domingo, noviembre 30, 2014

Un cuento mío en "El buen librero"



"El buen librero" es una novedosa web que contiene reseñas a libros de literatura, periodismo e historia; cuenta con secciones de poesía escogida, cuentos, noticias y la novedad: TV on line (que van alimentando poco a poco pero con resultados interesantes). Pues bien, los amigos del Buen Librero han tenido a bien compartir uno de mi cuentos para la entrega semanal de letras, así que los invito a leerlo. Es un cuento antiguo, pero que me ha traído varias alegrías; y mientras vamos preparando el terreno y el tiempo para la salida de mi nuevo libro (que ha demorado mucho, francamente, mucho más de lo que alguna vez imaginé), los dejo con el enlace. Espero que lo disfruten.
El enlace aparece oscuro pero si siguen la ruta del mouse por aquí, lo verán:----->LEER EL CUENTO HACIENDO CLICK AQUÍ


viernes, noviembre 28, 2014

"LOS HIJOS DEL ORDEN" LA NOVELA MÁS ESPERADA DEL AÑO

Editorial Casatomada se complace en anunciar el lanzamiento de la esperada reedición de la novela "Los hijos del orden", del escritor Luis Urteaga Cabrera. Esta novela, considerada por la crítica como la novela más violenta de la historia de la literatura peruana, fue premiada por Juan Carlos Onetti y Severo Sarduy con el Premio Primera Plana-Sudamericana (Argentina, 1968), y con el Premio José María Arguedas (Lima, 1974).
Prohibida por la dictadura argentina, satanizada por el gobierno de Velasco, censurada en España por Franco, esta edición de homenaje incluye el testimonio del autor. Una novela que no debe dejar de leerse, no solo como literatura, sino como una radiografía de la violencia, la ternura y el horror. Simplemente: la novela del año. 

Nadie ha escrito en el Perú una novela tan violenta como ésta. Aquí, con una dureza cuya implacabilidad no desvirtúa la hermosa y lúcida ternura que subyace en sus páginas, Urteaga Cabrera historia la rebelión en una cárcel de menores que convergen a ese lugar de horror. A través de las confluyentes biografías de los hijos de un orden atroz, se revelan, tanto algunos rostros del país que por primera vez acceden a la literatura, cuanto la calidad extraordinaria de un autor que, de lo inédito, da un salto definitivo a la primera línea de la narrativa peruana de hoy.
—Abelardo Oquendo

Ahora, a pesar de la violencia política y delincuencial que la televisión y la prensa escrita nos arroja a la cara día tras día, con fines muchas veces bastardos, la novela de Luis Urteaga no ha perdido su capacidad de provocar angustia y horror, ni mucho menos su impecable y trágica belleza.
—Roberto Reyes Tarazona

Esta es una síntesis poco frecuente: la investigación profunda y el alto lenguaje se unen en un solo vuelo.
—Eduardo Galeano

 Urteaga Cabrera ha escrito, magistralmente, la novela más violenta jamás publicada en nuestro país.
—César Lengua

jueves, noviembre 27, 2014

HE DEJADO DESCANSAR TRISTEMENTE MI CABEZA...



