viernes, enero 23, 2015

Murió Pedro Lemebel, la yegua del apocalipsis.

Pedro Lemebel (Chile, 1952-2015)

…Mi hombría fue morderme las burlas 
Comer rabia para no matar a todo el mundo 
Mi hombría es aceptarme diferente 
Ser cobarde es mucho más duro 
Yo no pongo la otra mejilla 
Pongo el culo compañero 
Y ésa es mi venganza…


No puedo decir (como tanta gente ahora en el facebook), que "conocí" a Pedro Lemebel. Lo ubicaba por sus crónicas, sus intervenciones artísticas, por su fama de marica indómito y por la anécdota aquella de cuando estuvo hospedado en el Hotel Bolívar y le preguntaron qué se le ofrecía para almorzar. Lemebel salió al balcón de su habitación, observó la plaza San Martín (donde suelen prostituirse algunos jóvenes, varios de ellos reclutas del ejército) y le indicó al mozo: "tráeme a ese de allá, y a ese de allá". Me imagino la escena, el rostro desencajado del mozo (o tal vez no) y es inevitable la carcajada, como las que él compartió cuando presentó su último libro en la FIL Lima al lado de Beto Ortíz (creo que en 2010) y leyó un extenso poema-manifiesto donde había recopilado todas las formas de decir "marica" en muchas partes del mundo. La complicidad con la platea fue intensa e inolvidable. Sin embargo mi recuerdo va por otro lado: una tarde de noviembre (¿o diciembre?) de 2012, en uno de los apretados baños de la FIL Guadalajara en México, escuché a alguien tarareando un vals de Los Kipus, canción conocida, decía -al menos la parte que escuché cantar- Yo perdi el corazón, pero no me arrepiento / porque pasé a sentir, cosas que ya no siento / porque me regalaste, poco a poco tu olvido / yo nunca me arrepiento, el haberte querido... Luego salimos, casi al mismo tiempo, a los lavabos frente a un enorme espejo donde lo vi, con su pañoleta en la cabeza, sumamente delgado, blue jeans, un polo verde y esos zapatos de botín. Lo saludé y me devolvió el saludo con una voz metálica, ya entonces estaba mal y el breve discurso-lectura que dio luego para los asistentes y la prensa en Guadalajara fue largamente aplaudido. "Conversamos" es decir mucho, cruzamos algunas palabras, le pregunté un par de cosas y luego se fue, como un cometa, a la sala donde se dio la anécdota que acabo de contar. Cosa curiosa, yo no llegué a entrar porque la cola era gigantesca, pero un amigo editor logró colarse y escucharlo de cerca. Yo me quedé en la puerta (la historia de mi vida) aguzando el oído para sonreír cada cierto tiempo...

Pedro Lemebel en la FIL Guadalajara (Foto: El Universal)

Las letras latinoamericanas están de luto. Esta madrugada, a las 2:00 a.m. falleció el escritor y artista chileno Pedro Lemebel, víctima de un cáncer a la laringe que lo aquejó durante varios años. “La vida me dio fama, fortuna, casi belleza… la vida me va a quedar debiendo esa parte: el amor” dijo alguna vez en una entrevista que le hicieron en Lima. Según informó su vocero y amigo, Aldo Perán, Lemebel murió rodeado de sus seres queridos y amigos en la Fundación Arturo López Pérez, en Santiago.

Pedro Lemebel fue uno de los escritores más importantes que ha entregado Chile durante el siglo pasado, que utilizó varias plataformas artísticas para expresar su voz. En 2006 obtuvo el Premio Anna Seghers  y en 2013 el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso, por “su proyecto creador, de gran riesgo, se sostiene sobre una voz plenamente contemporánea que da cabida a muy diversos registros y soportes: fotografía, instalación, videoarte, performance, novela, y con una especial contribución en la crónica literaria actual”. Su trabajo como artista plástico ha sido expuesto en Nueva York, Sao Paolo, Buenos Aires, Madrid, entre otros. Fue nominado en seis ocasiones al premio Altazor (Chile), y en 2014 fue postulado para el Premio Nacional de Literatura.

