecidos, los que atisban la lluvia imperturbables,
los que lamen piedras calientes y danzan con luz de
luciérnagas. Camino pedregoso, camino que recorrí,
tú me tejiste una esperanza cuando los hombres se
aniquilaban mostrando tu palidez de almendra, tú
me hiciste hombre abrazando tu sequedad, tus surcos
como manos implorando unas gotas de amor, unos
himnos que se oían lejanos, camino pedregoso me diste
sólo el trébol blanco que exprimió el rocío como única
herencia y me marché hacia lo inaudito,
lo inconmensurable, lo llorado, lo terrible, y comprendí que
estábamos solos tú y yo camino pedregoso tan solos
como la flor que te ama en el silencio de esas hojas
tendidas que quisieron abrazarte y no hubo un viento
que las enlazara. Camino pedregoso, estaré tan unido a
ti a tu pesar muy a tu pesar, seré una premonición del
infortunio, de la pobreza, sin un hijo, sin una casa. Soy
de los que se dejaron tumbar sin comprender. Soy de
los que se dejaron engañar y sólo se hicieron preguntas.
¿Adónde fue a parar tanta tibieza tanta ternura? ¿En
qué túneles nos estará aguardando la mariposa que
tanto quisimos? ¿Cuál de los túneles será el que nos
conducirá finalmente o fatalmente? ¿Cuál de mis
manos penderá como una estatua hacia el final? ¿Cuál
de mis ojos será el lucero que cace el pájaro en su
recorrido hacia ti? Camino pedregoso que te alzas ante
mi vida cuando los ejércitos se aprestan a prenderte
a iluminarte y ése no es el fuego que tú quisiste sino la
luz de un extraño silbido del viento, quisiste
una tenue brisa en un río de retamas, caminos siempre
de moras, de hojas silvestres, de cantos de mujer, de los
solos que brotan cada tarde prendiéndole fuego al agua.
Camino pedregoso no abras cuando toquen voces de
destrucción, no te tuerzas con golpes, ni con gritos
ni con el terror de guerras y matanzas. Sólo así
permaneceremos como hasta ahora camino pedregoso.
Te fallé como trapero, como amanuense, como jilguero,
como payaso, como lo que la vida hizo de mí, mas no
como poeta. Camino pedregoso que te alzas ante mi vida
no sé ya qué manjares servirte.
Vive el tiempo que me queda.
Para siempre será este canto.


martes, diciembre 09, 2014

Una hora con el poeta E. A. Westphalen.

Hace algunos días posteé uno de los poemas que más me gustan del gran poeta Emilio Adolfo Westphalen "He dejado descansar tristemente mi cabeza", y hoy llegó al correo la última entrega del "Proyecto Perú Cultural", que cada vez sorprende más y más con sus "descubrimientos".

En esta larga entrevista, realizada por Carlos Saavedra y Alonso Cueto en 1983, Westphalen habla de su poesía, de algunos amigos poetas (Eguren, Martín Adán, entre otros), de su vida y de sus recuerdos. Parece ser un entrevistado difícil por los tiempos que demora en responder, por los silencios, pero luego los recuerdos iluminan la conversa. Gran entrega esta de "Perú Cultural" (otra entrega memorable es la entrevista a Julio Ramón Ribeyro, por ejemplo).






lunes, diciembre 08, 2014

Un reencuentro con Ana Ajmátova.

Ana Ajmátova

De Ana Ajmátova tengo tres recuerdos imborrables. El primero es una disertación que sobre la poeta rusa diera, la también poeta, Alessandra Tenorio hace algunos años en un evento universitario en Lima, el segundo es la lectura de uno de sus trabajos más memorables, “Requiem”, y el tercero es una emotiva lectura que sobre la vida de Ajmátova escribiera Fernando Ampuero en su libro de crónicas “Viaje de ida” editado por Lápix hace un par de años.  De cada evento (separado por el tiempo y las lecturas) me quedó la imagen de una mujer a quien la vida golpeó brutalmente pero que encontró redención a su dolor a través de la escritura. Hoy encontré un poema suyo revisando unos libros de la mudanza y me quedé pensando en la belleza misma de la palabra, y que siempre hay un espacio y un momento para reconciliarse con la vida a través de ella.

Ajmátova nació en Odessa el 23 de junio de 1889, fue hija de una familia noble de origen tártaro que le dio una educación privilegiada: estudió latín, historia y literatura en Kiev y en San Petersburgo; sin embargo su padre se oponía a que ella se dedicara a la poesía, por lo que Anna utilizó el apellido de su abuela como seudónimo. Su primer esposo, el poeta Nikolái Gumiliov (el más sobresaliente escritor del grupo acmeista, con quien viajó por Italia y Francia y con quien tuvo a su único hijo, Lev), murió fusilado por los bolcheviques; su último esposo, el historiador del arte Nikolái Punin, murió en un campo de concentración. Su hijo fue apresado y ella tuvo que colocarse diariamente frente a la prisión de Leningrado para saber si seguía con vida. La dictadura la llevó a quemar sus cuadernos de poesía para impedir que su hijo fuera fusilado, proscribió su producción literaria, se le acusó de traición y fue deportada. A su retorno a Leningrado en 1944 produjo su obra más importante, "Requiem",  publicada apenas en 1963 (un año después de haber sido nominada al Premio Nobel de Literatura). En 1965 fue nombrada Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford. Su última publicación, "El correr del tiempo", es un balance de su trayectoria de 1910 a 1965 y lo pueden encontrar en Internet. Ana Ajmátova falleció en Moscú en 1966.


Retrato de Anna Ajmátova por Nathan Altman, 1914

"En los terribles años del terror de Yezhov hice cola durante siete meses
delante de las cárceles de Leningrado. Una vez alguien me "reconoció".
Entonces una mujer que estaba detrás de mí, con los labios azulados, que
naturalmente nunca había oído mi nombre, despertó del entumecimiento
que era habitual en todas nosotras y me susurró al oído (allí hablábamos
todas en voz baja):
-¿Y usted puede describir esto?
Y yo dije:
-Puedo.
Entonces algo como una sonrisa resbaló en aquello que una vez había sido
su rostro".

Dedicatoria
Un dolor semejante podría mover montañas,
e invertir el curso de las aguas,
pero no puede hacer saltar estos potentes cerrojos
que nos impiden la entrada a las celdas
atestadas de condenados a muerte...
Para algunos puede soplar el viento fresco,
para otros la luz solar se desvanece en el ocio,
pero nosotras, asociadas en nuestro espanto,
sólo escuchamos el chirriar de las llaves
y las pisadas de las recias botas de la soldadesca.
Como si nos levantáramos para misa primera,
día a día recorríamos el desierto,
andando la calle silenciosa y la plaza,
para congregarnos, más muertas que vivas.
El sol había declinado, el Neva se había opacado
y la esperanza cantaba siempre a lo lejos.
¿Que sentencia se dictó?... Ese gemido,
ese repentino fluir de lágrimas femeninas,
señala a una distinguiéndola del resto,
como si la hubieran derribado,
arrancándole el corazón del pecho.
Entonces déjenla ir, trastabillando, a solas.
¿En dónde estarán ahora mis innombrables amigas
de aquellos dos años de estadía en el infierno?
¿Qué espectros se burlan de ellas ahora, en medio
de la furia de las nieves siberianas,
o en el círculo nublado de la luna?
¡A ellas les lloro, Hola y Adiós!


jueves, diciembre 04, 2014

LA MUERTE DEL PADRE (O LA ETERNA ESPERA DEL HIJO)


Renés Llatas Trejo es un literato/blogger egresado de la facultad de Letras de la Universidad Nacional Federico Villarreal, autor además de una novela que disfruté mucho en su momento: "Aftersun", una historia de amor, amistad y aprendizaje en una ciudad tan caótica e intensa como Lima (nuestra Lima oscura, peligrosa y violentamente divertida). René administra el blog Spleen de Lima, y en uno de sus últimos post encontré esta crónica dedicada a uno de sus libros favoritos, pero, sobre todo, a esa culpa de saber que se ha perdido no un libro, sino un ancla a tierra. Con el permiso de René, lo comparto con ustedes, espero que lo disfruten.