He dejado descansar tristemente mi cabeza
En esta sombra que cae del ruido de tus pasos
Vuelta a la otra margen
Grandiosa como la noche para negarte
He dejado mis albas y los árboles arraigados en mi garganta
He dejado hasta la estrella que corría entre mis huesos
He abandonado mi cuerpo
Como el naufragio abandona las barcas
O como la memoria al bajar las mareas
Algunos extraños sobre las playas
He abandonado mi cuerpo
Como un guante para dejar la mano libre
Si hay que estrechar la gozosa pulpa de una estrella
No me oyes más leve que las hojas
Porque me he librado de todas las ramas
Y ni el aire me encadena
Ni las aguas pueden contra mi sino
No me oyes venir más fuerte que la noche
Y las puertas que no resisten a mi soplo
Y las ciudades que callan para que nos aperciba
Y el bosque que sé abre como una mañana
Que quiere estrechar el mundo entre sus brazos
Bella ave que has de caer en el paraíso
Ya los telones han caído sobre tu huída
Ya mis brazos han cerrado las murallas
Y las ramas inclinado para impedirte el paso
Corza frágil teme la tierra
Teme el ruido de tus pasos sobre mi pecho
Ya los cercos están enlazados
Ya tu frente ha de caer bajo el peso de mi ansia
Ya tus ojos han de cerrarse sobre los míos
Y tu dulzura brotarte como cuernos nuevos
Y tu bondad extenderse como la sombra que me rodea
Mi cabeza he dejado rodar
Mi corazón he dejado caer
Ya nada me queda, pata estar más seguro de alcanzarte
Porque lleva prisa y tinieblas como la noche
La otra margen acaso no he de alcanzar,
Ya que no tengo manos que se cojan
De lo que está acordado para el perecimiento
Ni pies que pesen sobre tanto olvido
De huesos muertos y flores muertas
La otra margen acaso no he de alcanzar
Si ya hemos leído la última hoja
Y la música ha empezado a trenzar la luz en que has de caer
Y los ríos te cierran el camino
Y las flores te llevan en mi voz
Rosa grande ya es hora de detenerte
El estío suena como un deshielo por los corazones
Y las alboradas tiemblan como los árboles al despertarse
Las salidas están guardadas
Rosa grande ¿no has de caer?

E.A. Westphalen

lunes, noviembre 24, 2014

JUAN GOYTISOLO ES DISTINGUIDO CON EL PREMIO CERVANTES 2014

Juan Goytisolo (Foto: The Guardian)

Luego de un debate que incluyó hasta siete votaciones, el Jurado, compuesto por Elena Poniatwoska (Premio Cervantes 2013), José Manuel Caballero Bonald (Premio Cervantes 2012), Soledad Puértolas, Inmaculada Lergo, Fernando Galván, Carmen de Benavides, Julio Martínez Mesanza, y Mercedes Monmany, entre otros, decidió distinguir al escritor español Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) con el Premio Cervantes de las Letras. Este premio, instituido en 1976 por el Ministerio de Educación Cultura y Deporte, es considerado el galardón literario más importante de la lengua española. El acto de premiación se llevará a cabo en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares el próximo 23 de abril, fecha que conmemora, además, la muerte del universal autor del Quijote. Este premio tiene una dotación de 125.000 euros.

El Presidente del Jurado, José Manuel Caballero Bonald, dijo que este: “Es un premio oportuno y en todos los sentidos, bien dado. Goytisolo representa una de las cumbres de la literatura española sobre todo desde la posguerra. Ha evolucionado desde un realismo social a la indagación en el lenguaje”. Por su parte, Elena Poniatowska aseguró que: “Es una fiesta que lo obtenga él. Los mexicanos le conocemos desde que era muy joven y venía a visitarnos. Era muy amigo de Carlos Fuentes, es un escritor que une dos orillas, Es hombre en el que se puede confiar por su autenticidad, diría que es tan auténtico como la duquesa de Alba”. José Ignacio Wert, Ministro de Educación, Cultura y Deporte de España, dijo que este premio ha sido entregado al escritor “por su capacidad indagatoria en el lenguaje y propuestas estilísticas complejas, desarrolladas en diversos géneros literarios; por su voluntad de integrar a las dos orillas, a la tradición heterodoxa española y por su apuesta permanente por el diálogo intercultural”.

Su carrera como narrador empezó en 1954, con la publicación de Juegos de manos, una novela que lo encumbró entre los más destacados autores del realismo crítico de la posguerra. En 1966 y ya viviendo en Francia, empezó una etapa de experimentación que se ve retratada en su famosa trilogía de novelas Señas de identidad, Don Julián y Juan sin tierra. Otras obras destacadas del autor son Makbara, Paisajes después de la batalla, Las virtudes del Pájaro solitario, La saga de los Marx, El sitio de los sitios o Telón de boca, escritas todas desde una abierta experimentación. “Jubilado” de la novela luego de su última entrega, El exiliado de aquí y de allá, ha continuado escribiendo como columnista principal del diario El País, publicando además artículos, ensayos y poesía.

