jueves, octubre 22, 2009

¡no censures PUES, HUEVÓN!



La peruanísima frase "ya pes, won" (que se traduce en: ya pues, huevón) coloquialismo puro de la jerga de costa sierra y selva, en todos los sectores socioeconómicos (término que les encanta a los estadísticos) fue tomando forma con los años en la mente de un creativo que, ingeniosamente, ideó este pez con enormes genitales rosados que se ha convertido en la locura de las tiras cómicas del facebook: "el Pezweon" (cuándo algún diario le dará un espacio en lugar de publicar tanto refrito) y se hizo de más de tres millares de fans. Salieron los polos (sugerencia de los fans), aumentaron las "temporadas" (a pedido de los fans") y, como era de esperarse, por fin salió el libro, editado por Norma. El problema se presentó cuando los creativos quisieron patentar el nombre y su personaje ante la oficina de derechos de autor (donde al parecer moran los dementes Pithecoides que son fanáticos de un solo libro) y le prohibieron su derecho legal pues, aducen, "ofende a la moral".
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Desde esta columna no queda otra que solidarizarnos con ese personaje, entrañable ya, y decirle a ese fulano, sheriff de la moral: no jodas pezwon...
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jueves, octubre 15, 2009

Tarata, la película (otra más para el olvido)


He revisado algunos comentarios bastante auspiciosos sobre “Tarata”, última entrega del cineasta Fabricio Aguilar y decidí (con muchos reparos) ver la cinta. Debo aclarar que no soy gran fanático del cine peruano, pues salvo 4 o 5 cintas en 40 años de historia, las demás son para el completo olvido, y lamentablemente Tarata está en este grupo. La trama gira en torno a la explosión del coche bomba que destruyó la calle del mismo nombre, ubicada en Miraflores, (en ese atentado fallecieron 25 personas y resultaron heridas 155), y cómo este acto terrorista cambia la vida de una disfuncional familia de clase media venida a menos.
La cabeza de familia, muy bien interpretado por Miguel Iza, es un tipo sin más norte que su trabajo en una universidad nacional, su insoportable mujer, una vida anodina, y un inverosímil hobbie: anotar en una libreta todas las frases que aparecen pintadas en paredes, bancas, baños, techos y demás, arengando la “lucha armada”, pues tiene la teoría que estas frases pueden ser mensajes cifrados que “informan” sobre el desarrollo de la guerra interna y podrían –tras ser interpretados- anunciar una tregua (esto ya es completamente tirado de los pelos ¿quién en esas épocas sería tan imbécil de anotar todo eso y además llevarlo en el bolsillo de la camisa o dentro del pantalón si cada 15 minutos los soldados detenían los carros pidiendo documentos y registrando a todo el mundo? ¿Y en medio de un toque de queda?).
La esposa, papel interpretado por la animadora de televisión (no actriz, ojo, en el Perú tenemos la costumbre de poner a una figura “conocida” para que “jale gente” sin tomar en cuenta que la actuación es primordial para hacer creíble una historia y que esta viene de una “formación actoral” que no se obtiene en unas pocas semanas) Gisela Valcárcel, interpreta a una mujer amargada porque su marido no puede darle “la vida que se merece” y cifra todos sus sueños en la venta de cosméticos y un posible negocio que abrirá con su mejor amiga, interpretada por Lorena Caravedo (muy bueno el detalle de cuidar los peinados y la ropa de la época ochentera, los teléfonos de disco, los autos, en ese aspecto, acertadísimo). Pero la actuación de Valcárcel no llega a despegar, tiene sí, chispazos buenos, eso es innegable, pero el engolamiento de la voz (el mismo tono que usa cuando quiere parecer “sentimental” en su programa concurso) no convence a nadie.
Los niños son otro tema, la hija mayor, adolescente conflictuada por su disconformidad familiar, busca huir sin saber que “su mundo” se encuentra inmerso dentro de otro, uno más complejo, donde hay gente oscura, serrana, que muere, que sufre tanto o más que su familia, y que también quiere huir pero por otras motivaciones, en su mayoría el dolor (como se ve en la escena de la agencia de transportes); el niño sin embargo, a pesar del carisma que pueda despertar, sobreactúa tanto su papel que se pierde a los primeros 15 minutos de la película. Demás está mencionar que los diálogos del niño no se los cree pero ni otro niño (sabe de memoria la cartilla de seguridad contra atentados, por ejemplo, usa correctamente la descripción de la mezcla de anfo con dinamita, no pues… se convierte conforme avanza la cinta en un segundo padre de familia que tiene más preocupación que el propio progenitor…) en fin. El papel de la empleada del hogar es quizá uno de los mejores, en torno a ella gira el detonante de la cinta, su hijo es desaparecido por el ejército durante una redad donde (in-creíble esta escena) es capturado luego de ser obligado -junto a Miguel Iza -a desplegar una banderola con el rostro de Abimael Guzmán. La música deja mucho que desear, jamás acerta una tonada con alguna emoción, y todo transcurre tan absurdamente dentro de la moralina, que la película, felizmente, parece acabar rápido.
Un detalle importante, de asistente al cine: durante la función muchos reían, comentaban entre sí, se burlaban de escenas tipo “jefe, mire, es mi libreta con anotaciones senderistas pero es porque tengo la teoría… PUM! PAM! ¡Toma!” Es obvio: no se puede subestimar al cinéfilo, menos con un tema tan delicado y explotable a nivel de guión. Después de “Paloma de papel” Aguilar debió pensar bien antes de escoger a sus coguionistas, revisar más información de la época, leer más de sicología, entrevistarse con gente que estuvo ahí, ser más ambicioso (como lo fue en su anterior cinta).
La gente salió del cine no solo decepcionada, sino sintiéndose burlada. Y eso es un termómetro que hay que tomar en cuenta.