"En el mes de enero había vendido el libro innecesariamente. Cuando al día siguiente volví arrepentido a la librería de viejo de mi distrito, mi libro ya no estaba. Me resigné a comprarlo de nuevo, pero entonces elegí el segundo volumen, y durante varios días me olvidé por completo del primero, sumergido enfermizamente en el nuevo.

Luego de terminar la lectura, releer tres veces, repasar a diario varias páginas al azar, necesité, como una dosis de crack, como bien dice Zadie Smith, del primer volumen, aunque ahora necesito ya los cuatro volúmenes restantes; no me sentía completo; había un vacío angustiante, que por más que recordara algunos pasajes y momentos, necesita leer, sobre todo sentir su peso en mis manos. Eso era: tener el libro, leerlo, contemplarlo, cristalizar mi fetiche junto al otro, porque el EPUB o PDF no funciona en este caso; el libro en físico se impone a como dé lugar.

El miércoles 8 de octubre no esperé más e hice mi recorrido por casi todas las librerías de Lima, que son pocas y que en buena hora estaban atendiendo pues era feriado; fui de San Miguel a San Isidro, de Miraflores al centro de Lima, pero fue inútil. Las librerías no servían, no sirven cuando no tienen el libro que buscas ansiosamente, y yo que he sido librero buen tiempo, reconozco los gestos, las expresiones y reacciones de los lectores-clientes decepcionados por llegar a tu puesto esperanzado en que le digas: Sí, lo tenemos. No hay excusa que valga: el stock se agotó en Perú, en México, en Argentina, en España, se está preparando la segunda edición. No sirve: tu librería es una estafa, puro hueso. Con todo, terminé el día con gran amargura, despotricando contra las librerías limeñas una vez más. En casa les envié un mensajea la mayoría de distribuidoras locales y librerías virtuales, consultando por el libro. Solo me respondieron tres de forma negativa a los días. Entonces ya no quise buscar más, alargar el tiempo a la espera del pedido de algunas librerías que prometían escribirme apenas les llegara mi libro, y decidí comprarlo vía Amazon, porque a pesar de las buenas reputaciones de algunos vendedores extranjeros en e-Commerce conocidos –en Perú nadie lo vendía–, no me atrevía a comprar. Hice el pedido sin más y la entrega estimada señaló viernes 31 de octubre de 2014 antes de las 9:00 p. m.

Sin embargo, por aquellos días el sindicato de trabajadores de Serpost había iniciado una huelga que ya llevaba un mes. Pasaron semanas y poco a poco fui perdiendo la esperanza de tener el libro en mis manos, arrepintiéndome por enésima vez de haberlo vendido. Que la huelga se suspendiera a principios de noviembre fue un alivio; pero aún así no recibía nada a mi nombre. Casi dos meses después el libro llegó finalmente, y como si se tratara de oro puro, del Regalo Precioso, salté de felicidad. Como era de esperarse devoré en dos días el libro, y lo sigo devorando…

Hay libros que se irán a la tumba conmigo, es decir que me acompañarán siempre porque necesitaré de ellos en cualquier momento, así deje de releerlos o repasarlos semanas o meses, incluso años. La muerte del padre, de Knausgård, es uno de ellos".

Nota: Esta segunda edición es de setiembre de 2014.


LOS INDEPENDIENTES EN LA FILBO


En la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, Perú fue el país invitado de honor, en razón de ello, la periodista Lina Vargas, de la famosa revista colombiana "Arcadia", entrevistó a varios editores y autores presentes en Lima para lo que sería la gran fiesta del libro latinoamericano. Bogotá se ha convertido en uno de los destinos feriales más importantes de la región (junto a Argentina, en esta parte del sur), y es uno de los mercados libreros más interesantes en tiempos de feria. Una distinción que Perú busca obtener con la nueva directiva este 2015 en la FIl Lima. Los dejo con la nota aparecida en Arcadia.

"Animal de invierno, Madriguera, Polifonía, Casatomada y La travesía son cinco de las más de cien editoriales independientes que existen en Perú. Todas hacen parte del más reciente boom editorial que empezó en el 2000. Entonces, la mayoría de los nuevos editores estudiaba Humanidades en la universidad y había crecido durante la época de la violencia en los años ochenta y noventa cuando la industria del libro no pasaba por su mejor momento. Decidieron, sin embargo, continuar con el oficio y ante la restringida oferta laboral –que básicamente se limitaba a unas cuantas editoriales trasnacionales– se arriesgaron a hacerlo ellos mismos. Y las cosas han salido bien.

“Tienes que tener espíritu de ensoñación y un poco de ir en contra de la corriente”, dice Leonardo Dolores, editor de Animal de invierno. La editorial empezó hace un año y medio y ha publicado siete títulos. Su fuerte es la novela y el cuento latinoamericanos aunque, según Dolores, no descartan publicar poesía. Uno de sus títulos, El fantasma nostálgico, del peruano Carlos Calderón Fajardo, fue finalista del Premio Tusquets de novela en el 2006.

Silvia María González trabajó en varios sellos independientes y en el 2012 creó Madriguera, la editorial que se lanzó al mercado con una antología de nueva narrativa latinoamericana a cargo de Diego Trelles Paz llamada El futuro no es nuestro. Aunque de literatura, Madriguera ha lanzado memorias, un cómic de temática elegebeté, libros para niños y libros de arte. Su regla, dice González, es hacer ediciones para ser amadas.

Ella es también la representante de los Editores Independientes de Perú que congrega dieciséis editoriales. Aunque distintas, todas comparten aspectos como tener tirajes de entre quinientos y mil ejemplares, trabajar desde la casa, casi siempre con dos o tres empleados y prestar servicios de edición. Además, se valen de la recursividad a la hora de la distribución que es quizás el trámite más engorroso en la cadena de edición. Por ejemplo, no solo llevan los libros a librerías sino que organizan lanzamientos en bares, cafés y galerías de arte. A veces pueden vender hasta ciento cincuenta ejemplares en una presentación. Se mueven en círculos de amigos y conocidos y en ocasiones eso les ha servido para llevar sus libros al resto de Latinoamérica. “Alfaguara Perú es solo para Perú o solo para Lima. No trasciende fronteras, dice Gabriel Rimachi, escritor y editor de Casatomada, y Dolores agrega: “Hay autores que prefieren publicar en una editorial independiente porque de esa forma sus libros pueden salir de Perú”.

Casatomada es una de las editoriales independientes más antiguas. Tiene un deslumbrante fondo de ciento cuarenta y ocho libros entre novela, cuento, poesía y literatura infantil y una serie llamada Legión extranjera con la que ha publicado tres autores latinoamericanos. Rimachi explica que a pesar de la rica tradición poética en Perú, publicar poesía continúa siendo difícil. “Es difícil vender poesía –dice–, a veces el editor sabe que el noventa por ciento de sus libros los va a regalar”.

Y hablando de géneros, desde hace tres años y medio, la editorial Polifonía se especializa en libros ilustrados, infantiles y libro-álbum. Sus ediciones son bellísimas. Gabriela Ibáñez, su editora, cuenta que apostaron por un mercado poco conocido en Perú. “Cuando empezamos –dice– trabajábamos con artistas gráficos más que con ilustradores”.