En 1987, junto a Francisco Casas, fundó el colectivo de Artes “Las Yeguas del Apocalipsis”, cuyas intervenciones, que abogaban por el rescate de la memoria, el cuerpo homosexual, la recuperación de la democracia y la libertad de expresión, marcaron un hito en la escena artística chilena. En 1995 Lemebel publicó “La esquina es mi corazón”, su primera recopilación de crónicas urbanas, a las que luego se sumaron “Loco afán: Crónicas de sidario” (1996), “De perlas y cicatrices” (1998), “Zanjón de la Aguada” (2003), “Adiós mariquita linda” (2004), “Serenata Cafiola” (2008), “Háblame de amores” (2012) y la antología “Poco Hombre” (2013). En 2001 publicó su “única” novela “Tengo Miedo Torero”. Inevitable citar un fragmento del texto que Roberto Bolaño escribió sobre él: “…Leyendo sus libros,y tras leerlos, con emoción, con risas, con escalofríos, lo llamé por teléfono y hablamos durante mucho rato, una larga conversación de aullidos de oro,en donde reconocí en Lemebel el espíritu indomable del poeta mexicano Mario Santiago, muerto, y las relampagueantes imágenes de La Araucana,muerta, arrinconada, pero que Lemebel hacía vivir otra vez, y entonces supe que ese escritor marica, mi héroe, podía estar en el bando de los perdedores pero que la victoria, la triste victoria que ofrece la Literatura (así, con mayúsculas),sin duda era suya. Cuando todos los que lo han ninguneado estén perdidos en el albañal o en la nada, Pedro Lemebel será aún una estrella”. Las letras latinoamericanas están de luto.

Dos grandes: Roberto Bolaño y Pedro Lemebel

“Travestido, militante, tercermundista, anarquista, mapuche de adopción, vilipendiado por un establishment que no soporta sus palabras certeras, memorioso hasta las lágrimas, no hay campo de batalla en donde Lemebel, fragilísimo, no haya combatido y perdido. Para mí Lemebel es uno de los mejores escritores de Chile y el mejor poeta de mi generación, aunque no escriba poesía. Lemebel es de los pocos que no buscan la respetabilidad (esa respetabilidad por la que los escritores chilenos pierden el culo) sino la libertad. Sus colegas, la horda de mediocres procedente de la derecha y de la izquierda, lo miran por encima del hombro y procuran sonreír. No es el primer homosexual, válgame Dios, del Parnaso chileno, lleno de locas en los armarios, pero es el primer travesti que sube al escenario, solo, iluminado por todos los focos, y que se pone a hablar ante un público literalmente estupefacto”. – Roberto Bolaño –

Manifiesto (Hablo por mi diferencia)

No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.

*** Texto leído en un acto político de izquierda en septiembre de 1986, en Santiago de Chile.



viernes, enero 16, 2015

TALLER DE CUENTO EN EL INSTITUTO RAÚL PORRAS BARRENECHEA

Este año dictaré un taller de cuento en el Instituto Raúl Poras Barrenechea, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, se trata de un taller donde leeremos y discutiremos lecturas seleccionadas, escribiremos historias y pondremos a prueba no solo la imaginación, sino, y sobre todo, la capacidad de contar. Es cierto que un taller no "enseña" a escribir, pero sí se aprenden técnicas narrativas y se encuentra orientación en la experiencia y el compartir de los debates. Único requisito: compromiso de lectura, luego veremos los resultados, pues cuando el apogeo de la novela se termine y despierten los lectores, el cuento todavía seguirá ahí. Les dejo la nota de prensa y les agradezco el compartir o reenviar por si conocen de algún interesado. ¡Saludos!

NP.
El Instituto Raúl Porras Barrenechea y Editorial Casa Tomada anuncia su Taller de Cuento dirigido a todos aquellos con inquietudes literarias o que deseen contar algo sobre el papel, aprender técnicas y recursos narrativos y potenciar su talento.

SOBRE EL TALLER:
El Taller de Cuento brindará las herramientas necesarias para que cada participante pueda empezar a escribir sus propias historias. ¿Cómo empezar un cuento? ¿Cómo desarrollar una idea? ¿Cómo estructurarla? ¿Cómo darles carácter a los personajes? ¿Cómo crear intensidad en una historia? Ayudados con lecturas seleccionadas y ejercicios creativos, se recorrerá los distintos espacios temáticos que el cuento ha abordado, se reconocerán las estructura de una historia y el participante podrá desarrollar la suya, que sesión a sesión será comentada en clase. Se contará además con la presencia de escritores invitados de acuerdo con el tema a tratar, lo que enriquecerá la visión y el aprendizaje de los asistentes. El taller estará dirigido por el escritor Gabriel Rimachi Sialer.

