martes, agosto 19, 2014

MARGO GLANTZ SOBRE "LA VIDA A PLAZOS DE DON JACOBO LERNER"

Margo Glantz (Foto: catedraabierta.udp.cl)

La escritora, periodista, profesora y traductora Margo Glantz (México, 1930) comparte con nosotros el prólogo que escribiera para la edición de homenaje de "La vida a plazos de don Jacobo Lerner", del escritor peruano Isaac Goldemberg. 

1.- Roland Barthes afirmaba en La preparación de la novela, libro póstumo, registro de su último curso en El Colegio de Francia, poco antes de su muerte en marzo de 1980:  
Pertenezco a una generación que ha sufrido demasiado la censura del sujeto: ya sea por la vía positivista (objetividad requerida en la historia literaria, triunfo de la filología), ya sea por la vía marxista (demasiado importante, aun cuando ya no lo parezca, en mi vida). Valen más los señuelos de la subjetividad que las imposturas de la objetividad.  Vale más el Imaginario del Sujeto que su censura. 

2.- Y aunque en La vida a plazos de don Jacobo Lerner del escritor peruano Isaac Goldemberg, publicada por vez primera en Nueva York en 1976 y varias veces reeditada y traducida,   el protagonista no sea el sujeto de la narración y de él tengamos noticias sólo a través de “bocas ajenas” , las que emiten  los demás personajes de la novela en primera persona, convirtiéndolo en objeto del discurso, la novela es necesariamente subjetiva, o al menos expresa la subjetividad de quienes acabarán siendo los fantasmas de don Jacobo, o de su hijo Efraín, al que nunca conocerá y de quien sólo tendrá noticia justo a través de los otros hablantes.
En efecto, el libro comienza con esta frase: “La noche antes de morirse, Jacobo Lerner pensó que su muerte originaria leves catástrofes”.
Catástrofes parecidas a las imaginadas por los niños que sueñan con morirse para saber si de verdad son queridos, o si de verdad  forman parte de una historia, aunque fuera familiar. Y esas catástrofes imaginadas podrían acaecerles a otros personajes  involucrados directa o indirectamente con el próximo difunto: su cuñada, su hermano,  su querida,  la hermana de su cuñada, sus amigos, la madre católica de su hijo bastardo Efraín - el otro sujeto esencial del discurso, aunque se trate de un sujeto privado de discurso lógico- y todos aquellos, católicos o judíos,  que habitarán en los pueblos cercanos a Chepén, lugar de nacimiento de Isaac, el novelista, y  por donde deambulara el abonero, esa figura del fracaso.
Cerca y luego, los habitantes de Lima, la capital, donde vive el grueso de la comunidad judía del Perú, también protagonista de esa historia híbrida,  como la llama el propio autor en alguna de sus entrevistas:
“Lo que se da en mi obra es el deseo de experimentar profundamente el exilio judío, no sólo como acontecimiento histórico sino también como un suceso mítico. Al referirme constantemente al pasado, sobre todo en mis poemas, lo que intento es recuperar una serie de mitos todavía latentes en el judaísmo. Y trato de hacer lo mismo al ocuparme de los mitos peruanos para explorar esa otra parte de mi ser. Es decir, viendo la historia no como una mera sucesión de eventos sino como un conjunto de hechos que se despliegan a partir de una cosmovisión cosmológica compartida. Por eso mis novelas o mis poemas no deben tomarse como una autobiografía, ni como una historia real de la comunidad judía peruana, ni de cierta vida provinciana en el Perú. Todo eso sólo sirve de telón de fondo para presentar una experiencia en la cual lo histórico vuelve a participar de ciertas memorias míticas”. 

3.- De entre los muchos elogios que este libro ha suscitado, extraigo este de Severo Sarduy:
“Los detalles de la implantación americana, esa mezcla de Antiguo Testamento y brujería: la Torá envuelta en lianas, ese es el emblema de la novela. Y algo más: estamos hartos de Sinagoga vencida —como en las fachadas góticas— frente a una iglesia triunfante, hartos de judaísmo lacrimoso. En La vida a plazos de don Jacobo Lerner Goldemberg subvierte esa tradición afligida con su humor, con su distancia constante, kitsch hebreo antes del kitsch”.
Me encanta la definición: “la Torá envuelta en lianas”. Sin comentarios adicionales.  