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miércoles, diciembre 03, 2014

EL GUARDIÁN DEL HIELO / Un hermoso poema de José Watanabe

José Watanabe (Laredo, Trujillo, 1946 - Lima, 2007)

El guardián del hielo

Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.
Oh cuidar lo fugaz bajo el sol...
El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil

           Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza
de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
Yo soy el guardían del hielo.

domingo, noviembre 30, 2014

Un cuento mío en "El buen librero"



"El buen librero" es una novedosa web que contiene reseñas a libros de literatura, periodismo e historia; cuenta con secciones de poesía escogida, cuentos, noticias y la novedad: TV on line (que van alimentando poco a poco pero con resultados interesantes). Pues bien, los amigos del Buen Librero han tenido a bien compartir uno de mi cuentos para la entrega semanal de letras, así que los invito a leerlo. Es un cuento antiguo, pero que me ha traído varias alegrías; y mientras vamos preparando el terreno y el tiempo para la salida de mi nuevo libro (que ha demorado mucho, francamente, mucho más de lo que alguna vez imaginé), los dejo con el enlace. Espero que lo disfruten.
El enlace aparece oscuro pero si siguen la ruta del mouse por aquí, lo verán:----->LEER EL CUENTO HACIENDO CLICK AQUÍ


viernes, noviembre 28, 2014

"LOS HIJOS DEL ORDEN" LA NOVELA MÁS ESPERADA DEL AÑO

Editorial Casatomada se complace en anunciar el lanzamiento de la esperada reedición de la novela "Los hijos del orden", del escritor Luis Urteaga Cabrera. Esta novela, considerada por la crítica como la novela más violenta de la historia de la literatura peruana, fue premiada por Juan Carlos Onetti y Severo Sarduy con el Premio Primera Plana-Sudamericana (Argentina, 1968), y con el Premio José María Arguedas (Lima, 1974).
Prohibida por la dictadura argentina, satanizada por el gobierno de Velasco, censurada en España por Franco, esta edición de homenaje incluye el testimonio del autor. Una novela que no debe dejar de leerse, no solo como literatura, sino como una radiografía de la violencia, la ternura y el horror. Simplemente: la novela del año. 

Nadie ha escrito en el Perú una novela tan violenta como ésta. Aquí, con una dureza cuya implacabilidad no desvirtúa la hermosa y lúcida ternura que subyace en sus páginas, Urteaga Cabrera historia la rebelión en una cárcel de menores que convergen a ese lugar de horror. A través de las confluyentes biografías de los hijos de un orden atroz, se revelan, tanto algunos rostros del país que por primera vez acceden a la literatura, cuanto la calidad extraordinaria de un autor que, de lo inédito, da un salto definitivo a la primera línea de la narrativa peruana de hoy.
—Abelardo Oquendo

Ahora, a pesar de la violencia política y delincuencial que la televisión y la prensa escrita nos arroja a la cara día tras día, con fines muchas veces bastardos, la novela de Luis Urteaga no ha perdido su capacidad de provocar angustia y horror, ni mucho menos su impecable y trágica belleza.
—Roberto Reyes Tarazona

Esta es una síntesis poco frecuente: la investigación profunda y el alto lenguaje se unen en un solo vuelo.
—Eduardo Galeano

 Urteaga Cabrera ha escrito, magistralmente, la novela más violenta jamás publicada en nuestro país.
—César Lengua

jueves, noviembre 27, 2014

HE DEJADO DESCANSAR TRISTEMENTE MI CABEZA...



He dejado descansar tristemente mi cabeza
En esta sombra que cae del ruido de tus pasos
Vuelta a la otra margen
Grandiosa como la noche para negarte
He dejado mis albas y los árboles arraigados en mi garganta
He dejado hasta la estrella que corría entre mis huesos
He abandonado mi cuerpo
Como el naufragio abandona las barcas
O como la memoria al bajar las mareas
Algunos extraños sobre las playas
He abandonado mi cuerpo
Como un guante para dejar la mano libre
Si hay que estrechar la gozosa pulpa de una estrella
No me oyes más leve que las hojas
Porque me he librado de todas las ramas
Y ni el aire me encadena
Ni las aguas pueden contra mi sino
No me oyes venir más fuerte que la noche
Y las puertas que no resisten a mi soplo
Y las ciudades que callan para que nos aperciba
Y el bosque que sé abre como una mañana
Que quiere estrechar el mundo entre sus brazos
Bella ave que has de caer en el paraíso
Ya los telones han caído sobre tu huída
Ya mis brazos han cerrado las murallas
Y las ramas inclinado para impedirte el paso
Corza frágil teme la tierra
Teme el ruido de tus pasos sobre mi pecho
Ya los cercos están enlazados
Ya tu frente ha de caer bajo el peso de mi ansia
Ya tus ojos han de cerrarse sobre los míos
Y tu dulzura brotarte como cuernos nuevos
Y tu bondad extenderse como la sombra que me rodea
Mi cabeza he dejado rodar
Mi corazón he dejado caer
Ya nada me queda, pata estar más seguro de alcanzarte
Porque lleva prisa y tinieblas como la noche
La otra margen acaso no he de alcanzar,
Ya que no tengo manos que se cojan
De lo que está acordado para el perecimiento
Ni pies que pesen sobre tanto olvido
De huesos muertos y flores muertas
La otra margen acaso no he de alcanzar
Si ya hemos leído la última hoja
Y la música ha empezado a trenzar la luz en que has de caer
Y los ríos te cierran el camino
Y las flores te llevan en mi voz
Rosa grande ya es hora de detenerte
El estío suena como un deshielo por los corazones
Y las alboradas tiemblan como los árboles al despertarse
Las salidas están guardadas
Rosa grande ¿no has de caer?

E.A. Westphalen

lunes, noviembre 24, 2014

JUAN GOYTISOLO ES DISTINGUIDO CON EL PREMIO CERVANTES 2014

Juan Goytisolo (Foto: The Guardian)

Luego de un debate que incluyó hasta siete votaciones, el Jurado, compuesto por Elena Poniatwoska (Premio Cervantes 2013), José Manuel Caballero Bonald (Premio Cervantes 2012), Soledad Puértolas, Inmaculada Lergo, Fernando Galván, Carmen de Benavides, Julio Martínez Mesanza, y Mercedes Monmany, entre otros, decidió distinguir al escritor español Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) con el Premio Cervantes de las Letras. Este premio, instituido en 1976 por el Ministerio de Educación Cultura y Deporte, es considerado el galardón literario más importante de la lengua española. El acto de premiación se llevará a cabo en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares el próximo 23 de abril, fecha que conmemora, además, la muerte del universal autor del Quijote. Este premio tiene una dotación de 125.000 euros.

El Presidente del Jurado, José Manuel Caballero Bonald, dijo que este: “Es un premio oportuno y en todos los sentidos, bien dado. Goytisolo representa una de las cumbres de la literatura española sobre todo desde la posguerra. Ha evolucionado desde un realismo social a la indagación en el lenguaje”. Por su parte, Elena Poniatowska aseguró que: “Es una fiesta que lo obtenga él. Los mexicanos le conocemos desde que era muy joven y venía a visitarnos. Era muy amigo de Carlos Fuentes, es un escritor que une dos orillas, Es hombre en el que se puede confiar por su autenticidad, diría que es tan auténtico como la duquesa de Alba”. José Ignacio Wert, Ministro de Educación, Cultura y Deporte de España, dijo que este premio ha sido entregado al escritor “por su capacidad indagatoria en el lenguaje y propuestas estilísticas complejas, desarrolladas en diversos géneros literarios; por su voluntad de integrar a las dos orillas, a la tradición heterodoxa española y por su apuesta permanente por el diálogo intercultural”.

Su carrera como narrador empezó en 1954, con la publicación de Juegos de manos, una novela que lo encumbró entre los más destacados autores del realismo crítico de la posguerra. En 1966 y ya viviendo en Francia, empezó una etapa de experimentación que se ve retratada en su famosa trilogía de novelas Señas de identidad, Don Julián y Juan sin tierra. Otras obras destacadas del autor son Makbara, Paisajes después de la batalla, Las virtudes del Pájaro solitario, La saga de los Marx, El sitio de los sitios o Telón de boca, escritas todas desde una abierta experimentación. “Jubilado” de la novela luego de su última entrega, El exiliado de aquí y de allá, ha continuado escribiendo como columnista principal del diario El País, publicando además artículos, ensayos y poesía.