PROGRAMA DEL TALLER:
- Inicios, cómo empezar a contar, de dónde partir, planteamiento de una historia.
- La estructura
- Cómo construir un personaje (psicología de los personajes, caracterología).
- Narradores en conflicto (el uso de la voz según el planteamiento de la historia).
- Conflicto y tensión (nudos y vueltas de tuerca).
- Diálogos y descripción.
- Errores comunes.
- Revisión de cuentos de los participantes.

DURACIÓN: 5 sesiones (jueves 29 de enero, martes 03, jueves 05, martes 10 y jueves  12     de febrero).
HORARIO: 10:00 a.m. a 12:00 p.m.
LUGAR: Auditorio del Instituto Raúl Porras Barrenechea (Calle Colina 398, Miraflores).
COSTO: Estudiantes S/100; Público en general S/150 (incluye separatas y certificación).
EL PAGO DEBEN REALIZARSE EN: Interbank Cta. Ahorros 216-3061197457
Enviar voucher escaneado a: ecasatomada@gmail.com
CAPACIDAD: 10 vacantes. 
Se entregarán certificados

Mayores informes: 619-7000 anexo 6102 / ecasatomada@gmail.com 

lunes, enero 12, 2015

Carta a María Teresa. Un poema de Juan Gonzalo Rose

Juan Gonzalo Rose 
(Tacna, 10 de enero de 1928 - † Lima, 12 de abril de 1983)

Para ti debo ser, pequeña hermana,
el hombre malo que hace llorar a mamá.
Yo me interrogo ahora
¿por qué no he amado sólo
las rosas repentinas,
las mareas de junio,
las lunas sobre el mar?
¿Por qué he debido amar
la rosa y la justicia
el mar y la justicia,
la justicia y la luz?
Fui un niño como todos.
También mi infancia
la atravesaba un río
y tenía una hora misteriosa
en la cual las palomas
a mi alma obedecían.
Pero me preguntaba
¿por qué en mi calle
la alegría es un viento
fugaz e inesperado?,
¿Por qué no siembran trigo
también sobre mi pecho,
si aquí en mi corazón,
todas las noches
se desbordan los ríos?
Por eso fue la noche
el rostro de mi madre,
astro de cera y llanto
en el cielo apagado de mi celda;
por eso me negaron
el Perú en mi desvelo,
y vanamente grito:
devolvedme mi patria,
devolvedme mi escuela de palomas,
mi casa frente al mar,
devolvedme su calle más pequeña;
su lámpara más rota,
su más ciego lugar.
A pesar de todo esto,
para ti debo ser, pequeña hermana,
el fantasma que vuelca
la sal sobre la mesa,
el mal hado que rompe
las puntas de los días:
y es que a ti te hace daño
ver llorar a mamá.
Mas una tarde, hermana,
te han de herir en la calle
los juguetes ajenos;
la risa de los pobres
ceñirá tu cintura
y andando de puntillas
llegará tu perdón.
Cuando esa hora suene
es que amarás las rosas,
las mareas de junio,
el jardín de diciembre
donde los niños van;
es que amarás mis sueños
y mis cosas,
¡Sabrás por qué se rompe
fácilmente
por la mitad el pan!
Cuando esa hora suene
y se empadrine en mi padre mi orfandad,
iremos de la mano
por las calles de Lima,
en trinidad de gozo:
la risa de mamá.

domingo, enero 11, 2015

Máximo Damián, el violinista de José María Arguedas, delicado de salud

Máximo Damián en su casa, esta mañana (Foto: Gabriel Rimachi Sialer)

“«¡Oye Máximo, ayer he bailado, ayer he cantado… hoy voy a tu casa por la nochecita». Entonces con mi tía mandé a hacer sopa de tinke, estilo de mi pueblo; queso y papa huayro para convidarle ese jueves. No vino. Era el 26 de noviembre de 1969, y él no vino. Nos fuimos a dormir y en mi sueño yo estaba en un panteón y ahí estaba Arguedas, lo miré con su saco al hombro y dije “¡Ahí está Arguedas!” Entonces me desperté. Algunos días después mi tía me mandó a comprar el pan y en los periódicos que estaban colgados en el quiosco se leía “José María Arguedas se ha suicidado”… ahí mismito dejé tirado el pan y me fui corriendo al hospital; a donde he llegado pensando en mi sueño, y ahí estaba él. Ya no miraba, ya no conocía a nadie. Ese baile había sido donde él se había despedido… en mi fiesta… bailando, cantando; seguro en sus adentros bailando se había ido…”.