4.- Libro emblemático, su confección es digna de exaltarse. Si la vida de don Jacobo tuvo como signo el crédito, la novela, así como las operaciones realizadas por su protagonista, se nos entrega a plazos. Leemos cómo se disparan incansables  retazos de historias, recortes de  periódicos, voces diversas - femeninas y masculinas, infantiles y adultas-; corren asimismo murmullos, chismes, oraciones, sobrevienen sueños, pesadillas: exigen atención y paciencia lúdicas para poder  armarse como si se tratase de un rompecabezas, con lo que el libro podría prefigurar la construcción ideada por Georges Perec en La vida instrucciones de uso (1978)  o también, y  aún  más cerca quizá, desplegar a su especial manera y, gloriosamente, esa pluralidad de  voces, método antes perfeccionado por Manuel Puig en Boquitas pintadas de 1969. 


SOBRE MARGO GLANTZ: La escritora, periodista, profesora y traductora Margo Glantz nació en la Ciudad de México en 1930. Profesora emérita de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, es desde 1995 miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua e investigadora emérita del SNI desde 2004. Ha enseñado en varias universidades del extranjero: Yale, Princeton, Berkeley, Harvard, Barcelona, París. Su obra se caracteriza por el hábil manejo del lenguaje, por la erudición, por su agudeza crítica y por su originalidad creativa. Es autora de libros de ensayo, cuento y novela, entre los que destacan: Las genealogías, Síndrome de naufragios, La lengua en la mano, De la amorosa inclinación a enredarse en cabellos, Erosiones, ¿Sor Juana Inés de la Cruz, hagiografía o autobiografía?, Sor Juana: la comparación y la hipérbole, Apariciones, Zona de derrumbe y El rastro (finalista del Premio Herralde de Novela). Fundó y dirigió Punto de Partida (UNAM) y Guía de Forasteros (INBA). Ha recibido las becas Rockefeller y Guggenheim, el Premio Magda Donato (1982), el Xavier Villaurrutia (1984), el Sor Juana Inés de la Cruz (2003) y recientemente el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2004 en el campo de Lingüística y Literatura. Doctorado Honoris Causa por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2011.Candidata al Premio Príncipe de Asturias, 2011; propuesta por la Real Academia Española al Premio Miguel de Cervantes, 2011; Premio al Mérito Cultural de la Ciudad de México, Carlos Monsiváis, 2012.

sábado, agosto 09, 2014

¡Empezo el 18 Festival de Cine de Lima!

Homenaje a Aristóteles Picho.

Festival de Cine de Lima, 18 años de vértigo. El Gran Teatro Nacional se vistió nuevamente de gala con la inauguración, la noche de ayer, del 18 Festival Internacional de Cine de Lima.

