lunes, abril 18, 2016

Entrevista al escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, finalista del II Premio de Novela Mario Vargas Llosa

Juan Gabriel Vásquez, finalista del II Premio de Novela Vargas Llosa (Foto: Jaime Cuellar)
Juan Gabriel Vásquez, finalista del II Premio de Novela Vargas Llosa (Foto: Jaime Cuellar)
Una entrevista de Gabriel Rimachi Sialer

Considerado como “una de las voces más originales de la nueva literatura latinoamericana”, el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, finalista del “II Premio de Novela Mario Vargas Llosa” por su novela “La forma de las ruinas”, llegó a Lima para participar en una serie de mesas con motivo de la bienal que lleva el nombre del Nobel.

Escritor, periodista y traductor, Juan Gabriel Vásquez se ha convertido en un referente dentro del panorama literario internacional por la forma en que aborda la historia de Colombia, por esa forma en que busca no “recuperar la memoria” sino intentar responder las grandes dudas de un país asolado durante medio siglo por las guerrillas, los paramilitares, los políticos y la corrupción. Conversamos con él entonces sobre su trabajo como novelista y su apreciación del momento político que vive América Latina.

Desde hace varios años la literatura colombiana se ha volcado a indagar en los momentos históricos más importantes y difíciles que les ha tocado vivir. Una exploración de lo vivido.

Siempre he entendido a la literatura como la exploración del mundo y mis novelas trabajan en ese sentido. Ocurre que muy fácilmente se escapan del contexto puramente colombiano y me obligan a entender una situación política en su marco más amplio. Los eventos que exploran mis novelas están relacionados con un devenir histórico mucho más amplio, por eso es que si uno lee todos mis libros te encuentras con una historia alternativa de Colombia, prácticamente desde el siglo XIX como en “Historia secreta de Costaguana”, hasta el narcotráfico y el narcoterrorismo en “El ruido de las cosas al caer”. Lo que me ha pasado es que mi trabajo como escritor se ha mezclado como mi trabajo de columnista, pues durante siete años mantuve una columna semanal de política (hace un año la dejé), y eso pone al novelista en una situación muy rara, porque para mí escribir novelas y escribir columnas son dos actividades contradictorias y opuestas. Uno escribe novelas porque tiene incertidumbres, porque tiene preguntas, porque duda, y en cambio las columnas son ejercicios de certidumbre. Cuando uno escribe columnas uno está absolutamente convencido de algo y quiere convencer, quiere hacer proselitismo. Y eso te pone en una situación esquizofrénica con relación al mundo público, al mundo de la política, que es difícil de llevar pero es interesante a la vez.

Es inevitable que la opinión de un escritor que a la vez tiene una columna política le granjee muchas enemistades, y que a la vez, esta animadversión extrapole a su literatura.

Ese es uno de los gajes del oficio, sobre todo cuando uno se plantea la escritura de opinión como me la planteo yo. Una manera absolutamente contestataria: mi objetivo es molestar, incomodar, aguar la fiesta. Yo solía pensar que si después de publicar una columna no recibía insultos ni agresiones, entonces había perdido el tiempo de alguna manera. Entonces eso contamina la escritura creativa, es inevitable, y yo creo que ningún novelista en su sano juicio trataría de evitar porque eso implicaría una especie de autocensura, y la idea de modificar mis columnas para que no afecten la opinión que los lectores tienen de mis novelas me parece contraria a todo lo que yo he creído siempre sobre la labor del intelectual.
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En Perú un grupo de escritores planteó que el tema de la violencia política, el terrorismo, era un tema agotado, que se debía explorar otros territorios, tal vez más íntimos ¿algo así ocurre entre los escritores colombianos con el tema del narco y la guerrilla, son un tema ya agotado?

El debate es el mismo y mi respuesta es: no. Y la prueba es que siguen saliendo series de televisión, películas, novelas, a casi 23 años de la muerte de Escobar y 30 años de comenzar la década del terrorismo, seguimos contando historias porque no entendemos todavía lo que pasó. Porque no hemos llegado al fondo de lo que pasó. Y cuando en sociedades como las nuestras un tema sigue molestando, hiriendo sensibilidades, sigue despertando un sentimiento de polarización en la sociedad, es porque no hemos llegado al fondo de eso. Y seguirán saliendo historias para tratar de hacerlo, para tratar de explorarlo, de manera que no, yo creo que estos temas nunca se agotan. Lo que se agota es la explicación histórica; pero la explicación moral, que es a lo que van las novelas, esa capacidad que tiene la ficción para ir a buscar las consecuencias morales y emocionales de los eventos históricos en individuos distintos en sensibilidades distintas, que es lo enriquecedor de la ficción, es algo que no se agota.