Desde su creación, el premio ha sido entregado a Jorge Luis Borges, María Zambrano, Juan Carlos Onetti, Adolfo Bioy Casares, Mario Vargas Llosa, Dámaso Alonso, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Miguel Delibes, Alejo Carpentier, Ana María Matute, Guillermo Cabrera Infante, Camilo José Cela, Luis Rosales, Rafael Alberti, Nicanor Parra, entre otros destacados intelectuales.


miércoles, noviembre 19, 2014

MARIO VARGAS LLOSA: “TUITEAR, FACEBOOKEAR, BLOGGEAR SON PALABRAS OBSCENAS”

A pocos días de estrenarse la miniserie “La fiesta del chivo”, vía UNIVISION, basada en la novela del Nobel Mario Vargas Llosa, el periodista Jorge Ramos conversa con el escritor en su casa en Madrid y el encuentro no puede ser más jugoso: Vargas Llosa habla sobre y contra la tecnología del nuevo siglo y cómo esta ha terminado por banalizar la escritura y los procesos creativos; comenta sus lecturas últimas, la frivolidad de un escritor como Haruki Murakami, el pacto tácito con García Márquez sobre el incidente ya legendario entre ambos, y sobre la vida -su vida- de escritor ad portas de cumplir ya 80 años. Siempre resulta interesante seguir a escritores cuya trayectoria ha sido tan intensa como controvertida (recuerden que Vargas Llosa despierta incendios entre quienes gustan de sus libros y desprecian su opción política), pero sobre todo una vida rica en experiencias. Al final eso es lo que queda: la experiencia y el paso de un hombre por la vida.
Una entrevista bastante interesante.





martes, noviembre 18, 2014

Como una virgen (otra vez)


Este texto acaba de aparecer en la última edición de SPECIMENS, ULTIMA NARRATIVA IBEROAMERICANA, y lo comparto con ustedes.

Escribir sobre “mi primera vez” no es sencillo. Las primeras veces en este campo (el de las lecturas) no existen; es decir: no puedo comparar la primera vez que leí El conde de Montecristo (un regalo con el que descubrí, a los siete años, que Edmundo Dantés fue, finalmente, el hombre que vengó a todos los hombres) con la inolvidable tarde en que descubrí Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa; o el cruel final de Hijo de Satanás, de Bukowski; los delirantes Ochenta y seis cuentos de Quim Monzó; o la ultraviolenta Los hijos del orden, de Luis Urteaga Cabrera (premiada nada más y nada menos que por Juan Carlos Onetti y Severo Sarduy), y con cuyo final lloré amargamente una tarde; o muchos de los cuentos de Julio Ramón Ribeyro.

Pero las novelas mencionadas son más bien una parte mínima del lado A de la vida literaria (valga la analogía del vinilo, hijos del mp3). Mi vida de lector ha sido más bien desordenada y, por qué no decirlo, acá la culpa la tiene también el Estado. Desde Platero y yo o Mi planta de naranja-lima, que leíamos en el colegio acompañados de una montaña de papel higiénico para las lágrimas y los mocos, pasando luego por las historias de Corín Tellado que venían puntuales todos los meses en Cosmopolitan y que se leían en las peluquerías (convertidas hoy en Spa o Coiffure International), a las truculentas crónicas periodísticas que aparecían quincenalmente en los kioskos de Lima en un par de revistas casi pornográficas para un muchacho de catorce años llamadas Zeta y Confidencial, donde aparecían fotos de vedettes con los pechos al aire. Estas revistas también publicaban cartas de amor incontestables, avisos de solteras codiciando un soltero emprendedor y de solteros codiciando lo mismo pero con encuentros casuales en cines de barrio; las lecturas fueron diversas y vinieron desde lugares lejanos y en formatos variopintos.


Lugares lejanos entonces (cuando niño) que mi memoria recuerda al instante: México. Formatos variopintos: todos los “chistes” (así se llamaban entonces y ahora les llaman “cómics”) con que Editorial Novaro invadía el Perú, porque en aquellos días el mundo para mí era el Perú y los diarios locales y la revista Caretas que mi tío compraba y que siempre traía artículos emocionantes, además de un crucigrama muy difícil de resolver. Lo curioso es que Caretas tenía también la última hoja arrancada, violentada. Pocos años después descubrí que en esa página había una mujer desnuda y diferente en cada entrega: hermosas y despampanantes mujeres acompañadas de un texto breve y divertido, seguidas inmediatamente de la página del ya clásico “Concurso canalla”.
“Desorden lector” debería ser un apartado en algún tratado de psicología. Lo cierto es que con el tiempo uno va seleccionando mejor sus lecturas, o se guía de ciertas recomendaciones o del “boca a boca” (que a veces funciona mejor que las críticas o reseñas en diarios y revistas), y así uno descubre autores nuevos u olvidados, con temáticas que a veces creíste que serían completamente absurdas, y te fascinan.

No soy mucho de leer ciencia ficción, más por prejuicio que por otra cosa, pero una tarde descubrí en una revista llamada Minotauro un cuento de Bradbury que me dejó muy sorprendido. Desde entonces le doy oportunidad a varios géneros y descubro a veces cosas sorprendentes y aprendo, además, que las barreras que uno se va imponiendo al momento de escribir son lastres que finalmente no permiten incursionar en otros campos. Lo cierto es que, llegado a este punto de mi testimonio, recuerdo el título de esta sección de Specimens y me pregunto: ¿qué hace que una persona “normal” se dedique a escribir? Yo empecé a escribir por necesidad ya siendo un estudiante universitario, y con cierta “rigurosidad” (entiéndase el trabajo de dedicarse a escribir y corregir), pero no podría asegurar que fueron las lecturas las que me motivaron a hacerlo. Fueron las vivencias y experiencias aprendidas a lo largo de los años, tiempos violentos cuando el terrorismo asolaba el Perú (yo vivía con mis padres en un asentamiento minero), tiempos de cambios drásticos (regresar a Lima luego de seis años y empezar a estudiar en un colegio de curas dominicos y ver “otro mundo”), y luego la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que, definitivamente, sí era “otro mundo”. Todas esas experiencias, chocantes algunas (la política en la universidad, por ejemplo, comparado con el mundo de fantasía y burbujas de mi colegio) provocó emociones encontradas que fueron almacenándose durante un tiempo hasta que encontraron salida a través de la escritura.

Escribir, así como decía Capote, “como si se tratara de un látigo que Dios te dio”, es algo que uno va descubriendo con los años, con el ejercicio de la lectura y luego con el de la escritura, pero sobre todo con la corrección. Uno de los grandes problemas de quienes escribimos y además nos dedicamos al periodismo en mi país es que el nivel lingüístico de este último es tan espantoso que terminas, de alguna manera, luchando para no contaminarte. Leemos todos los días noticias terribles, actos crueles, novedades de la farándula (otro acto cruel) y los programas de radio y los noticieros están llenos de lo mismo. Leemos en Facebook, además, cosas que francamente nos hacen perder el tiempo, y es en esos momentos cuando un buen libro puede servirte de salvavidas, de oportunidad para regresar a la emoción del descubrimiento y luego enriquecer tus posibilidades de contar.

Hubo un tiempo en que muchos escritores de mi generación querían irse a vivir a España, “la Meca”, “el Paraíso”. Las redes sociales y el Internet transformaron el mundo, y también transformaron nuestra forma de verlo y de contarlo. La vida seguirá hasta que se cumpla la profecía maya o nos gobiernen como en Fahrenheit 451, quién sabe. Pero siempre nos quedará la posibilidad de descubrir en las lecturas una forma de sobrevivir y, a partir de eso, proyectar y narrar nuestras propias historias.

Visiten la Revista Iberoamericana SPECIMENS (se suscriben y llega puntual a sus mails una vez al mes, gracias al gran trabajo de Salvador Luis y su equipo). Click AQUI


domingo, noviembre 09, 2014

FIN DE SEMANA CON LOS MUERTOS


Imagina que te invitan a una fiesta para celebrar Halloween luego de mucho tiempo de sequía social. Esa mañana, sales deprisa al mercado a comprar la máscara, pero hay un mar de gente comprando vinchas con orejas de gato, colas de gato, bigotes de gato, guantes con uñas de gato, trajes de gato. Y tú odias a los gatos.