Desde su creación, el premio ha sido entregado a Jorge Luis Borges, María Zambrano, Juan Carlos Onetti, Adolfo Bioy Casares, Mario Vargas Llosa, Dámaso Alonso, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Miguel Delibes, Alejo Carpentier, Ana María Matute, Guillermo Cabrera Infante, Camilo José Cela, Luis Rosales, Rafael Alberti, Nicanor Parra, entre otros destacados intelectuales.


miércoles, noviembre 19, 2014

MARIO VARGAS LLOSA: “TUITEAR, FACEBOOKEAR, BLOGGEAR SON PALABRAS OBSCENAS”

A pocos días de estrenarse la miniserie “La fiesta del chivo”, vía UNIVISION, basada en la novela del Nobel Mario Vargas Llosa, el periodista Jorge Ramos conversa con el escritor en su casa en Madrid y el encuentro no puede ser más jugoso: Vargas Llosa habla sobre y contra la tecnología del nuevo siglo y cómo esta ha terminado por banalizar la escritura y los procesos creativos; comenta sus lecturas últimas, la frivolidad de un escritor como Haruki Murakami, el pacto tácito con García Márquez sobre el incidente ya legendario entre ambos, y sobre la vida -su vida- de escritor ad portas de cumplir ya 80 años. Siempre resulta interesante seguir a escritores cuya trayectoria ha sido tan intensa como controvertida (recuerden que Vargas Llosa despierta incendios entre quienes gustan de sus libros y desprecian su opción política), pero sobre todo una vida rica en experiencias. Al final eso es lo que queda: la experiencia y el paso de un hombre por la vida.
Una entrevista bastante interesante.





martes, noviembre 18, 2014

Como una virgen (otra vez)


Este texto acaba de aparecer en la última edición de SPECIMENS, ULTIMA NARRATIVA IBEROAMERICANA, y lo comparto con ustedes.

Escribir sobre “mi primera vez” no es sencillo. Las primeras veces en este campo (el de las lecturas) no existen; es decir: no puedo comparar la primera vez que leí El conde de Montecristo (un regalo con el que descubrí, a los siete años, que Edmundo Dantés fue, finalmente, el hombre que vengó a todos los hombres) con la inolvidable tarde en que descubrí Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa; o el cruel final de Hijo de Satanás, de Bukowski; los delirantes Ochenta y seis cuentos de Quim Monzó; o la ultraviolenta Los hijos del orden, de Luis Urteaga Cabrera (premiada nada más y nada menos que por Juan Carlos Onetti y Severo Sarduy), y con cuyo final lloré amargamente una tarde; o muchos de los cuentos de Julio Ramón Ribeyro.

Pero las novelas mencionadas son más bien una parte mínima del lado A de la vida literaria (valga la analogía del vinilo, hijos del mp3). Mi vida de lector ha sido más bien desordenada y, por qué no decirlo, acá la culpa la tiene también el Estado. Desde Platero y yo o Mi planta de naranja-lima, que leíamos en el colegio acompañados de una montaña de papel higiénico para las lágrimas y los mocos, pasando luego por las historias de Corín Tellado que venían puntuales todos los meses en Cosmopolitan y que se leían en las peluquerías (convertidas hoy en Spa o Coiffure International), a las truculentas crónicas periodísticas que aparecían quincenalmente en los kioskos de Lima en un par de revistas casi pornográficas para un muchacho de catorce años llamadas Zeta y Confidencial, donde aparecían fotos de vedettes con los pechos al aire. Estas revistas también publicaban cartas de amor incontestables, avisos de solteras codiciando un soltero emprendedor y de solteros codiciando lo mismo pero con encuentros casuales en cines de barrio; las lecturas fueron diversas y vinieron desde lugares lejanos y en formatos variopintos.