Pero existe siempre el peligro de que se banalice el tema al punto de tornarse frívolo y vacío.

Sí, yo creo que eso es posible, como tantos otros eventos históricos, otros temas, hay tratamientos sensacionalistas, baratos, que toman atajos morales e intelectuales, y hay tratamientos serios, responsables, interesados en descubrir otros aspectos, y eso es bienvenido. Hay que confiar en el criterio de quien recibe la historia, el lector, el espectador. Un criterio nos hace separar la paja del grano, pero la paja estará ahí siempre.

Con todos los cambios que están sucediendo ahora en América Latina, ¿qué te pareció la visita histórica de Obama a Cuba?

Bueno, es parte de una gran transformación que está viviendo América Latina. Date cuenta de que esa visita de Obama coincide con los últimos pasos del proceso de paz colombiano, las negociaciones de paz entre las guerrillas y el gobierno colombiano, que están tratando de acabar con una guerra de cincuenta años. Es una guerra contemporánea de la Revolución Cubana. Entonces yo creo que todo forma parte de la misma sinergia de un continente que está tratando de dejar atrás modelos caducos de sociedad, que han dejado más atropellos e injusticias que beneficios, desde lo que ha sido el régimen de los Castro a la guerra de cincuenta años de Colombia que ha descendido a unos niveles de crueldad por parte de la guerrilla, por parte del paramilitarismo, por parte de los crímenes de Estado, que no existen ya en ningún país de Latino América, que es, ahora, como una serpiente cambiando de piel en este momento. Y eso está bien.

¿Consideras que las FARC entonces deberían convertirse en un partido político?

Considero que es inevitable y que nos corresponde a los colombianos tomar la responsabilidad de decir en la vida democrática lo que pensamos de ellas. Desde luego yo entiendo la resistencia que provoca en mucha gente la idea de que los mismos individuos que han causado tanto sufrimiento con secuestros, con minas antipersonales, entren ahora en el mundo político por puertas abiertas, pero de eso se tratan estos procesos de paz, estos procesos políticos, es lo mismo que pasó en Irlanda, en Centroamérica en los años 80, lo mismo que pasó –guardando las distancias- en la Sudáfrica del Apartheid. Son estos procesos los que llevan a la paz. Y si uno quiere la paz tiene que aceptar que los antiguos enemigos militares se vuelvan ahora enemigos políticos.

¿La “reconciliación” no es acaso una utopía de uso político?

La historia ha demostrado que no es un absurdo, que nunca es perfecta, siempre quedan heridas. Se ha demostrado que el perdón completo no es posible, ni el olvido. Pero sí es posible llegar a la reconciliación necesaria para seguir adelante. La otra opción es quedarnos como ahora, matándonos todos los días produciendo 10 mil o 15 mil muertos al año. Y quien prefiera esa opción creo que tiene una idea de la civilización que no es la mía.

Viendo lo que ha ocurrido en Argentina, en Colombia, En Perú, lo que viene sucediendo en Brasil, ¿consideras que la izquierda es una opción de desarrollo en América Latina?

Considero que la izquierda democrática como modelo filosófico sigue siendo perfectamente válida, lo que pasa es que en la práctica no la hemos sabido aplicar en Latino América, donde la izquierda ha tomado una deriva populista y demagógica que a mí me parece absolutamente nociva y que conduce a fracasos estatales, pero la idea de una sociedad que como modelo democrático practica un liberalismo de izquierda –digamos, a la europea-, a mí me sigue pareciendo profundamente válida y espero constantemente que surja en América Latina una opción política así, que sea capaz de recoger ciertos postulados de justicia social, del papel del Estado pero sin nunca renunciar a las libertades y a eso es a lo que refiero cuando hablo de liberalismo de izquierdas, y eso es lo que no hemos visto en Latino América.