La señora rubia Loreal que está entre ese mar de gente tiene la misma idea que tú: comprar algo “diferente”, algo que, si bien no te hará el rey de la fiesta, al menos te hará “resaltar” entre el mar de gatos que seguramente habrá en la megareunión de esa noche. En el día de los muertos, todos quieren tener, al menos en disfraz, siete vidas para burlar la muerte. Encuentras lo ideal: una máscara del carnaval de Venecia, chispeada con escarcha sobre fondos lilas y blancos que se superponen como una acuarela. Debe ser costosa, un saldo de esos que se cuelan en los containers que vienen desde China para fiestas (todo viene desde China para cualquier fiesta que tenga el poder de un feriado peruano), y te lanzas a cogerla pero tu mano se encuentra con la de la señora rubia Loreal que, al saberse mayor que tú, deduce que por “cortesía”, retirarás tu mano. Pero no, está equivocada y no sabe que has visto cincuenta veces “Duro de matar”. Es la única máscara en todo ese mercado repleto de máscaras de gatos, y tú odias a los gatos y no soltarás la máscara como no la estás soltando en ese momento y entonces la señora empieza a tirar de un lado y tú del otro, y el tipo que vende las chucherías (que lleva, adivinen, una vincha de gato con bigotes de gato y se ha pintado con betún negro la punta de la nariz) les grita que si lo rompen, lo pagan. Y aprovechando el grito del vendedor y la sorpresa de la señora Loreal, te haces con la máscara.

Pagas el precio, sonríes con los labios apretados y entonces ocurre: la rubia Loreal te mira y, extendiendo su dedo índice, te señala la mejilla. Aprisionas la máscara contra tu pecho y sales raudo del mercado, pensando en el fiestón y la rumba y subes a un taxi para llegar a casa, ducharte, coger la mochila y llegar al punto de encuentro donde todos partirán rumbo al sur, a esa casa de playa, en un bus parrandero que los macerará y los dejará listos para el disfrute del Halloween criollo. Pero llegas al punto de encuentro y no hay nadie. Miras tu reloj y por estar peleando la máscara perdiste una hora. Decides tomar una combi asesina; subes, te acomodas y recuerdas la cara de la rubia Loreal y sientes una molestia en la penúltima muela del lado derecho de tu boca. La combi repleta de gente arranca a mil por hora y un ligero temor te invade: ha empezado tu Halloween personal.

Dos horas después llegas al pueblo, buscas tu celular para llamar a los amigos y tu batería ha muerto el 30 de noviembre, ni una línea roja queda, nada de nada. Te duele cada vez más la muela y vas a comprar una botella de agua. Pagas en caja, recibes la botella y te vez en el espejo: eres el primo sudamericano de Quico. Tu cachete se ve más hinchado por el efecto de la barba, el dolor es ya ligeramente intolerable. Preguntas si tienen ahí un cargador que le haga a tu modelo de celular pero nadie tiene el bendito cable para un Nokia con linterna, todos usan Iphone. Estás jodido. Preguntas por un dentista pero es casi feriado, casi de noche, hay música por todos lados y la gente ya pasa acelerada con los sixpacks de Pilsen heladas y sabes que si te tomas una te mueres. Pero eres terco y compras una lata. Después del tercer sorbo, empieza la fiebre. Llegas al dentista y, como era de esperarse, no estaba. La fiebre aumenta y compras tres botellas de agua helada, caminas, caminas buscando la fiesta pero todas las casas están de fiesta y todas son iguales o casi iguales y hay un mar de gente disfrazada de gatos y gatas cantando y gritando y fumando y riendo y tú cagado de fiebre, con dolor de muela y la máscara en la cabeza, porque está tan hinchada tu cara que si te la pones en el rostro, el elástico te marcará los cachetes.

Te rindes. Buscas tristemente un hostal donde pasar la noche de mierda que sabes que te espera. Encuentras uno bastante rascuacho, y con suerte, porque todos están repletos de parejas, de familias, de amigos, de amantes, pero tú estás solo, con fiebre y el maldito dolor de muelas. Te resignas y entras a la habitación 302, dejas la mochila, tu cuerpo está sudando, enciendes el televisor y subes el volumen intentando acallar el jolgorio de la calle, del pueblo entero entregado al demonio en plena noche de los muertos. Suenan los cuetes, las explosiones multicolores encienden el cielo y tú las ves desde la ventana. Cierras los ojos, son las 10:30 de la noche, tus amigos deben estar ya a todo dar con las parrillas y las cervezas y la música y tú, tú estás muerto en el día de los muertos.

Abres los ojos, escuchas los gritos en la habitación contigua, son la 1:45 de la mañana y estás volando en fiebre, la muela duele más. Buscas en tu botiquín de viaje y encuentras paracetamol, amoxicilina, ketorolaco y apronax. Te empujas todo de golpe y esperas el efecto, y, mientras tanto, reparas en que no solo en la 301 están gritando, sino que en la 303 y la 304 la actividad paranormal ha alcanzado calores superiores a la fiebre. La pasión se siente en el ambiente, quiere contagiarte la cabeza, pero en el mar erótico y sexual de ese hotelucho de medio pelo, eres el único gil que está solo. Solo de soledad. Y entonces recuerdas a la rubia Loreal y sientes pasos en el techo.

Metido en la cama y con el control remoto en la mano, intentas despejar la mente, alejarla del pecado carnal, de los gritos de “mátame, pa-pi-to”, “así, miamooooor”, “eres una loquita riiiiiica”, “mááás duuuuroooo” y enciendes el televisor buscando un programa evangélico, un capítulo más de “Pare de sufrir”, las pastillas para el alma de Ricardo Belmont, pero solo encuentras “Promoción sangrienta”, “Asesino Ninja”, “Viernes 13 parte XIV”, “Llamada maldita”, “La casa embrujada” y un largo etcétera de cintas que tienen en común una sola cosa: en todas salen tetas y tú estás con fiebre, tiritando bajo la frazada, con el cuerpo helado y la muela que parece reventarte la calavera. Subes el volumen pero es en vano. En el techo se sienten pisadas y son dos gatos. “No puede ser”, piensas, “malditos gatos”. Y entonces los gatos empiezan con la persecución erótica hasta que entiendes, por el chillido de la gata, que el gato entró. “No puede ser”, vuelves a pensar, “hasta los gatos están tirando y tú muriendo en un hotelucho del sur”. La fiebre aumenta, recuerdas a la rubia Loreal y le mentas la madre. La máscara no servirá de nada al amanecer, si es que amaneces, claro, porque seguro te morirás el día de los muertos y a la mañana siguiente ya es otro día, la versión mañanera de The Walking Dead, y entonces ves la imagen de la rubia Loreal muriéndose de risa y te coges la mejilla pero el dolor es tan intenso y tan ardiente que pierdes el sentido, y antes de morirte hasta que amanezca, ves destellos blancos, rojos, azules, verdes como la Pilsen en medio de la noche, y se te cierran los ojos. Y en el techo los gatos maúllan su placentero final. 



sábado, noviembre 08, 2014

FALLECIÓ AURORA BERNÁRDEZ, EX ESPOSA DE JULIO CORTÁZAR

Aurora Bernárdez (Buenos Aires, 23 de febrero de 1920 – París, 8 de noviembre de 2014)

Una noticia muy triste nos llegó esta mañana: Aurora Bernárdez, ex esposa y albacea literaria de Julio Cortázar, falleció hoy a las 8:25 de la mañana en la ciudad de París. La noticia, que fue confirmada mediante un comunicado por Guillem d’Efak Fullana Ferré, director de la Agencia literaria Carmen Balcells, dejó a todos sorprendidos.“Lamentablemente confirmamos la noticia. Aurora Bernárdez ha muerto esta mañana a las 8:25h en París”, afirmó en un comunicado esta mañana en Madrid, Guillem d’Efak Fullana Ferré, director de la Agencia literaria Carmen Balcells. La traductora argentina se encontraba hospitalizada desde la semana pasada, luego que se desmayara víctima de un ataque vascular, que la dejó inconsciente. Desde entonces permaneció internada en el servicio de neurología del hospital Sainte Anne, ubicado en el distrito XIV de la capital francesa.

Aurora Bernárdez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y una pareja de amigos, en Grecia.