Lugares lejanos entonces (cuando niño) que mi memoria recuerda al instante: México. Formatos variopintos: todos los “chistes” (así se llamaban entonces y ahora les llaman “cómics”) con que Editorial Novaro invadía el Perú, porque en aquellos días el mundo para mí era el Perú y los diarios locales y la revista Caretas que mi tío compraba y que siempre traía artículos emocionantes, además de un crucigrama muy difícil de resolver. Lo curioso es que Caretas tenía también la última hoja arrancada, violentada. Pocos años después descubrí que en esa página había una mujer desnuda y diferente en cada entrega: hermosas y despampanantes mujeres acompañadas de un texto breve y divertido, seguidas inmediatamente de la página del ya clásico “Concurso canalla”.
“Desorden lector” debería ser un apartado en algún tratado de psicología. Lo cierto es que con el tiempo uno va seleccionando mejor sus lecturas, o se guía de ciertas recomendaciones o del “boca a boca” (que a veces funciona mejor que las críticas o reseñas en diarios y revistas), y así uno descubre autores nuevos u olvidados, con temáticas que a veces creíste que serían completamente absurdas, y te fascinan.

No soy mucho de leer ciencia ficción, más por prejuicio que por otra cosa, pero una tarde descubrí en una revista llamada Minotauro un cuento de Bradbury que me dejó muy sorprendido. Desde entonces le doy oportunidad a varios géneros y descubro a veces cosas sorprendentes y aprendo, además, que las barreras que uno se va imponiendo al momento de escribir son lastres que finalmente no permiten incursionar en otros campos. Lo cierto es que, llegado a este punto de mi testimonio, recuerdo el título de esta sección de Specimens y me pregunto: ¿qué hace que una persona “normal” se dedique a escribir? Yo empecé a escribir por necesidad ya siendo un estudiante universitario, y con cierta “rigurosidad” (entiéndase el trabajo de dedicarse a escribir y corregir), pero no podría asegurar que fueron las lecturas las que me motivaron a hacerlo. Fueron las vivencias y experiencias aprendidas a lo largo de los años, tiempos violentos cuando el terrorismo asolaba el Perú (yo vivía con mis padres en un asentamiento minero), tiempos de cambios drásticos (regresar a Lima luego de seis años y empezar a estudiar en un colegio de curas dominicos y ver “otro mundo”), y luego la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que, definitivamente, sí era “otro mundo”. Todas esas experiencias, chocantes algunas (la política en la universidad, por ejemplo, comparado con el mundo de fantasía y burbujas de mi colegio) provocó emociones encontradas que fueron almacenándose durante un tiempo hasta que encontraron salida a través de la escritura.

Escribir, así como decía Capote, “como si se tratara de un látigo que Dios te dio”, es algo que uno va descubriendo con los años, con el ejercicio de la lectura y luego con el de la escritura, pero sobre todo con la corrección. Uno de los grandes problemas de quienes escribimos y además nos dedicamos al periodismo en mi país es que el nivel lingüístico de este último es tan espantoso que terminas, de alguna manera, luchando para no contaminarte. Leemos todos los días noticias terribles, actos crueles, novedades de la farándula (otro acto cruel) y los programas de radio y los noticieros están llenos de lo mismo. Leemos en Facebook, además, cosas que francamente nos hacen perder el tiempo, y es en esos momentos cuando un buen libro puede servirte de salvavidas, de oportunidad para regresar a la emoción del descubrimiento y luego enriquecer tus posibilidades de contar.

Hubo un tiempo en que muchos escritores de mi generación querían irse a vivir a España, “la Meca”, “el Paraíso”. Las redes sociales y el Internet transformaron el mundo, y también transformaron nuestra forma de verlo y de contarlo. La vida seguirá hasta que se cumpla la profecía maya o nos gobiernen como en Fahrenheit 451, quién sabe. Pero siempre nos quedará la posibilidad de descubrir en las lecturas una forma de sobrevivir y, a partir de eso, proyectar y narrar nuestras propias historias.