miércoles, abril 06, 2016

ENTREVISTA. Pedro Salinas: La primera batalla ganada contra el Sodalicio

Pedro Salinas, investigando desde el corazón del sodalicio. (Fotos: Maritza Rosales)
Pedro Salinas, investigando desde el corazón del sodalicio. (Fotos: Maritza Rosales)


Los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz publicaron en 2015 el libro “Mitad monjes, mitad soldados”, una investigación de cinco años donde denunciaban los abusos físicos, sexuales y psicológicos que perpetraron durante décadas los miembros del Sodalicio de Vida Cristiana, comandados por Luis Fernando Figari, quien acaba de ser expulsado oficialmente de dicho movimiento tras ser hallado culpable de todas las acusaciones que se le imputan. Esta es parte de la extensa entrevista que sostuvimos con Pedro Salinas para la edición impresa de Cocktail 6.


Tras el éxito y el escándalo que desató el libro ¿qué ha sucedido con esta denuncia contra el Sodalicio de Vida Cristiana?
Después del barullo mediático lo que ha venido ha sido una situación muy parecida a lo que se ve en la última escena de Spotlight cuando los periodistas de la Unidad de Investigación empiezan a recibir llamadas telefónicas de nuevas víctimas. La gente se ha quedado con la imagen de los abusos sexuales, pero esta es una Institución de características totalitarias, donde a través de técnicas de control mental y coerción psicológica, procura lavarles el cerebro a los jóvenes, convertirlos en talibanes para ponerlos al servicio de la organización liderada por un sátrapa como Luis Fernando Figari, donde el abuso de poder es un asunto de todos los días.

Tú mismo has presentado ante el Tribunal Eclesiástico graves denuncias que nunca tuvieron respuesta.
Ocurrió que llegó a mis manos una denuncia muy grave contra Figari y me pidieron que la envíe a través de mi conserje al tribunal eclesiástico, obviamente acepté porque sabía quién era la víctima, pero después me dije “cómo voy a mandar una cosa tan delicada, que a esta persona le ha costado sangre, sudor, lágrimas, a través de un conserje” es por eso que decidí llevarla personalmente. Luego de esto pasé todo un proceso burocrático pero logré encontrar al padre Victor Huapaya Quispe, presidente del TE, a quien le hice llegar las denuncias que implicaban a Figari en el 2011 (en ese año se presentaron tres de abuso sexual). Yo me sentía muy comprometido con esta gente, y cuando escuché al cardenal Cipriani, cuatro años después, decir que “como el Arzobispado no tenía nada que ver con la historia, derivamos el caso a Roma”, me pareció muy cruel porque se re victimizaba a las personas.

Más que una cuestión económica es una cuestión de poder.
Claro, la denuncia de fondo demuestra que hay abuso de poder en este tipo de Instituciones, que tienen antecedentes a nivel latinoamericano como el de Marcial Masiel, en México, quien fue fundador de “Los legionarios de Cristo”. Después de éste, el de Figari es el caso más paradigmático en toda la región. Lo que descubrimos es algo bastante grande, distribuido en los cinco continentes y que mueve millones en todo el mundo.
(Fotos: Maritza Rosales)
Pedro Salinas (Fotos: Maritza Rosales)
¿La ley peruana no protege a las víctimas de alguna forma?
Hay una instancia en el Ministerio de Justicia que debió actuar y no hizo absolutamente nada. La fiscalía ha intervenido de oficio pero me parece que la línea investigativa (la de los abusos sexuales) no era la más idónea ya que no va a arribar a nada. Tienes esta figura de la prescripción que parece haber sido hecha para librarle la culpa a los pederastas. Si Luis Fernando Figari se sintiese inocente, habría dado la cara y afrontado el problema. Pero no, él puso un abogado, se mudó a Roma diciendo que no volvería al Perú. Las víctimas sólo se han entrevistado con la comisión que creó el mismo Sodalicio, con miembros cristianos y católicos relacionados al Sodalicio.

Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio ha anunciado la expulsión de Figari y pedido al Papa el retiro de su “exilio de reflexión” en el Sodalicio.
El gesto del reconocimiento es una buena noticia. Ahora, sin ser aguafiestas, igual hay que mantener el ojo avisor respecto de esta institución ya que en el pasado, cada vez que ha tenido señalamientos de hechos graves, ha respondido con falacias, comunicados y pronunciamientos aparentemente impactantes pero que nunca han cumplido a cabalidad. Yo quisiera creer en la buena fe de Alejandro Moroni, pero estamos hablando de una institución contaminada de todas las taras y enfermedades de Luis Fernando Figari. ¿Perdón? Está bien, pero no basta. Hay denuncias de todo tipo, víctimas de daño psicológico, de daño sexual que con una palabra de perdón no se van a sanar. Debería haber una reparación civil. El primer gesto que debería tener esa institución es pedir disculpas públicas para la primera víctima que denunció todos estos abusos, que fue José Enrique Escardó. Con él tienen el deber de repararlo por el maltrato que padeció durante tantos años.

Se ha anunciado también la reorganización del movimiento.
Mira, la actual cúpula también ha sido también señalada por varios ex militantes del movimiento, por cometer abusos físicos y psicológicos, entre ellos el propio Alessandro Moroni. Entonces una de las cosas que debería ocurrir es la renovación de las autoridades actuales. Yo creo que lo que Moroni ha hecho, inteligentemente, es adelantarse a la decisión del Vaticano, que no va a ser una decisión benévola, o por lo menos eso esperamos. Debería ser una sanción que marque la diferencia porque estamos hablando de una organización que ha sido creada y diseñada de una manera vertical y autoritaria con el propósito de someter la voluntad de sus militantes para que estén al servicio del superior general y de la cúpula que lo rodeaba.
Luis Fernando Figari, Alessandro Moroni y German Doig (a quien retiraron el proceso de beatificación cuando estalló el escándalo).
Luis Fernando Figari, Alessandro Moroni y German Doig (a quien retiraron el proceso de beatificación cuando estalló el escándalo).
¿Qué nos falta como sociedad para replicar lo que sucedió en Spotlight?
Lo que pasa después de Spotlight no se ve en la película, comprenderás que para la hechura de este libro yo consumí un montón de libros para empaparme del tema, relacionados a la iglesia, todo ha sido ilustrativo porque te topas con una realidad que existe, y que en mi caso me ha tocado vivir. Gracias a eso también se pudo escribir la historia porque acceder a una investigación desde fuera a estos grupos herméticos es bastante difícil. Para mí fue una maldición pasar por el sodalicio. ¿Qué nos falta como sociedad? Protestar. Nosotros hemos exhibido algo que está pasando, abrimos la caja de Pandora. Estos tipos te enseñan algo de la cara para afuera, pero tú no sabes cómo son adentro, y claro, ha habido un movimiento, un escándalo, la Iglesia Católica ha tenido un remezón bastante fuerte.

Los padres tienen también una responsabilidad grande para con sus hijos.
Todos tenemos la responsabilidad de estar más atentos de la educación de nuestros hijos, y de quiénes asumen este rol que a veces delegan para que otro se encargue de la formación de tu hijo; en mi caso, mi pobre madre (porque yo era un chico problemático), cuando apareció el Sodalicio vio que me discipliné. Para ella fue una solución pero nunca se enteró de todo lo que pasó ahí dentro hasta que leyó “Mateo 10” (la primera novela de Salinas), que fue un exorcismo para mí. El mayor daño que me hicieron fue el romper la relación con mi padre, algo que yo nunca he superado. Cuando sales del Sodalicio te sientes como un extraterrestre al enfrentar la realidad.

Después de la experiencia que tuviste con tu padre, ¿ha sido difícil para ti la paternidad?
Ser padre no es fácil, sin embargo con mis cuatro hijos tengo una relación cercana, no soy un papá que mete ideas o inculca cosas. Siempre les he dicho que sean lo que fueren, cuestionen todo y piensen por cuenta propia.

*(El texto completo en el impreso de revista Cocktail)

miércoles, marzo 09, 2016

Mario Vargas LLosa: "Cinco esquinas" (reseña)


Un encuentro lésbico entre dos amigas de toda la vida –Marisa, esposa de Enrique Cárdenas, uno de los mineros más importantes del Perú; y Chabela, esposa de Luciano Casasbellas, uno los abogados más respetados del medio-, sirve de excusa para iniciar esta nueva y esperada entrega de Mario Vargas Llosa que transita entre lo erótico y el policial, y que nos lleva a la época más oscura del gobierno de Fujimori y Montesinos.