Aurora Bernárdez fue una persona clave en la vida y obra de Julio Cortázar, tal vez una de las mujeres que más lo amó. Aunque era poco esquiva para las cámaras, participó junto a Carlos Fuentes, Julio Ortega y Sergio Ramírez en una mesa inolvidable dedicada al gran escritor argentino, el 19 de mayo de 2010, celebrada en Casa de las Américas en Madrid. Bernárdez es considerada por los especialistas como una de las mejores traductoras de su generación (traducía del francés, inglés e italiano), y entre sus trabajos figuran obras maestras de autores como Lawrence Durrell, Gustave Flaubert, Italo Calvino, Vladimir Nabokov, Albert Camus, Jean-Paul Sartre y William Faulkner, entre muchos otros.

Aurora Bernárdez y Julio Cortázar, en una fotografía de juventud.

Aurora Bernárdez nació en Buenos Aires, el 23 de febrero de 1920, ciudad donde estudió Letras, en la Universidad de Buenos Aires (UBA), para luego graduarse como licenciada en Literatura. Es por ese tiempo que conoce a Cortázar, gracias a su amiga, la también escritora, Inés Malinow, una tarde de 1948 en el porteño café Boston. Julio Cortázar entonces ya tenía varios escritos pero era aún un desconocido. Su relación se afianzó en 1952, cuando Bernárdez dejó Buenos Aires para instalarse en París junto a Cortázar. De aquella etapa, Bernárdez recordaría casi con gracia los primeros difíciles años: “Comíamos kilos de papas fritas, hacíamos los bifes casi clandestinamente porque en la pieza del hotel no había cocina, ni se nos autorizaba cocinar, abríamos la ventana del cuarto para que no humeara tanto”. Las dificultades económicas los llevaron a mudarse a Florencia y luego a Roma (esto lo cuenta Cortázar en la ya célebre entrevista que le hiciera Juan Soler para el programa “A fondo”), donde la vida era menos cara, para volver un año más tarde (1953) a París y casarse en el barrio de La Mairie. El matrimonio duró 14 años, y a pesar de su separación definitiva en 1964, ambos mantuvieran una relación de amistad muy fuerte, hasta la muerte del escritor, en 1984; hay que recordar que Cortázar la nombra su heredera universal y albacea de su obra completa, un gesto que dice mucho de lo felices que fueron y de la amistad que alimentaron a lo largo de los años, sobre todo porque, a la muerte de Carol Dunlop, fue Aurora Bernárdez quien se hizo cargo de Cortázar cuando este cayó gravemente enfermo de leucemia. Desde la muerte del escritor argentino, Bernárdez se dedicó a reunir su obra completa, rescatar sus artículos y ensayos, editar sus obras inéditas, reunir sus papeles y correspondencia, ordenar el “archivo Cortázar” que donó a la Junta de Galicia, entre otros. A ella le debemos las últimas entregas dedicadas al gran escritor argentino.
Descanse en paz, doña Aurora Bernárdez.


jueves, octubre 09, 2014

PATRICK MODIANO, NOBEL DE LITERATURA 2014

Foto: elsemanario.com

El escritor francés Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945), ha recibido hoy el premio nobel de literatura 2014. Considerado uno de los narradores europeos más influyentes, el autor de novelas como “Dora Bruder”, “El café de la juventud perdida”, “El lugar de la estrella”, “Un pedigree”, entre otras, ha desarrollado su universo literario en novelas breves pero intensas muy vinculadas a la época de la ocupación alemana en Francia y la búsqueda de la identidad. El premio, dotado con ocho millones de coronas suecas, alrededor de un millón de euros, será entregado el próximo 10 de diciembre de manos del rey de Suecia, Carlos XVI Gustavo de Suecia.

Patrick Modiano. Foto: letemps.ch

La Academia Sueca le ha concedido el galardón "por el arte de la memoria con el cual ha evocado los destinos humanos más inasibles y develado el mundo-vida de la ocupación", según se reveló hace algunas horas en la anunciación oficial. Modiano se convierte así en el quinceavo Nobel francés, la nación más premiada en la historia de este premio.


Hijo de un empresario y una actriz, Patrick Modiano nació el 30 de julio de 1945 en la localidad de Boulogne-Billancourt, un suburbio de París. Durante su temporada escolar tuvo como profesor de geometría a Raymond Queneau, escritor que jugó un papel clave en su desarrollo. En 1968, hizo su debut como escritor con La place de l'étoile (La plaza de la estrella), novela que atrajo la atención de los lectores y la crítica por centrarse en temas como la memoria, la identidad, la culpa y la ciudad de París, que está siempre presente en todas sus demás obras.

Es autor también de una obra de carácter documental, “Dora Bruder” (1997), cuya trama cuenta la historia real de una chica parisina de quince años que se convierte en una de las víctimas del Holocausto. Su última novela es Pour que tu ne te perdes pas dans le quartier (2014). Ha escrito además libros infantiles y guiones de cine, como Lacombe Lucien (1974), que realizó junto al director Louis Malle, y que narra la ocupación nazi de Francia.

Escritor difícil para las entrevistas y poco elocuente, el francés ha dado la sorpresa al saltar del sétimo lugar en las apuestas, dejando en el camino a favoritos como la argelina Assia Djebar, la bielorusa Svetlana Alexijevich, el africano Ngugi wa Thiong´o, el japonés Haruki Murakami o la estadounidense Joyce Carol Oates. 

Nobel anteriores:
El pasado año fue Alice Munroe la escritora galardonada. Los anteriores ganadores del Premio Nobel de Literatura fueron Mo Yan (2012, China), Tomas Tranströmer (2011, Suecia), Mario Vargas Llosa (2010, Perú), Herta Müller (2009, Rumanía, Alemania), Jean-Marie Gustave Le Clézio (2008, Francia), y Doris Lessing (2007, Reino Unido).

martes, septiembre 23, 2014

Pachi Valle Riestra: danzar del otro lado del escenario

Bailarina y coreógrafa Pachi Valle Riestra (Foto: Perú 21)

A pesar de estar alejada de los escenarios debido a una lesión en sus rodillas, el fuego y la pasión por la danza se mantienen intactos. Pachi Valle Riestra sonríe y recuerda su larga temporada como jurado de concursos de baile en la televisión, su primera compañía, los viajes por el mundo y los escenarios en los que derrochó talento y energía. El arte entonces es como el fuego de Prometeo: una llama infinita, llena de sabiduría, que no se apaga nunca.

Los primeros años de su vida, Pachi los pasó en varios lugares del continente debido al trabajo de su padre, un ingeniero agrónomo amante de las letras y que esperaba que ella, su segunda hija, fuera escritora, razón por la que Pachi fue, antes que bailarina, una gran lectora. Pero su historia es también un paseo por distintas geografías: nació en Estados Unidos pero la trajeron a Lima a los seis meses de edad. A los siete años se mudó con sus padres a Bogotá, Colombia, y regresó al Perú cuando cumplió catorce. Al terminar el colegio en Lima se fue a estudiar danza moderna a Nueva York durante ocho largos años, para regresar en 1995 y aplicar, por culpa de destino y el azar, todo lo que había estudiado con esa pasión que desborda cuando habla del baile y la danza.

Su gusto por esta expresión artística nació de la admiración que sentía –y aún siente- por su hermana mayor, también bailarina -que este 2014 ha anunciado su retiro-. El colegio fue entonces el lugar donde empezó todo: ella (mi hermana) bailaba siempre, entonces yo siempre la quería imitar, mi interés por bailar nace de muy chiquitita; me inscriben a clases de baile a los siete años, cuando estaba en Colombia, primero como creatividad corporal, e inmediatamente después al jazz y luego al ballet, desde los siete años puedo decir que bailo rigurosamente.

Dicen que el destino de cada uno está trazado en algún lugar del universo, y debe ser cierto. La formación de Pachi empezó realmente con el Jazz, que practicó durante algunos pocos años para luego entrar a una etapa de puro e intenso ballet clásico que, aunque no le gustaba mucho, también cultivó con éxito. La escuela de danza de Bogotá era la primera en su tipo en tierras caribeñas, su nombre era “El Estadio” y fue fundada por el colombiano Rafael Sarmiento y por la rumana Irina Brecher, quien años después sería la coreógrafa de los bailarines de Michael Jackson.
La danza moderna y la danza contemporánea: mayor capacidad de expresión 
(Foto: escuelas de danza moderna en Bogotá, Colombia).