Visiten la Revista Iberoamericana SPECIMENS (se suscriben y llega puntual a sus mails una vez al mes, gracias al gran trabajo de Salvador Luis y su equipo). Click AQUI


domingo, noviembre 09, 2014

FIN DE SEMANA CON LOS MUERTOS


Imagina que te invitan a una fiesta para celebrar Halloween luego de mucho tiempo de sequía social. Esa mañana, sales deprisa al mercado a comprar la máscara, pero hay un mar de gente comprando vinchas con orejas de gato, colas de gato, bigotes de gato, guantes con uñas de gato, trajes de gato. Y tú odias a los gatos.

La señora rubia Loreal que está entre ese mar de gente tiene la misma idea que tú: comprar algo “diferente”, algo que, si bien no te hará el rey de la fiesta, al menos te hará “resaltar” entre el mar de gatos que seguramente habrá en la megareunión de esa noche. En el día de los muertos, todos quieren tener, al menos en disfraz, siete vidas para burlar la muerte. Encuentras lo ideal: una máscara del carnaval de Venecia, chispeada con escarcha sobre fondos lilas y blancos que se superponen como una acuarela. Debe ser costosa, un saldo de esos que se cuelan en los containers que vienen desde China para fiestas (todo viene desde China para cualquier fiesta que tenga el poder de un feriado peruano), y te lanzas a cogerla pero tu mano se encuentra con la de la señora rubia Loreal que, al saberse mayor que tú, deduce que por “cortesía”, retirarás tu mano. Pero no, está equivocada y no sabe que has visto cincuenta veces “Duro de matar”. Es la única máscara en todo ese mercado repleto de máscaras de gatos, y tú odias a los gatos y no soltarás la máscara como no la estás soltando en ese momento y entonces la señora empieza a tirar de un lado y tú del otro, y el tipo que vende las chucherías (que lleva, adivinen, una vincha de gato con bigotes de gato y se ha pintado con betún negro la punta de la nariz) les grita que si lo rompen, lo pagan. Y aprovechando el grito del vendedor y la sorpresa de la señora Loreal, te haces con la máscara.

Pagas el precio, sonríes con los labios apretados y entonces ocurre: la rubia Loreal te mira y, extendiendo su dedo índice, te señala la mejilla. Aprisionas la máscara contra tu pecho y sales raudo del mercado, pensando en el fiestón y la rumba y subes a un taxi para llegar a casa, ducharte, coger la mochila y llegar al punto de encuentro donde todos partirán rumbo al sur, a esa casa de playa, en un bus parrandero que los macerará y los dejará listos para el disfrute del Halloween criollo. Pero llegas al punto de encuentro y no hay nadie. Miras tu reloj y por estar peleando la máscara perdiste una hora. Decides tomar una combi asesina; subes, te acomodas y recuerdas la cara de la rubia Loreal y sientes una molestia en la penúltima muela del lado derecho de tu boca. La combi repleta de gente arranca a mil por hora y un ligero temor te invade: ha empezado tu Halloween personal.

Dos horas después llegas al pueblo, buscas tu celular para llamar a los amigos y tu batería ha muerto el 30 de noviembre, ni una línea roja queda, nada de nada. Te duele cada vez más la muela y vas a comprar una botella de agua. Pagas en caja, recibes la botella y te vez en el espejo: eres el primo sudamericano de Quico. Tu cachete se ve más hinchado por el efecto de la barba, el dolor es ya ligeramente intolerable. Preguntas si tienen ahí un cargador que le haga a tu modelo de celular pero nadie tiene el bendito cable para un Nokia con linterna, todos usan Iphone. Estás jodido. Preguntas por un dentista pero es casi feriado, casi de noche, hay música por todos lados y la gente ya pasa acelerada con los sixpacks de Pilsen heladas y sabes que si te tomas una te mueres. Pero eres terco y compras una lata. Después del tercer sorbo, empieza la fiebre. Llegas al dentista y, como era de esperarse, no estaba. La fiebre aumenta y compras tres botellas de agua helada, caminas, caminas buscando la fiesta pero todas las casas están de fiesta y todas son iguales o casi iguales y hay un mar de gente disfrazada de gatos y gatas cantando y gritando y fumando y riendo y tú cagado de fiebre, con dolor de muela y la máscara en la cabeza, porque está tan hinchada tu cara que si te la pones en el rostro, el elástico te marcará los cachetes.