Esta nueva edición es especial porque confirma que el trabajo realizado por los organizadores ha consolidado a este evento como el encuentro cinematográfico más importante de América Latina y convierte a Lima, ciertamente, en una plaza interesantísima donde se proyectarán más de 300 cintas, algunas de ellas estrenos absolutos en Latinoamérica, otras multipremiadas y donde además podremos pasar del género ficción al documental, donde compiten 19 y 12 largometrajes, respectivamente.
La noche empezó con las palabras de Edgar Saba, director del festival, quien, acompañado de una veintena de actores de cine y teatro, dedicaron un breve pero merecido homenaje a Aristóteles Picho, recordado actor que falleciera hace algunos meses víctima del cáncer.
Con el actor Carlos Alcántara (Foto Omar Crispín)
Durante este breve homenaje se proyectaron escenas de la trayectoria de Picho en sus diferentes registros, el teatro, el cine, las series de tv, y terminó con un diálogo tomado de “Pantaleón y las visitadoras” donde el periodista radial “Tunche” (Picho) le pregunta a su programador, luego de una acalorada sesión de oratoria política radial: ¿Cómo estuve?, “¡telúrico, maestro… telúrico”.
El reconocimiento de parte del Festival a este querido actor se brindó a través de los hermanos de Picho, quienes recibieron de parte de Saba el Spondyllus de plata y dieron unas sentidas palabras de agradecimiento por tan importante reconocimiento.
Los organizadores y auspiciadores, tomaron luego la palabra, destacando la presencia de los invitados de honor con nombres de la talla de Bruno Dumont, Chasque Spencer e Inti Briones, además de realizadores, actores, críticos y demás personalidades convocadas para compartir en mesas de debate, talleres y proyecciones, toda su experiencia y vitalidad.
Destacó el discurso del rector de la PUCP, Dr. Marcial Rubio, quien planteó la idea de que la única forma de integrarnos como nación a través de la cultura, era tejiendo redes, estableciendo lazos y asumiendo el compromiso para con las provincias, desde la provincia de Lima porque acá muchos somos también provincianos.
Con el primer actor Enrique Victoria (Foto Omar Crispín)
Estupenda la participación de la Orquesta sinfónica nacional que desató una lluvia de aplausos al interpretar el soundtrack de breve selección de escenas de las cintas en concurso.
“Ciencias naturales” del cineasta argentino Matías Lucchesi fue la película que inauguró el 18 Festival de Cine de Lima. Una historia que nace por el germen de la busqueda. El filme nos recuerda a Carlos Sorín y La Patagonía, pero aquí todo sucede en Córdoba, Lucchesi nos sorprende con esas pequeñas historias  que  terminan conmoviéndonos.
Con el director Héctor Gálvez (Foto: Omar Crispín)
Una vez terminada la inauguración empezó la fiesta, esta vez más “moderada” que ediciones anteriores ¿será por el frío? Pero hubo oportunidad para conversar con amigos y algunos de los invitados extranjeros y nacionales, entre ellos David Villanueva (quien está por estrenar “Don Juan Tenorio” en el rol principal dentro de unas pocas semanas), Carlos Alcántara (quien estrena “Perro Guardián” en setiembre), Héctor Gálvez (cuya cinta, NN, está como candidata favorita a arrasar literalmente con todos los premios aquí y en los festivales donde se está presentando), el maestro Enrique Victoria (que acaba de participar en la cinta “Entre amigos”), quien criticó duramente la gestión de la actual ministra de cultura, Diana Álvarez-Calderón; Mayella Lloclla (que acaba de regresar de grabar la cinta “Pueblo viejo” en Huancayo, al lado de Christian Esquivel), entre otros.
La fiesta del cine recién empieza, y esta nueva edición promete más de una sorpresa.

Conversando con Giovanni Ciccia: "No tengo talento, por eso tuve que estudiar"

Foto: Dedomedio.com

La década del 90 nos entregó una generación notable de actores jóvenes que participaron en producciones memorables, tanto en el teatro como en el cine. Uno de ellos (considerado en su momento como uno de los mejores de su generación) es Giovanni Ciccia. Pero su historia en la actuación no empieza en 1990, sino a inicios de los 70, cuando, escondido tras la cortina de su sala, esperaba el momento adecuado para salir a escena e interpretar los papeles que él mismo inventaba, y que luego escribiría estando en el colegio, donde fue consolidando su talento escribiendo y dirigiendo pequeñas obras, actuando y bailando en las actuaciones escolares, esperando el momento de regresar a casa para seguir actuando, tocar el piano o la guitarra con su papá, sus tíos, los primos o los amigos del barrio.

