sábado, diciembre 31, 2011

Balance a lo Bridget Jones


No puedo quejarme de este 2011, es verdad. He viajado mucho, me publicaron 24 mil ejemplares de uno de mis cuentos, me enamoré, viajé para descubrirme nuevamente ansioso, superé (espero) mi miedo a los aviones, colaboré en la edición de varios libros de nuevos colegas de oficio, tuvimos nuestro primer stand propio en la Feria Internacional del Libro, publiqué algunos cuentos en formato PDF para descarga gratuita, aprendí a consolidar mi soledad de vivir solo, amé a distancia, aprendí una nueva canción en mi vieja guitarra, cociné para mis amigos, me embriagué algunas veces, lloré en silencio mis soledades, aprendí a cocinar platos que antes me parecían imposibles… perdí un buen amigo, me gané pleitos ajenos, me hice fuerte, lloré, cómo no, sentado solo en mi estudio frente a un teclado… leí 73 novelas, muchas de ellas pésimas, pero las buenas me llenaron de alegría y ambición (de escribir, si se entiende), le enseñé a un amigo algunas cosas sobre edición, enseñé lo poco que sé en mis talleres, conocí más personas, vi crecer a Joaquín, compré mi primer frigidaire, vi perder a mi selección luego de haber cocinado lechón al horno para celebrar un triunfo que nunca llegó, entrevisté en vivo a Oswaldo Reynoso, viajé al norte con amigos escritores en una aventura literaria inolvidable, llegó Dantés, mi perro cruce de Fila con Pit Bull a la casa, volví a la bicicleta, amé a una mujer, odié las distancias, escuché nuevas canciones, lloré por Pierina, escribí tres nuevos cuentos, perdí varios premios, celebré en soledad mi soledad, cumplí 37 años en compañía de amigos inesperados (gracias), aprendí a bailar salsa con Violeta, confirmé mi adicción a las Pilsen verdes, paseé en bote con Cecilia, me reconcilié con mi amigo luxemburgués, bebí en San Felipe con un antiguo amigo, escribí un cuento para niños, tomé miles de fotos con una cámara que luego me robaron en un restaurante, me dejaron criticar cine en la web más odiada y querida del espectáculo, me decepcioné de varios amigos, decepcioné a varios amigos, vi llorar a mi madre, me reconcilié interiormente con mi padre, quise más a mis hermanos, me caí en la pista volcando la bicicleta, hice el amor una vez cada quince días (algunas veces una vez al mes), fracasé en muchas cosas: aprendí de eso, salí en una antología con un cuento sobre la época del terrorismo, envié encomiendas al extranjero, decepcioné a dos personas a las que aún estimo mucho (y con las que aún estoy en deuda), regresé a Arequipa, ciudad maravillosa y donde me encantaría vivir, rescatamos a Domingo de Ramos de las bravas aguas de Punta Negra, reímos mucho luego, reí mucho en este 2011, compartí penas y alegrías con mis amigos más cercanos, conocí nuevos amigos, perdí un amor, fui mucho al cine, aprendí la diferencia entre el algodón y lo sintético, recibí mensajes insultantes, puse mis segundas luces navideñas, maldije las distancias, insulté a muchas personas (nunca me escucharon), vi todo Fellini, me quedé atrapado en un ascensor, tuve que pedir varias veces disculpas, cometí muchos errores, cometí algunos aciertos, terminé mi nuevo libro de cuentos (ya era hora), me embarqué en decenas de proyectos, pedí dinero prestado, aprendí lo maravilloso que es el caldo Maggi con agua caliente cuando hace frío y no hay dinero, abracé a mi abuela, la vi reír, comí mucho helado, aposté a los caballos, dediqué un cuento, perdí varios negocios, aprendí a ser tolerante (aún me cuesta), me enseñaron con una sonrisa que a pesar de todo lo malo las cosas pueden terminar bien, decepcioné a una amiga y a su esposo, me perdí muchas veces, me encontré algunas, caminé mucho, visité a un amigo terminal, no fui a su entierro, fui a pescar, me reencontré con amigos perdidos, prometí más de la cuenta, abandoné el facebook un mes, aprendí a jugar Play Station, fui a varios conciertos, lloré de emoción en el concierto de James, extrañé mucho a una mujer, y ahora, con todo lo que acabo de recordar, a manera de inventario, creo que puedo decir que fui feliz. Feliz año del fin del mundo para todos, porque algo es seguro: sólo se vive una vez.



jueves, diciembre 22, 2011

Y el punk nació en Lima, Perú


"Ni en Londres, ni en Nueva York, ni los Ramones, ni los Sex Pistols, el punk nació en Latinoamérica y cantado en español". Esa es la sentencia del nuevo 'Diccionario de Punk y Hardcore (España y Latinoamérica)' publicado por la Fundación Autor y coordinado por Zona de Obras, editorial dedicada a la música y la cultura iberoamericana.
En sus páginas se plantea que la fundación del punk se debe al grupo peruano Los Saicos, "héroes anónimos de un género que cambió la historia del siglo XX" con sus canciones urgentes, letras como cuchillos y ritmos atropellados.
Añade el Diccionario que todo comenzó en 1964 en la ciudad de Lima, cuando Los Saicos tocaron los primeros ritmos punk. Así lo señala la placa que la Municipalidad de Lince, barrio natal del grupo peruano, mandó colocar en 2006.
Por otro lado, en una historia de similares características y complicada confirmación, se asegura que el término punk se utilizó por primera vez en 1971 en la revista Creem, para describir el salvajismo musical de los méxico-estadounidenses Question Mark & The Mysterians.
Este libro alberga las confirmaciones y contradicciones propias del punk y el hardcore, registra momentos increíbles, inéditos e igualmente conocidos por la música popular contemporánea iberoamericana.
Además de repasar el trayecto que recorrieron ambas 'movidas', se describe a los artífices, se reviven anécdotas y se repasan escenarios que confeccionan esta historia tan legendaria como urgente, que trata de abarcar incluso lo inadmisible.