José María Arguedas

Máximo Damián sonríe con tristeza recordando al escritor, investigador y folclorista José María Arguedas, uno de sus mejores amigos, quien le presentó a su esposa, Isabel Asto, y con quien recorrió el Perú rescatando la historia musical de un país que aún hoy, 45 años después de su partida, se debate entre el olvido, el desprecio por el otro y la fusión musical que destruye tradiciones centenarias. De la mano de su violín, Damián ha participado en 7 largometrajes (el último, el documental “Sigo siendo”, de Corcuera) y representado al Perú en Brasil, Ecuador, Venezuela, Estados Unidos, Alemania, Suiza, Italia, España, Francia, Inglaterra, Dinamarca, Holanda y varias ciudades del Japón, llevando no solo su música, sino también una muestra del folclore que deslumbró a Arguedas por su gran simbolismo: los danzantes de tijeras.


Máximo Damián tocando "Agonía" durante el entierro de José María Arguedas 
(Foto: El Comercio, archivo de Máximo Damián)

Las paredes de su sala están llenas de reconocimientos, como la Medalla Kuntur que le otorgó el desaparecido INC, la condecoración que le dio la UNI «por su valiosa contribución al folclor nacional», o el Reconocimiento como Personalidad Meritoria de la Cultura Peruana, que le entregó el entonces Ministro de Cultura Juan Ossio; pinturas y apuntes estilográficos donde lo han retratado; reconocimientos de todas partes del Perú y afiches en varios idiomas donde su nombre resalta con ese brillo que se enciende cuando coge su violín y nos dice: “mejor cantamos unas canciones”.

A punto de cumplir 80 años, Máximo Damián recuerda sus primeros 10 años como trabajador en la fábrica textil “Tres Puntos”, de donde salió sin saber que sus aportes para la jubilación se perderían con la desaparición de la fábrica y la hiperinflación de finales de los 80´s; recuerda además su trabajo de 23 años como guardián del Banco Hipotecario, que desapareció durante el gobierno de Fujimori, y de los S/150 mensuales que recibe como pensión por todo ese tiempo de trabajo. “No alcanza ni para las pastillas”, nos dice su esposa Isabel, preocupada porque Máximo se niega a vivir con la dieta y las pastillas genéricas que le ha recomendado el doctor en el hospital Sabogal. “Tiene que hacerse la diálisis tres veces por semana, yo atiendo la bodeguita, mi hijo José María es especial, y no puede salir a la calle, y Máximo a veces se pone mal por las madrugadas, grita de dolor y qué hago yo si no puedo pagar un taxi a esas horas, porque dicen en el Seguro que como la casa es propia, no puedo acceder al servicio de ambulancia a domicilio (PADOMI)”. 

En un país acostumbrado a las dádivas post morten, bien haría el Ministerio de Cultura tomando cartas en el asunto, teniendo en cuenta del gran aporte que a nuestra cultura ha brindado este señor que, a pesar de la diabetes y la diálisis, zapatea lentamente cuando escucha el violín y el arpa en los videos que su hijo coloca cada día para alegrar la casa y espantar los recuerdos tristes; y que no deja de participar en eventos que le permitan seguir difundiendo su música, sus memorias y la promesa que le hizo a su gran amigo Arguedas: conservar, mantener y difundir el sonido tradicional de la música andina. "Hemos ido a todas las invitaciones que nos han hecho los ministros de turno, y ahora que necesitamos apoyo, nadie se acuerda de Máximo", dice su esposa, "si no fuera por el apoyo que recibe de la Escuela de Folclore, donde fue maestro, cómo estaríamos".

Máximo Damián se despide y nos acompaña a la puerta. Bajo el calor mercurial de este domingo, se oye cada vez más lejos la intensa melodía del “Coca Quintucha”. Y él espera un mejor trato para con su salud, se lo merece.