Recuerda con nostalgia aquellos años de familia. Su abuelo vino del norte de Italia y su abuela de sur, llegaron al Perú para ensamblar a sus hijos, dice riendo, y trajeron consigo toda esa alegría propia de las reuniones de familias grandes. Busca en restaurantes italianos la sazón de la abuela, que preparen polenta, canelones, pero como se preparaba entonces, con el cariño del hogar. Su abuela preparaba la polenta y la movía durante horas y horas en la cocina, después la servía como una especie de sopa con tuco y abundante queso parmesano; esta sopa era tan espesa que cuando se enfriaba tenías que cortarla en tajadas y freírla, y te comías tus tostadazas de polenta; pero en ningún restaurante ha encontrado el sabor del risotto de hongos a la italiana, es un chambón, pero sacas unos bíceps…; o el menestrón, donde ponían la cuchara parada con el queso parmesano dentro, lo máximo.
Escena de la película Django
Giovanni Ciccia toma asiento en una de las butacas del teatro Larco, observa el escenario donde está montando “La tiendecita del horror” y pregunta si es que no olemos a comida. Todos ríen. Es imposible que esté quieto, tal vez es ese espíritu el que lo ha llevado a actuar, dirigir, tocar en una banda de rock, escribir guiones y además poner una tienda de vinilos. Pero todo esto es en realidad, el destino. Terminando el colegio se puso a estudiar comunicación audiovisual, que era lo único que encajaba con lo que había hecho toda su vida, y luego complementó esa formación con cursos de actuación, dirección y, poco a poco, fue cayendo en la actuación, por un tema básicamente económico, cuenta, porque encontré que tenía más espacio. En aquellos años leía mucho más de lo que indicaban los cursos y ese espíritu autodidacta fue necesario para ir alcanzando sus metas. Le gusta muchísimo Visconti, Scola y Fellini, las películas más terrenales, De Sica, y ha descubierto con “La gran belleza” (el film de Paolo Sorrentino que ganó un Oscar en 2014 a mejor película de habla no inglesa) que todavía el cine culto puede sorprender hasta el silencio.
Los fines de semana, cuando niño, los primos llegaban a su casa y estallaba la diversión, se bañaban en la piscina, iban a la playa, siempre había un momento para los juegos, pero no para el deporte: Giovanni nunca ha jugado al futbol, sus juegos eran juegos de personajes, tú eres el ladrón y yo soy el policía, ahí había una historia. Entonces cogía la cámara betamax de su padre, filmaban todo, y a cierta hora, papá, mamá y tíos se reunían a ver lo que habían hecho, y ellos se tenían que sentar y alucinar que sus hijos eran genios; en lugar de meter goles, Giovanni filmaba cortos. Quizá este estímulo se lo deba a su padre, un hombre al que le encantaba cantar y era, además, un amante de la tecnología. En la casa de los Ciccia nunca faltó el último modelo de Betamax, de VHS, el último equipo de sonido, a su papá le encantaba, pero no los usaba mucho, le gustaba saber y ver cómo lo usaba otra persona, entonces, de alguna manera, Giovanni era su control remoto. Él le decía a ver préndeme estopon una canción, y entonces él corría y ponía el disco o el casete, grababa usando un micro; esto lo motivó mucho, pues en su casa había acceso a instrumentos que servían para registrar cosas, grabadoras, cámaras, siempre había alguna novedad en casa.
Escena de la película No se lo digas a Nadie
Y entonces, un día, llegó el teatro profesional. Las primeras obras fueron muy intensas, Giovanni recuerda que se preparaba cada día marcando el calendario con un plumón, esperando el día del estreno. En una época en que le pagaban con monedas que apenas alcanzaban para una cerveza helada, lo importante era saber que el corazón estaba contento. “El Tartufo o el impostor”, la clásica comedia en cinco actos escrita en versos alejandrinos por Molière y que fuera estrenada el 12 de mayo de 1664, fue su primera gran actuación. Dirigida por Manuel Calderón, entonces profesor del Club de Teatro, “El Tartufo” se estrenó en la Municipalidad de Chorrillos, pero no fue mucha gente a verlos. Qué importaba: se hacía el teatro pensando solamente en el teatro y no en el marketing, como ahora. Y todo lo que se hacía se hacía en serio, pues cuando alguien paga