Te rindes. Buscas tristemente un hostal donde pasar la noche de mierda que sabes que te espera. Encuentras uno bastante rascuacho, y con suerte, porque todos están repletos de parejas, de familias, de amigos, de amantes, pero tú estás solo, con fiebre y el maldito dolor de muelas. Te resignas y entras a la habitación 302, dejas la mochila, tu cuerpo está sudando, enciendes el televisor y subes el volumen intentando acallar el jolgorio de la calle, del pueblo entero entregado al demonio en plena noche de los muertos. Suenan los cuetes, las explosiones multicolores encienden el cielo y tú las ves desde la ventana. Cierras los ojos, son las 10:30 de la noche, tus amigos deben estar ya a todo dar con las parrillas y las cervezas y la música y tú, tú estás muerto en el día de los muertos.

Abres los ojos, escuchas los gritos en la habitación contigua, son la 1:45 de la mañana y estás volando en fiebre, la muela duele más. Buscas en tu botiquín de viaje y encuentras paracetamol, amoxicilina, ketorolaco y apronax. Te empujas todo de golpe y esperas el efecto, y, mientras tanto, reparas en que no solo en la 301 están gritando, sino que en la 303 y la 304 la actividad paranormal ha alcanzado calores superiores a la fiebre. La pasión se siente en el ambiente, quiere contagiarte la cabeza, pero en el mar erótico y sexual de ese hotelucho de medio pelo, eres el único gil que está solo. Solo de soledad. Y entonces recuerdas a la rubia Loreal y sientes pasos en el techo.

Metido en la cama y con el control remoto en la mano, intentas despejar la mente, alejarla del pecado carnal, de los gritos de “mátame, pa-pi-to”, “así, miamooooor”, “eres una loquita riiiiiica”, “mááás duuuuroooo” y enciendes el televisor buscando un programa evangélico, un capítulo más de “Pare de sufrir”, las pastillas para el alma de Ricardo Belmont, pero solo encuentras “Promoción sangrienta”, “Asesino Ninja”, “Viernes 13 parte XIV”, “Llamada maldita”, “La casa embrujada” y un largo etcétera de cintas que tienen en común una sola cosa: en todas salen tetas y tú estás con fiebre, tiritando bajo la frazada, con el cuerpo helado y la muela que parece reventarte la calavera. Subes el volumen pero es en vano. En el techo se sienten pisadas y son dos gatos. “No puede ser”, piensas, “malditos gatos”. Y entonces los gatos empiezan con la persecución erótica hasta que entiendes, por el chillido de la gata, que el gato entró. “No puede ser”, vuelves a pensar, “hasta los gatos están tirando y tú muriendo en un hotelucho del sur”. La fiebre aumenta, recuerdas a la rubia Loreal y le mentas la madre. La máscara no servirá de nada al amanecer, si es que amaneces, claro, porque seguro te morirás el día de los muertos y a la mañana siguiente ya es otro día, la versión mañanera de The Walking Dead, y entonces ves la imagen de la rubia Loreal muriéndose de risa y te coges la mejilla pero el dolor es tan intenso y tan ardiente que pierdes el sentido, y antes de morirte hasta que amanezca, ves destellos blancos, rojos, azules, verdes como la Pilsen en medio de la noche, y se te cierran los ojos. Y en el techo los gatos maúllan su placentero final. 



sábado, noviembre 08, 2014

FALLECIÓ AURORA BERNÁRDEZ, EX ESPOSA DE JULIO CORTÁZAR

Aurora Bernárdez (Buenos Aires, 23 de febrero de 1920 – París, 8 de noviembre de 2014)