miércoles, octubre 14, 2009

Entrevista al GRAN Rocco Sifredi


Aparece en el diario de Aragón una entrevista muy divertida realizada por una afanosa y emocionada periodista "Fans" del mítico actor porno Rocco Sifredi (Tarzán X, entre otros cientos de películas que dejaron miope a más de un adolescente setentero y ochentero). Basta de palabras, disfrútenla:

--¡Estamos ante un mito del siglo XX!
-Sólo me doy cuenta cuando veo la reacción de los fans. En Italia ya no hago televisión para no tener los problemas que tengo en Francia.
--¿Qué problemas tiene en Francia?
-No puedo pasear, ni volar en Air France, ni pasar unas vacaciones en el Club Med con los niños. Una vez lo hice y los 2.000 huéspedes pasaron a hacerse la foto con Rocco.
--¿Conclusión?
-Cuando me pasa este tipo de cosas, mi cabeza vuela 20 años atrás, al día en que opté por hacer este trabajo. Recuerdo que era una decisión arriesgada para alguien que, como yo, procedía de una cultura marcada por la iglesia. Hasta mi médico de cabecera vino a decirme: "Rocco, si entras en el porno nadie te hablará más". Lo mandé a paseo, pero sentí una gran presión. Así que mi leyenda se nutre de no haber tenido miedo de hacer lo que me hacía feliz.
--¿Esa fue la verdadera razón?
-La verdadera razón fue la sexualidad reprimida que había en mí. La locura por vivir el sexo y la imposibilidad de hacerlo. Imagine: Ortona, 20.000 habitantes, si haces sexo con una chica, bien; si lo haces con dos, ojo, si lo haces con tres, eres un porco. Y yo, que a los 10 años ya me masturbaba 10 veces al día, no entendía cómo los otros niños se contentaban con oír los partidos por la radio los domingos. ¡El sexo era mi auténtica energía de vida!
--Un fenómeno de la naturaleza.
-Todos nacemos con un don. Y yo he nacido para esto. Me metí en el porno porque se scopava. ¡Hubiera pagado por hacerlo! La primera vez que pisé un set fue como entrar en el paraíso. Había trabajado en un barco, había sido camarero y salvavidas, pero mi cabeza sólo pensaba en el sexo. Todo el día tenía fantasías. Y eso viene de mi padre, ¿eh?
--¿De su padre?
-¡Era peor que yo! Trabajaba de peón caminero, pero siempre merodeaba por las casas con la esperanza de consumar. ¡Qué crisis de celos tenía la mamma! El fue mi primer fan. Y mis otros cinco hermanos tienen el mismo problema. El que tiene 52 años vuelve loca a su mujer porque sólo fica una vez al día y no dos.
--¿Jamás ha sentido hartazgo?
-Si acaso, antes de dirigir mis películas, cuando lo hacía 25 días al mes, llegué a sentir mi límite. La cosa más importante en un actor porno es el equilibrio psicofísico.
--¿Cómo se aguanta una erección de dos horas?
-¿Dos? (Ríe a carcajadas) ¡Y ocho! Con Teresa Orlowski, he rodado orgías de ocho horas. Sin parar. ¿Mi técnica? Concentrarme en la chica que me toca y ver lo que tiene de bonito. Hay actores que, para llegar al orgasmo, ponen la foto de otra en la cara de la compañera. Eso me parece degradante para las chicas.
--"Cada vez entiendo más el cerebro de las mujeres", ha dicho.
-Sí. Creo que utilizo el modo de hacer sexo de una mujer. La sexualidad femenina es más cerebral. Puede rozar una perversión más fuerte que el hombre, que de repente le entra el miedo y se bloquea.
--Dé la clave del buen sexo.
-La fantasía. La repetición mata el sexo. Los límites los marca el deseo.
--Si lo deja ¿qué será de usted?
-Pienso concentrar toda mi sexualidad en una sola mujer, la mía. Aunque ella está algo asustada. Me dice: "¿Estás seguro de que quieres dejarlo? Sabiendo como te gusta el sexo, acabarás mirando a otras chicas. Ahora sólo es tu trabajo."
--¿De veras?
-Rosa es de una pureza interna irreal. No conoce los celos. Soy yo el problema. ¿Sabe? a mis 40 años, en mi fuero interno hay algo que no cuadra. Tras una escena increíble con 10 chicas, cuando vuelvo a casa me siento culpable. ¡Y eso que ella jamás me ha pedido que lo dejara!
--¿Y el gran Siffredi es celoso?
-No. La confianza mutua es la máxima expresión del amor. Para mí el buen sexo es como la buena comida. Y punto. El sentimiento es más.
--Por cierto, ¿cuánto mide ello?
-Mide 24 centímetros.
--¿Cuidados especiales?
-No. Cuando lo hacía 25 días al mes, me aplicaba un aceite de vitamina E y, a veces, crema para quemaduras.
--¿Y le ha fallado alguna vez?
-¡Antes morir que fallar! El productor me lo habría recordado hasta el fin de sus días. Pero hubo momentos en que no estaba al 100%. Una vez tuve un orgasmo mezclado con un infarto, del puro esfuerzo.

miércoles, octubre 07, 2009

30 años de Loquillo y Los Trogloditas

Loquillo ha grabado de nuevo la canción de Johnny Cash, 'Man in black', que ya grabó en 1993 con el título de 'El hombre de negro', pero ahora lo ha hecho junto a Andrés Calamaro, Enrique Bunbury y Jaime Urrutia. Éste videoclip es el resultado, que se incorporará a la caja con cinco CD y tres DVD que conmemoran los 30 años de carrera de Loquillo: todo un clásico.