La novela, ambientada en los años finales de la década del noventa, durante la agonía del régimen fujimorista, nos presenta un escenario donde aún la presencia de Sendero Luminoso y el MRTA está activa con sus atentados, secuestros, asaltos a las minas, y voladuras de torres de alta tensión (una licencia histórica -¡!-, digamos, que se ha tomado el Nobel). El terror que en el empresariado desata el secuestro de Cachito, también próspero empresario, es el tema de conversación habitual en la clase alta, una justificación para cuestionar la inseguridad y la corrupción que maneja diestramente “el Doctor”; un cuestionamiento desde el confort y la seguridad que brinda la buena posición económica de las “víctimas”.

Enrique Cárdenas es víctima entonces no del terrorismo tal cual, sino de otra forma de terror: la prensa amarilla que apareció durante el gobierno de Fujimori y Montesinos para extorsionar empresarios y personalidades a cambio de dinero o una pequeña cuota de poder. Aquí Vargas Llosa realiza una descripción interesante del proceso y las formas en que se operaba entonces contra este sector del país, utilizando la figura de la revista “Destapes” y su director: Rolando Garro. Pero el escritor cae en el cliché: el de los buenos/víctimas, buenmozos, bien plantados, exitosos; y el de los malos/también víctimas en su momento, feos, huachafos, enfermos, pobres, miserables. Así, Garro es una caricatura de colores y maneras que alimenta ese cliché del mundo farandulero de colorinches y ambiciones que, de pronto, quiere extorsionar a uno de los hombres más ricos del Perú.

Cinco esquinas, ubicado en los Barrios Altos, es el lugar donde convergen los demás personajes: la retaquita, periodista sin escrúpulos estupendamente construida y definida por Vargas Llosa y además personaje capital en la historia; Juan Peineta, un declamador arruinado por Garro y cuyo odio hacia este es lo que lo mantiene con vida, una vida cuyo destino final es tal vez la alegoría perfecta del enorme grado de miseria moral que vivió el país y sus autoridades en aquella época; Ceferino Argüello, el periodista responsable del detonante de la historia y que vive en un estado de terror y cobardía perpetuo; y los demás personajes secundarios que van desfilando en esta historia de intrigas y suspenso que avanza cronológicamente hasta el capítulo XX.

“Remolinos”, capítulo XX de la novela, nos devuelve por fin al Vargas Llosa arquitecto de la estructura, con un manejo diestro en los diálogos y los tiempos (esas rupturas y flashbacks que no leíamos en sus novelas últimas). Desde aquí la novela se convierte en una constante de velocidad que el lector asume con el vértigo propio de las buenas historias. Los últimos dos capítulos, que cierran la novela, bien valen una sonrisa agradecida.

No creo, como lector, que la historia de la retaquita plantee la posibilidad de que “el periodismo vil y sucio” se convierta “en un instrumento de liberación”. Creo más bien que se convierte en un instrumento de venganza –dentro de esta ficción-, en un ajuste de cuentas en el que los personajes obtienen una victoria pírrica: el olvido de lo sucedido en la memoria colectiva, pero la herida perpetua en el alma –si la tienen- de quienes vivieron la historia.

“Cinco esquinas” es una novela que mantiene al lector en estado de alerta, de lectura rápida, una historia cercana para quienes vivimos la década del 90, vimos la aparición y apogeo de los diarios amarillistas (creados desde el poder y, en algunos casos, financiados por este), y un intento -no logrado- de radiografiar una parte importante de la historia reciente del Perú.

miércoles, diciembre 30, 2015

Audio entrevista: Claudia Salazar "El Perú sigue siendo el último bastión de la Colonia"

Escritora Claudia Salazar Jiménez

Claudia Salazar Jiménez vive hace once años en Nueva York, donde se dedica a la docencia y la escritura. Su primera novela “La sangre de la aurora” (2013), le valió no sólo el reconocimiento de la crítica sino también de los lectores de varios países a donde fue llegando el libro, además de obtener el Premio de las Américas en 2014. Con tres ediciones peruanas agotadas y una nueva por salir próximamente, una edición en Argentina y su próxima publicación en traducción en los Estados Unidos, esta novela impacta por el tratamiento que sobre los años de terrorismo y violencia política que vivió el Perú, ha desarrollado la escritora en la voz de tres mujeres marcadas por un mismo destino: las múltiples formas de la violencia contra la mujer.