Una noticia muy triste nos llegó esta mañana: Aurora Bernárdez, ex esposa y albacea literaria de Julio Cortázar, falleció hoy a las 8:25 de la mañana en la ciudad de París. La noticia, que fue confirmada mediante un comunicado por Guillem d’Efak Fullana Ferré, director de la Agencia literaria Carmen Balcells, dejó a todos sorprendidos.“Lamentablemente confirmamos la noticia. Aurora Bernárdez ha muerto esta mañana a las 8:25h en París”, afirmó en un comunicado esta mañana en Madrid, Guillem d’Efak Fullana Ferré, director de la Agencia literaria Carmen Balcells. La traductora argentina se encontraba hospitalizada desde la semana pasada, luego que se desmayara víctima de un ataque vascular, que la dejó inconsciente. Desde entonces permaneció internada en el servicio de neurología del hospital Sainte Anne, ubicado en el distrito XIV de la capital francesa.

Aurora Bernárdez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y una pareja de amigos, en Grecia.

Aurora Bernárdez fue una persona clave en la vida y obra de Julio Cortázar, tal vez una de las mujeres que más lo amó. Aunque era poco esquiva para las cámaras, participó junto a Carlos Fuentes, Julio Ortega y Sergio Ramírez en una mesa inolvidable dedicada al gran escritor argentino, el 19 de mayo de 2010, celebrada en Casa de las Américas en Madrid. Bernárdez es considerada por los especialistas como una de las mejores traductoras de su generación (traducía del francés, inglés e italiano), y entre sus trabajos figuran obras maestras de autores como Lawrence Durrell, Gustave Flaubert, Italo Calvino, Vladimir Nabokov, Albert Camus, Jean-Paul Sartre y William Faulkner, entre muchos otros.

Aurora Bernárdez y Julio Cortázar, en una fotografía de juventud.

Aurora Bernárdez nació en Buenos Aires, el 23 de febrero de 1920, ciudad donde estudió Letras, en la Universidad de Buenos Aires (UBA), para luego graduarse como licenciada en Literatura. Es por ese tiempo que conoce a Cortázar, gracias a su amiga, la también escritora, Inés Malinow, una tarde de 1948 en el porteño café Boston. Julio Cortázar entonces ya tenía varios escritos pero era aún un desconocido. Su relación se afianzó en 1952, cuando Bernárdez dejó Buenos Aires para instalarse en París junto a Cortázar. De aquella etapa, Bernárdez recordaría casi con gracia los primeros difíciles años: “Comíamos kilos de papas fritas, hacíamos los bifes casi clandestinamente porque en la pieza del hotel no había cocina, ni se nos autorizaba cocinar, abríamos la ventana del cuarto para que no humeara tanto”. Las dificultades económicas los llevaron a mudarse a Florencia y luego a Roma (esto lo cuenta Cortázar en la ya célebre entrevista que le hiciera Juan Soler para el programa “A fondo”), donde la vida era menos cara, para volver un año más tarde (1953) a París y casarse en el barrio de La Mairie. El matrimonio duró 14 años, y a pesar de su separación definitiva en 1964, ambos mantuvieran una relación de amistad muy fuerte, hasta la muerte del escritor, en 1984; hay que recordar que Cortázar la nombra su heredera universal y albacea de su obra completa, un gesto que dice mucho de lo felices que fueron y de la amistad que alimentaron a lo largo de los años, sobre todo porque, a la muerte de Carol Dunlop, fue Aurora Bernárdez quien se hizo cargo de Cortázar cuando este cayó gravemente enfermo de leucemia. Desde la muerte del escritor argentino, Bernárdez se dedicó a reunir su obra completa, rescatar sus artículos y ensayos, editar sus obras inéditas, reunir sus papeles y correspondencia, ordenar el “archivo Cortázar” que donó a la Junta de Galicia, entre otros. A ella le debemos las últimas entregas dedicadas al gran escritor argentino.
Descanse en paz, doña Aurora Bernárdez.