su entrada para ir al teatro, entonces ya es en serio. Y así pasó de la sala de su casa al gran escenario, del público familiar a un público de teatro (más exigente), y después del Tartufo vino “El rey de Sodoma”, con José Enrique Mavila en la Escuela Nacional; y luego “Séptimo cielo” dirigida por Alberto Isola, en la Alianza Francesa. Esos fueron sus comienzos; desde entonces ha ido dejando parte de sí en cada personaje interpretado, y marcado el destino de otros. ¿No extrañas algo en especial de algún personaje? Y no, no extraña nada, porque para él es un alivio terminar un personaje, el teatro le fascina, pero es consciente de que ser otra persona todos los días, y siempre diferente, no es sano para nadie.
La última cinta donde actuó fue la premiada “El evangelio de la carne”, la recuerdo ahora y entonces caigo en cuenta que a Ciccia le gustan los cambios extremos. Del frívolo rebelde en “No se lo digas a nadie” (inolvidable su grito de libertad saliendo de la PUCP), aparece como D´Jango, -uno de los delincuentes más peligrosos de la década del 80, cuya banda asaltó más de 200 bancos-, desnudo en una azotea abrazando a una sensual Melania Urbina (otra escena inolvidable, con grito incluido), donde tuvo que hacer una gran investigación porque le parecía un personaje rarísimo, completamente lejano a él. En “Un día sin sexo” era un tipo medio cómico, medio tonto, parecido al personaje de la exitosa miniserie “Mi problema con las mujeres”, que fue nominada a los Premios Emmy; en “Mañana te cuento” era un salvaje que nada tiene que ver con el pobre tipo apagado de “El evangelio de la carne”. Le divierte buscar personajes nuevos; el último es un nerd, un tipo completamente desadaptado que aparece en “La tiendecita del horror” en el teatro Larco. Todos son tan distintos, que es inevitable pensar que algo no se quede con el Giovanni/persona. Quizá algo de rebeldía, dice, pero nada más. Y es que Ciccia dice las cosas que piensa sin ambages, y no pocas veces ha tenido problemas por esto (ríe al recordar cuando en su twitter mandó a la mierda programas como Combate y Esto es guerra y le llovieron “críticas”). Ahora sonríe y dice que ya no dice nada: que su silencio es revolucionario. Y ríe más.
Escena de la película Tinta Roja
“He hecho un montón de cine, pero nadie va a verlo”, dice; cree que el público se ha alejado de las salas pero eso no es tan cierto. Cintas de consumo masivo como “¡Asumare!”, “A los 40” o “Cementerio General” han superado las expectativas de asistencia de sus productores. Es verdad que la calidad de las mismas no es la mejor y jamás serán clásicos, pero ha despertado el interés del público por consumir cine nacional, aunque estemos lejísimos de una industria como la mexicana o la argentina, ni qué decir de la española. Ciccia se queda pensando un momento y vuelve a la carga: es consciente de que gran parte del problema es la carencia de ideas a la hora de elaborar argumentos atractivos. Las cintas son básicamente extensos comerciales televisivos. Falta escuela, oficio. No se puede “hacer un cine” (y generar una cultura del cine nacional) en dos años, por más dinero que se tenga, aunque el dinero ayuda a que se genere un oficio. Giovanni piensa que la gente que está haciendo estos comerciales de hora y media, en cinco años probablemente nos regale un triple platino, o un Oscar en 10 años, cree que hay que pasar por estos procesos para llegar al profesionalismo. ¿Cómo se convierte uno en experto?, los grandes directores de cine tienen en su carrera 30 cortos, 5 largos fallidos, y después, una gran película. Nadie ha hecho su obra maestra a la primera vez, y hay directores que han hecho solo una película. Con mucha suerte Eduardo Mendoza ha hecho 5 películas, es una cosa increíble pero hay otros más, los más conocidos han hecho máximo dos películas en lapsos de 6 a 7 años; como sea: se te va la vida y haces dos películas, tienes que hacer para aprender, tienes que hacer para ser a cada día mejor, y si no hay producción pues tampoco habrá guionistas.Giovanni ha escrito varios guiones (desde niño, lo recuerda), pero sabe que la formación de los guionistas no es la ideal. Hay una formación técnica, básica, teórica, en la Universidad de Lima, la Católica, la San Martín, los alumnos salen con un cartón  de comunicadores y poseen la teoría para escribir un guion, saben cómo agarrar una cámara, cómo hacer una secuencia cinematográfica, pero no tienen el oficio para hacer una película y si van a postular a CONACINE durante cuatro años para en el quinto año recién filmar su primera película, y dos años después estrenarla ¡se les fue la juventud, hermano!, la época más creativa de la vida se te va haciendo una película (si es que la haces), para que después, cuando la estrenes, el público no vaya a verla y los críticos te destruyan,  entonces…