A pesar de lo aburrido que le resultó el ballet al inicio (en comparación con el jazz, que  gustaba más), tuvo una etapa en que decidió ser bailarina clásica; al regresar a Perú a los catorce, entró a formar parte del ballet municipal durante dos años, pero cuando conoció la danza moderna decidió que era ese su destino. La danza moderna, nos explica, es toda esta corriente de lo más versátil, que después se le llama danza contemporánea, pero la “madre” es la danza moderna,  y esta me cambió la vida; el uso del tronco, mucho más terrenal, esa sensación en el cuerpo, como un proceso de creación, me parece más interesante, y a pesar de ser muy de niña ya reconocía esas diferencias porque hacía las obras desde cero; en cambio en el ballet clásico por lo general eran obras de repertorio, ya están hechos, uno se tenía que aprender los pasos, uno no se sentía parte de la creación.

Tal vez el ritmo, ese “asunto frenético” tenga que ver con la infancia en Bogotá y Cali. Colombia es un país salsero y de cumbia y vallenatos, pero en aquellos años Bogotá mantenía un carácter más “formal”, más de sierra, y no cultivaba mucho lo “caribeño”. Pachi se define, en cuanto a gustos musicales, como ecléctica: algo interesante de la danza moderna y contemporánea es que la música que la acompaña puede ser cualquiera; el ballet clásico se asocia con tal o cual tipo de música, pero en la danza moderna y contemporánea se puede usar absolutamente todo, puedes hacer música más experimental, como en los ochenta todo el mundo lo hacía, de pronto puedes usar tambores africanos, puedes usar un bolero, puedes usar cero música: el silencio también tiene su magia. La danza contemporánea realmente es un abanico  de posibilidades.

Pachi Valle Riestra en su Taller de Historia de la Danza Contemporánea

Y es que dentro de las múltiples posibilidades de la danza está también la improvisación, y Pachi tiene claro que incluso el impro requiere de una disciplina férrea y de coordinación, pues no se trata de pararse frente al público y hacer lo primero que se te ocurra, hay que estar en un estado de alerta constante, seguir una serie de pautas; las improvisaciones sin reglas pueden ser terapéuticas, pero se consideran propuestas de investigación (o artísticas), en cuanto a escenas son pocas las veces que uno puede subir a improvisar, si se hace, igual responde a una estructura tan clara que de repente son solo ciertos movimientos los que se improvisan. La danza no siempre nos cuenta historias, busca más bien el estímulo en quien la observa, busca generar una emoción, una pregunta, de hecho todo lo que sucede en el escenario tiene que generarle algo al público, aunque no necesariamente es como un cuento, la danza no tiene por qué ser narrativa.

La vida de Pachi Valle Riestra ha estado siempre ligada, desde muy pequeña, a los escenarios. Regresando de Colombia ingresa al ballet municipal y luego conoce a Lily Zeni, quien junto con Oscar Natters formaron un grupo que luego se llamó “Íntegro”. Pachi era la menor de todas las bailarinas y eso le dio la oportunidad de aprehender la gran experiencia de sus demás compañeras y compañeros de danza; ser pequeña y participar con profesionales experimentados le brindó esa solvencia que la acompaña hasta hoy. Y contra lo que uno pueda pensar, sus padres no estaban muy contentos con la danza: Mis padres me apoyaron, pero no es que a ellos les interesara la danza, mi mamá durante mucho tiempo -sobre todo cuando hacia ballet clásico-, me compraba unos libros terroríficos de historias de bailarinas, anoréxicas, drogadictas, lo que ella quería era que no hiciera ballet, porque pensaba que el mundo del ballet no me hacía bien; si bien mis padres han apoyado y respetado lo que mi hermana y yo hemos deseado hacer, no es que ellos hayan estado muy felices que digamos.

Y aunque no les gustara del todo, apoyaron estimulando la disciplina que se necesita para tan difícil arte, y es esta disciplina la que finalmente terminó forjando su carácter. Cuando sucedió el problema con sus rodillas, que terminó en una operación que la postró durante siete meses en cama, la disciplina estaba tan instalada en ella que se despertaba a las siete de la mañana y realizaba ejercicios básicos para no perder motricidad. Luego iniciaba su rutina de escritura (está preparando un guion para dirigir a fin de año), y después vuelve a los ejercicios. Debe ser muy difícil para alguien que toda su vida a danzado, de pronto encontrarse con que no puede hacerlo. La exigencia drástica es la que se encargó de desgastar sus articulaciones, y sin embargo, superado el shock inicial, ahora prepara nuevas facetas, siempre vinculadas a lo suyo.

Escena clásica de "Fama", una de las series sobre danza más famosas de la década del 80.

Disciplina. Ensayo y error. Ensayo y experiencia. Pachi recuerda que los primeros años de estudios en Nueva York fueron también los años del descubrimiento de la vida y el amor, años intensos de aprendizaje. Los entrenamientos era duros, como en la serie “Fama”, aquella de los años ochenta que contaba la vida y tragedias de unos estudiantes de danza en un bachillerato en el New York High School Performance Art. La universidad donde estudió Pachi era estatal (la SUNY), y muchos de los alumnos que ahí ingresaban provenían de ese bachillerato neoyorkino. La graduación era también resultado de esa disciplina: había que ensayar hasta el desmayo para poder egresar de la universidad, y aunque Pachi no recuerda que alguien pusiera tachuelas en los zapatos de nadie, sí tiene presente el tiempo que tuvo que dedicarle a su presentación, pues para graduarse tenía que bailar en el taller de un bailarín reconocido, montar una pieza y crear, eso era lo emocionante: esa era “tu noche”.

La pieza que escogió fue una de José Limón, llamada “La Palinche”. Limón fue un coreógrafo que nació en México y creció en Estados Unidos, y es considerado una de las personalidades más importantes en el mundo de la danza moderna. Una maestra que la quería mucho y que además había bailado en la compañía de Limón –Sara Staham-, le propuso que bailara esa pieza, y como era parte de la compañía de Limón, ella le enseñó lo que necesitaba. Fue una época maravillosa, recuerda Pachi, el miedo que se siente cuando uno se va a graduar, el pánico, pues a ella la educaron para ingresar a una gran compañía de baile, cosa que nunca hizo; yo bailé cuatro años más con coreógrafos independientes, pero ese sueño de irse a la gran compañía que hace tours por todo el mundo, no me emocionaba tanto. Entrara o no a una gran compañía, para mí la vida seguía siendo maravillosa, me gustaba mucho crear, yo tenía ganas de hacer mis propios trabajos, me junté con tres coreógrafas más cuando me gradué y tuvimos un grupo que se llamó Birlibirloque, y obtuvimos buena crítica de parte de los medios especializados.

Esta época duró un buen tiempo y, sin embargo, ocurrió algo que Pachi cuenta con cierta desazón: una pena de amor hizo que regresara sin pensarlo, al Perú, abandonando todo. Durante el último tiempo en Nueva York, Pachi se había enamorado de un muchacho, pero esa relación, que empezó con la ilusión de todas las historias, cayó en un marasmo de dependencias que fueron mellando el amor de ambos. La relación se tornó terrible y no se decidían a cortar por lo sano. Un día, Pachi sintió que necesitaba un respiro urgente, un poco de aire fresco, algo que cambiara el panorama sombrío en el que estaba. Y entonces recordó al Perú y, aunque tenía pocos vínculos con esta tierra (si bien sus padres vivían en Lima, su hermana estaba en el extranjero, y el poco tiempo que había pasado en Lima no había bastado para establecer los lazos necesarios para quedarse), pensó que era el lugar indicado para tomarse el respiro necesario y luego retornar. Nunca más regresó. No había terminado de desempacar sus maletas y ya la estaba llamando July Natters, invitándola a participar en una obra suya, “La calle”, donde Carlos Alcántara era el protagonista. Al poco tiempo, Rosanna Peñaloza y Milena Carbone le proponen crear la escuela Pata de Cabra y de pronto empezaron las ofertas maravillosas, las oportunidades de hacer cosas, la vida nueva como agua fresca y de pronto se abrieron miles de posibilidades y se fue quedando y quedando y dejó todo en Nueva York, incluyendo el rencor que provocó en sus amigas de Birlibirloque por irse sin siquiera decir a dónde ni cuándo retornaría (el grupo se separó al poco tiempo y cada una de ellas se dedicó a seguir sus propios caminos).