TOMADO DE EL MUNDO (CLICK AQUI)




jueves, diciembre 01, 2011

Mi último beso a Wilde


Dejar flores en una tumba, libros, fotografías, poemas escritos en una servilleta, velas encendidas… un beso, son muestras de cariño o admiración que el recuerdo provoca en quienes visitan a alguien que ha significado algo en la vida de uno. Me pasó en el Père Lachaise cuando, entre la locura que es ese laberinto plasmado en un plano lleno de nombres de personalidades que han marcado nuestro tiempo, descubrí con asombro y alegría, la tumba de Oscar Wilde. El monumento que representa a un hombre alado sobre una base de granito, estaba casi completamente cubierto de marcas de besos de cientos de visitantes (en su mayoría mujeres, dicen, suponiendo que uno sería incapaz de pintarse la boca para dejar su marca ahí, en la tumba de uno de sus escritores favoritos e inmortales), a pesar de estar prohibido. Decía Hemingway que quien tiene la suerte de conocer París en su juventud sabrá que París lo acompañará siempre, porque París siempre será una fiesta. Y es verdad. La fiesta alegórica que el recuerdo trae esta mañana soleada me provoca una sonrisa, recordando aquella tarde en que, en mi masticado francés, le pedí a un par de Georgianas que me prestaran su lipstick, para poder también dejar mi recuerdo. Entre risas y silencios, caminé buscando un espacio con los labios rojos, casi rodeé la estructura, hasta que ahí encontré un espacio, que sé que esperaba por mí (porque las cosas les pasan a quien puede contarlas), y quedó el recuerdo. Una sola vez se vive en la vida, y una segunda vez jamás tendrá el mismo sabor e intensidad que la primera: “Un beso puede arruinar una vida” decía Wilde, ahora un beso podría arruinar su tumba.

Dice la nota en BBC Mundo:

Una pared de cristal se interpone entre la tumba del escritor Oscar Wilde y los besos de sus admiradoras. A pesar de que existía una multa de hasta US$12.000 para quien besara la sepultura, la piedra solía estar llena de decenas de siluetas de labios. La tarde está tranquila en el cementerio del Père Lachaise de París. A pesar del frío de un día gris, turistas y parisinos pasean bajo los árboles que el otoño de la capital francesa dejó sin hojas.
En la calle Carette del cementerio, muchos de ellos se detienen frente a una tumba especial que todos los mapas del lugar señalan. Aquí es donde descansa el famoso escritor irlandés Oscar Wilde: una tumba de piedra clara, coronada por una estatua realizada por el escultor estadounidense Jacob Epstein.
Desde este miércoles el público no se puede acercar. La tumba está protegida por el muro de cristal. Ahora parece como nueva. El gobierno irlandés acaba de pagar su remodelación para quitar las huellas rojas que dejaban las admiradoras del autor al besar la piedra.
En la placa se lee el siguiente mensaje: "La memoria de Oscar Wilde se debe respetar. Por favor no desfigure esta tumba. Es un monumento histórico protegido".
Una turista se acerca. "Ya he estado aquí. Mira como quedó", le dice a su amigo. "Antes esta tumba estaba llena de besos. El mío estaba por aquí me parece", comenta al señalar un lado de la piedra.
Al parecer, la grasa contenida en los lápices de labios usados dañaba el monumento, y cada limpieza provocaba la erosión de la piedra, que se volvía porosa. Para luchar contra el fenómeno, se ha instalado un cristal hasta media altura, que impide tocar la tumba.
Pintura de labios 'corrosiva'
Aunque algunos reconocen que es una costumbre un tanto rara y macabra, la mayoría de los turistas parecen decepcionados por el cambio. Entre ellos, Kylie, una australiana de 27 años, que decide tomarse una foto delante del monumento, fingiendo pintarse con lápiz de labios.
El periodista británico Merlin Holland, nieto de Oscar Wilde, durante la inauguración de la "nueva" tumba del escritor.
"La primera vez que vine no había besado la tumba. Pensaba hacerlo hoy pero ya no es posible", le cuenta la chica a la BBC. "Me gustaba más antes, tenía más personalidad. A mí me parece que le hubiera gustado más a Oscar Wilde tal como era antes", añade la gran amante del autor, conocido por su homosexualidad, que le valió una condena a dos años de cárcel.
Al final, sólo el guardia parece estar satisfecho por la medida. Thierry lleva cinco años trabajando en el cementerio. "Antes, cuando pasábamos por esta calle, muchas veces veíamos a mujeres besando la tumba. No entiendo porqué, supongo que una lo hizo y las demás siguieron el ejemplo", explica.
"Nosotros sólo les explicábamos que no podían y que era muy caro limpiar. Pero no entendían porqué otras lo habían hecho y ellas no tenían este mismo derecho. Además, la mayoría eran turistas y no entendían lo que les decíamos", añade.
Sin duda, los verdaderos amantes de Oscar Wilde conseguirán nuevas formas de demostrarle su afecto al autor del Retrato de Dorian Gray. Mientras alguien ha dejado una flor amarilla en el suelo, otros han preferido continuar con la costumbre del beso. El tronco del árbol que parece estar vigilando la sepultura ya lleva marcas de besos.

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Y aquí, para matizar la noticia, el corto de Wes Craven Paris, Je T´aime que transcurre en el cementerio Pére Lachaise y que incluye la tumba de Oscar Wilde, en homenaje a los 111 años de la muerte del universal escritor. De nada.