Le comento que este año se ha proyectado estrenar 50 cintas, según sus propios directores. Me dice que ya vamos medio año y a las justas van 6. Le pregunto por el nivel de los actores, si comparamos, por ejemplo, con los brasileños; entonces me dice que no puede opinar porque está del otro lado, y defiende la calidad de su trabajo, y nombra a los talentos de su generación: Melania Urbina, Paul Vega, Vanessa Saba, Gianella Neyra, Jimena Lindo, Lucho Cáceres… recuerda que con “Tinta Roja” le dieron una Concha de Plata a Gianfranco Brero como mejor actor, aunque es ya de varias generaciones anteriores. Se ofusca, no hay nada que envidiarle a las novelas brasileñas, las mexicanas deberían envidiarnos, la venezolanas… pues ahí no hay nada. Y todos ríen. Habla de Mastroiani, que nunca estudió nada y tan solo ponerse de pie en el escenario la gente lo amaba, la cámara lo amaba. Dice que él no tiene talento, por eso tuvo que estudiar. Se nota la pasión en sus palabras, en su compromiso como actor, en la responsabilidad que asume al interpretar a un personaje. Pero es inevitable mencionar a los actores que se han dedicado a otras cosas, desde periodistas radiales hasta animadores de programas concurso, y responde que la actuación no paga todas las cuentas, y el cine no es una industria. Giovanni Ciccia sería feliz filmando dos cintas al año, que fueran rentables, claro está, pero no abandonaría la tienda de vinilos, la música es su otra pasión. Atrás quedó la etapa de 3G, el programa de conversación en Plus Tv donde compartía espacio con Gianfranco Brero y Natalia Parodi. Pero Giovanni no se detiene: después de estrenar “La fiaca” ha montado “La tiendecita del horror”, una película del 69 que Roger Corman convirtió en musical de teatro en los 80s, y que después se convirtió en película musical en 1983.
Escena de la película El evangelio de la carne
Y así como el arte y la actuación cambiaron muchas cosas en su vida, la familia lo cambió todo. El gran cambio no era el Fredemo, eran los hijos, dice riendo. Tiene dos hijos pequeños, le digo que están en su mejor edad, me responde que le están quitando sus mejores años. Los hijos te hacen feliz aunque también joden, pero así es la historia de la vida, el círculo de la vida, por eso trato de pasar el mayor tiempo posible con ellos, es duro, te sacan la mugre. Es un cambio espiritual. Le pregunto entonces si cree en Dios, sí, pero en mi Dios particular, no en el que representa Cipriani, que más parece un exorcista, Dios no necesita de una religión. ¿Recuerdas que la única vez que se le vio a Jesús feroz y molesto fue cuando estuvo en la Iglesia? Algo pasa allí, compadre.
Están ultimando detalles para empezar la función de la noche. Giovanni Ciccia tiene ya a estas alturas la experiencia de dirección y la solvencia actoral para manejar todo con calma. Recuerda su paso por obras como “La Chunga”, “La nona”, “Broadway nights”, “Jesucristo Super Star”, recuerda que la sangre llama y entonces ahí está el gusto por la obras de la literatura clásica, pero aclara que si se trata obras locales prefiere las contemporáneas. Por eso estrenará dentro de poco “Un fraude epistolar” basada en una novela de Fernando Ampuero, quizá cuando se haya estrenado ya “La hora azul”, basada en la novela homónima de Alonso Cueto y que fue grabada el año pasado. Giovanni Ciccia se despide entre risas, el hombre nunca descansa, vive la tercera edad de la juventud. Se va pensando en todo lo que le falta por hacer sobre las tablas, y que la vida no le alcanzará pero qué importa: él solo sigue su destino.
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