Escuela Pata de Cabra

La experiencia con Pata de Cabra fue algo que siempre estuvo anhelando. Hoy, a la distancia, Pachi mira por la ventana de su departamento y dice que es algo que quisiera volver a tener. Un proyecto directo, propio, que además es un proyecto de formación interesante para las nuevas generaciones. Recuerda que mucha de la gente que ahora está trabajando danzando o realizando coreografías, salieron de Pata de Cabra, éramos unas pésimas administradores, éramos tres artistas queriendo danzar y enseñar a bailar, no teníamos ni idea de lo que era administrar algo así, nos cuenta, y entonces menciona la palabra clave: experiencia.

La danza, como la vida misma, sigue sus propios caminos, tiene sus propios ritmos y tensiones, su propia dinámica, sus alegrías y tristezas. Dedicada ahora a la docencia universitaria y a la escritura de sus propios guiones, Pachi se despide contando que espera estrenar su primera obra escrita por ella a fin de año. Los proyectos siguen naciendo, y aunque ya no puede bailar, la dirección es algo que también la seduce. Ahora entonces, desde el otro lado del escenario, se prepara para un nuevo reto. Y sigue sonriendo.


martes, agosto 19, 2014

MARGO GLANTZ SOBRE "LA VIDA A PLAZOS DE DON JACOBO LERNER"

Margo Glantz (Foto: catedraabierta.udp.cl)

La escritora, periodista, profesora y traductora Margo Glantz (México, 1930) comparte con nosotros el prólogo que escribiera para la edición de homenaje de "La vida a plazos de don Jacobo Lerner", del escritor peruano Isaac Goldemberg. 

1.- Roland Barthes afirmaba en La preparación de la novela, libro póstumo, registro de su último curso en El Colegio de Francia, poco antes de su muerte en marzo de 1980:  
Pertenezco a una generación que ha sufrido demasiado la censura del sujeto: ya sea por la vía positivista (objetividad requerida en la historia literaria, triunfo de la filología), ya sea por la vía marxista (demasiado importante, aun cuando ya no lo parezca, en mi vida). Valen más los señuelos de la subjetividad que las imposturas de la objetividad.  Vale más el Imaginario del Sujeto que su censura. 

2.- Y aunque en La vida a plazos de don Jacobo Lerner del escritor peruano Isaac Goldemberg, publicada por vez primera en Nueva York en 1976 y varias veces reeditada y traducida,   el protagonista no sea el sujeto de la narración y de él tengamos noticias sólo a través de “bocas ajenas” , las que emiten  los demás personajes de la novela en primera persona, convirtiéndolo en objeto del discurso, la novela es necesariamente subjetiva, o al menos expresa la subjetividad de quienes acabarán siendo los fantasmas de don Jacobo, o de su hijo Efraín, al que nunca conocerá y de quien sólo tendrá noticia justo a través de los otros hablantes.
En efecto, el libro comienza con esta frase: “La noche antes de morirse, Jacobo Lerner pensó que su muerte originaria leves catástrofes”.
Catástrofes parecidas a las imaginadas por los niños que sueñan con morirse para saber si de verdad son queridos, o si de verdad  forman parte de una historia, aunque fuera familiar. Y esas catástrofes imaginadas podrían acaecerles a otros personajes  involucrados directa o indirectamente con el próximo difunto: su cuñada, su hermano,  su querida,  la hermana de su cuñada, sus amigos, la madre católica de su hijo bastardo Efraín - el otro sujeto esencial del discurso, aunque se trate de un sujeto privado de discurso lógico- y todos aquellos, católicos o judíos,  que habitarán en los pueblos cercanos a Chepén, lugar de nacimiento de Isaac, el novelista, y  por donde deambulara el abonero, esa figura del fracaso.
Cerca y luego, los habitantes de Lima, la capital, donde vive el grueso de la comunidad judía del Perú, también protagonista de esa historia híbrida,  como la llama el propio autor en alguna de sus entrevistas:
“Lo que se da en mi obra es el deseo de experimentar profundamente el exilio judío, no sólo como acontecimiento histórico sino también como un suceso mítico. Al referirme constantemente al pasado, sobre todo en mis poemas, lo que intento es recuperar una serie de mitos todavía latentes en el judaísmo. Y trato de hacer lo mismo al ocuparme de los mitos peruanos para explorar esa otra parte de mi ser. Es decir, viendo la historia no como una mera sucesión de eventos sino como un conjunto de hechos que se despliegan a partir de una cosmovisión cosmológica compartida. Por eso mis novelas o mis poemas no deben tomarse como una autobiografía, ni como una historia real de la comunidad judía peruana, ni de cierta vida provinciana en el Perú. Todo eso sólo sirve de telón de fondo para presentar una experiencia en la cual lo histórico vuelve a participar de ciertas memorias míticas”. 

3.- De entre los muchos elogios que este libro ha suscitado, extraigo este de Severo Sarduy:
“Los detalles de la implantación americana, esa mezcla de Antiguo Testamento y brujería: la Torá envuelta en lianas, ese es el emblema de la novela. Y algo más: estamos hartos de Sinagoga vencida —como en las fachadas góticas— frente a una iglesia triunfante, hartos de judaísmo lacrimoso. En La vida a plazos de don Jacobo Lerner Goldemberg subvierte esa tradición afligida con su humor, con su distancia constante, kitsch hebreo antes del kitsch”.
Me encanta la definición: “la Torá envuelta en lianas”. Sin comentarios adicionales.  

4.- Libro emblemático, su confección es digna de exaltarse. Si la vida de don Jacobo tuvo como signo el crédito, la novela, así como las operaciones realizadas por su protagonista, se nos entrega a plazos. Leemos cómo se disparan incansables  retazos de historias, recortes de  periódicos, voces diversas - femeninas y masculinas, infantiles y adultas-; corren asimismo murmullos, chismes, oraciones, sobrevienen sueños, pesadillas: exigen atención y paciencia lúdicas para poder  armarse como si se tratase de un rompecabezas, con lo que el libro podría prefigurar la construcción ideada por Georges Perec en La vida instrucciones de uso (1978)  o también, y  aún  más cerca quizá, desplegar a su especial manera y, gloriosamente, esa pluralidad de  voces, método antes perfeccionado por Manuel Puig en Boquitas pintadas de 1969. 


SOBRE MARGO GLANTZ: La escritora, periodista, profesora y traductora Margo Glantz nació en la Ciudad de México en 1930. Profesora emérita de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, es desde 1995 miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua e investigadora emérita del SNI desde 2004. Ha enseñado en varias universidades del extranjero: Yale, Princeton, Berkeley, Harvard, Barcelona, París. Su obra se caracteriza por el hábil manejo del lenguaje, por la erudición, por su agudeza crítica y por su originalidad creativa. Es autora de libros de ensayo, cuento y novela, entre los que destacan: Las genealogías, Síndrome de naufragios, La lengua en la mano, De la amorosa inclinación a enredarse en cabellos, Erosiones, ¿Sor Juana Inés de la Cruz, hagiografía o autobiografía?, Sor Juana: la comparación y la hipérbole, Apariciones, Zona de derrumbe y El rastro (finalista del Premio Herralde de Novela). Fundó y dirigió Punto de Partida (UNAM) y Guía de Forasteros (INBA). Ha recibido las becas Rockefeller y Guggenheim, el Premio Magda Donato (1982), el Xavier Villaurrutia (1984), el Sor Juana Inés de la Cruz (2003) y recientemente el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2004 en el campo de Lingüística y Literatura. Doctorado Honoris Causa por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2011.Candidata al Premio Príncipe de Asturias, 2011; propuesta por la Real Academia Española al Premio Miguel de Cervantes, 2011; Premio al Mérito Cultural de la Ciudad de México, Carlos Monsiváis, 2012.