Salazar Jiménez es, además, antologadora de “Voces para Lilith”, una colección de antología de temática lésbica escrita por poetas y narradoras que no necesariamente son lesbianas –acota la antologadora-, y de “Escribir en Nueva York. Antología de narradores hispanoamericanos”. De una visión aguda sobre la realidad nacional, conversamos con ella sobre cómo percibe al Perú y la ciudadanía, en esta nueva forma “agresiva” de convivencia local (desde el tráfico, los peatones, hasta la forma en que se aplica la justicia), y de sus libros, principalmente de “La sangre de la aurora”, cuya temática (el de la violencia de los años del terrorismo) algunos escritores y comentaristas han calificado erróneamente como “un tema agotado”.

Activista en favor del reconocimiento de los derechos civiles para la comunidad LGTB, Jiménez Salazar cuestiona el tratamiento que sobre el tema ha ejercido el Estado, principalmente la férrea oposición de la Iglesia católica y las formas en que se realizaron las primeras marchas de la comunidad gay en Lima exigiendo derechos que, en países como Argentina o Chile, son ya reconocidos.

De estos y otros temas interesantes conversamos con Claudia en este último programa del año de “Fahrenheit 051”, y que pueden escuchar en el siguiente podcast:




viernes, diciembre 18, 2015

VIDEO: "Estación Final", la historia de los peruanos que murieron en los campos nazis.

Hace algunos años el periodista Hugo Coya realizó un viaje a los campos de concentración nazi y preguntó si, por casualidad, habían muerto ahí algunos peruanos. Y habían. Este descubrimiento lo llevó a investigar en archivos y a buscar a los pariente vivos de quienes hubieran sobrevivido al holocausto, y escribió entonces "Estación final", un trabajo sobrecogedor, duro y crudo de lo que vivieron los prisioneros de aquellos campos mortales. 

Coya profundiza además en las relaciones que el Perú tuvo a nivel político con Alemania, y uno no puede dejar de asombrarse al leer, por ejemplo, la carta de excusa que envía Hitler al presidente peruano por no haber podido asistir a la inauguración del telégrafo.

Un trabajo que ya lleva 8 ediciones y que nos muestra el lado más oscuro del ser humano, de la guerra, de la esperanza por sobrevivir. Recomendado.

miércoles, diciembre 09, 2015

AUDIO: Entrevista a Paúl Llaque, el amigo íntimo de Jorge Ninapayta


Jorge Ninapayta de la Rosa (1957 - 2015)

Uno de los cuentistas más importantes que ha tenido el Perú en las últimas décadas es, sin duda alguna, Jorge Ninapayta de la Rosa (Nasca, 1957), que falleció el 8 de junio del año pasado, víctima del cáncer, dejando una gran cantidad de trabajos inéditos. Gracias a Paúl Llaque, amigo íntimo y con quien compartió sus trabajos literarios desde 2008 en un taller virtual y privado, es que tenemos ahora su última entrega: “El arte verdadero y otros cuentos”, libro que acaba de ser publicado gracias a Ediciones ESAN y PEISA.



Ninapayta era ya bastante conocido en el circuito literario nacional, gracias a sus premios y reconocimientos desde la década del 80. Pero no fue hasta la aparición del libro de cuentos “Muñequita linda” que generó un entusiasmo poco habitual: los críticos coincidieron en que el autor era un narrador prodigioso; Ricardo González Vigil consideró el libro como el mejor del año; dos cuentos («Muñequita linda» y «García Márquez y yo») se republicaron en cuanta antología del cuento peruano se editó; en la antología El cuento peruano 1990-2000 (Ediciones Copé), del mencionado González Vigil, se incluyeron no uno sino los dos cuentos citados de Ninapayta; la consagración internacional llegó cuando Seymour Menton situó a «Muñequita linda» como relato paradigmático de la narrativa del continente en su afamada antología El cuento hispanoamericano (México: FCE, 2003) y colocó a Ninapayta al lado de los grandes cuentistas de América Latina: Borges, Rulfo, García Márquez, Cortázar, Onetti.

Jorge Ninapayta ya no está entre nosotros pero ha dejado una novela inédita, una novela sin terminar y decenas de cuentos que esperamos vean la luz gracias al trabajo de Paúl Llaque, con quien conversamos en esta edición de “Fahrenheit 051″.
Una entrevista imperdible, que pueden escuchar y compartir en el siguiente podcast: