jueves, junio 30, 2011

Tour de force: nueva entrega, nuevo formato.


Invitado por Alex Alejandro a participar del singular proyecto "Literatura en PDF", que convierte el papel en bites, la web OhCultos lanza esta noche la edición digital de una serie de cuentos, ya publicados en edición impresa, que he reunido bajo el título de "Tour de force". Se trata de una selección de cuentos que he ido escribiendo a lo largo de estos años y que han salido en "Canto en el infierno", "El color del camaleón", y algunas revistas universitarias. Espero lo disfruten, lo comenten, y lo compartan: la descarga es gratuita.
Para acceder al libro, pincha AQUI (luego en la foto del libro, y listo).

lunes, junio 20, 2011

Lo que sé / Jorge Semprún (Tomado de Radar Libros)


No soy un auténtico español, ni un auténtico francés; no soy un escritor, ni soy un político. Soy sólo un superviviente de Buchenwald.
He visto cómo algunos de mis compañeros en el campo se extinguían poco a poco. A las cuatro de la mañana suena la sirena. Ha pasado la noche. Te levantas, vas al baño, te lavas con agua fría. Después ves al camarada que desde hace seis meses duerme a tres filas de distancia. Lo observas, y su mirada ha cambiado durante la noche: mira como un musulmán. Yo sobreviví. Por casualidad. Era fuerte y bastante resistente. Llegué al límite de la extenuación, pero me quedé a este lado. Unos meses más y no sé qué habría sido de mí.
Sobreviví, entre otras razones, por la curiosidad natural de los veinte años. Por la curiosidad de saber qué universo era ése, kafkiano, complicado, con leyes no escritas, pero absurdamente imperativas. La curiosidad es la condición de supervivencia que tanto subraya Primo Levi.
La escritura y los escritores son los únicos capaces de mantener vivo el recuerdo de la muerte. Si no se apoderan ellos de la memoria de los campos de concentración, si no la hacen revivir y sobrevivir mediante su imaginación creadora, se apagará con los últimos testigos, dejará de ser un recuerdo en carne y hueso de la experiencia de la muerte.
En español hay un hermoso verbo que no existe en francés: ensimismarse, entrar en sí mismo. Ortega y Gasset desarrolló toda una teoría al respecto: quien no es capaz de estar consigo mismo, no puede comunicarse con su entorno. En mí eso puede durar veinte segundos, puede ser una cadena de asociaciones que aparece de repente. Puede estar provocada por un recuerdo triste o un miedo repentino. Y entonces me pierdo. No es inquietante recluirse en sí mismo. Esa capacidad, incluso, me ayudó a soportar el campo de concentración.
Hago hacer a mis personajes cosas que yo no pude hacer, pero que podría haber hecho y que podrían haber sucedido. También cosas que me habría gustado vivir. Modifico lo vivido, lo prolongo, escribiéndolo. Coloreo una realidad que apenas era un boceto. ¿Esto es novelesco o un recuerdo? No lo sé, se confunde.
Durante veinte años he intentado ser comunista. Pero no de salón: comunista en lo práctico y en lo teórico, con cargos de responsabilidad, no para presumir de haber estado en los salones de Louis Aragon. Luego, gran parte de mi vida ha consistido en destruir todo eso. No traicionarlo sino destruirlo, en el sentido de dejar de ser un buen comunista para ser un demócrata y un anticapitalista radical.
El capitalismo vive en la crisis y se nutre de la crisis. Las aprovecha para seguir desarrollándose. Ninguna manifestación ni ninguna revolución podrá eliminarlo. Eso sólo podría conseguirlo el propio capitalismo.
La sociedad europea, incluso la mundial, necesita de la izquierda. Las organizaciones y las ideas tradicionales de la izquierda están agotadas, es claro. Pero la posición de izquierda es una necesidad moral, política, casi me atrevería a decir ontológica. Ser de izquierda es para mí el conocimiento de que la sociedad es digna y capaz de mejorar, y la apasionada voluntad de llevar a la práctica ese conocimiento. No se puede cimentar una sociedad exclusivamente sobre la libertad de los consumidores.
Hay que considerar el reformismo una revolución permanente. No es un juego de palabras.
Creemos que la democracia está arraigada en nuestro entorno. Pero si repasamos la historia del siglo XX, vemos que la democracia es algo combatido a diestra y siniestra como el enemigo principal. Y hoy tiene problemas nuevos. La democracia es frágil, capituladora. Se salvó de milagro en Europa.
El amor, es decir, el esforzarse por un diálogo, es más bien cosa de mujeres; los hombres están más bien a solas consigo mismos.
El mal no desaparecerá mientras haya humanidad. El mal es una de las posibilidades que le da al hombre el ser libre, es un subproducto de la libertad humana. Mientras el hombre sea libre, también será libre para hacer el mal. Esta es, para mí, una certeza metafísica.
Yo creo que hay valores por los cuales hay que dar la vida, y la libertad es uno de ellos. Si no arriesgamos la vida por la libertad, seremos esclavos. Si ningún pueblo, sociedad, grupo, minoría, hubiera arriesgado la vida por la libertad, la justicia o la fraternidad, seguiríamos en una sociedad esclavista o no habríamos salido del despotismo oriental.
A mi vida sólo la puedo contar yo. Quizá diga esto por vanidad, orgullo o engreimiento. Pero así es: sólo puedo escribirla yo.
El tiempo transcurre mucho más deprisa cuando eres viejo. Y no me queda mucho. Cuando tienes veinte años y crees que sólo tienes cinco por delante, es casi toda una vida. A mi edad, cinco años no son nada. Y por otro lado, hoy ya no veo los signos de la muerte. Esto genera inseguridad. Antes me encontré con la muerte y pude evitarla. En Madrid, por ejemplo, cuando acudía a una cita, tenía a veces la sensación: podría ocurrir ahora, te va a echar el guante. Ahora la muerte ya no se me muestra. Esa puta se ha enmascarado. Se ha hecho invisible.

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Jorge Semprún nació en Madrid en 1923, se exilió con la Guerra Civil y formó parte de la Resistencia francesa hasta que fue detenido por la Gestapo y deportado al campo de Buchenwald, donde sobrevivió dos años hasta la liberación. Militó clandestinamente en España en el Partido Comunista hasta que fue expulsado, en 1964. Por entonces comenzó su carrera literaria. El largo viaje, La escritura o la vida, La montaña blanca, son algunos títulos de entre la veintena de libros que escribió, originalmente en francés. Fue, además, ministro de Cultura de Felipe González y guionista cinematográfico de Resnais y Costa-Gravas, entre otros. Murió el martes pasado en París, a los 87 años.
Las citas están tomadas de diversas entrevistas y artículos, así como de Lealtad y traición, la biografía de Franziska Augstein (Tusquets).

La increíble historia de John Kennedy Toole


La conjura de los necios fue publicada once años después de que su autor, John Kennedy Toole, conectara una manguera desde el tubo de escape a la ventanilla de su auto, en un paraje solitario de Biloxi, Mississippi, en 1969.
La obra aún vive. Se ha convertido en un clásico de culto de la literatura norteamericana. Su protagonista, Ignatius Jacques Reilly, es uno de esos entrañables personajes que, a despecho de la excentricidad, el absurdo y la provocación, termina imponiéndose sobre la realidad. Treintañero adiposo y medievalista obseso, holgazán emérito, masturbador goloso, hipocondríaco crónico, pesimista confeso, renegado católico, zahorí terco y pedorro eximio, Reilly pasa sus horas en compañía de mamá viendo las aventuras del oso Yogui en la televisión, admirando la férrea moral de Batman y escribiendo unas notas dispersas a las que llama “cuadernos Gran Jefe”: una gran invectiva contra el mundo contemporáneo, la democracia norteamericana y “la causa del Clearasil”. Pero un evento desafortunado lo obliga a salir de casa y enfrentar la tragedia más urgente e inevitable del hombre moderno: conseguir trabajo. Una oferta laboral en un diario reclama un “hombre limpio, muy trabajador, de fiar, callado”, a lo que Ignatius vocifera: “¡Santo Dios! ¿Pero qué clase de monstruo quieren?”. En adelante, el mundo de Nueva Orleans cobrará vida a través de los sucesivos intentos de Ignatius por ganarse unos dólares; un mundo donde no se sabe claramente quién es el genio y quién el tonto.
Solo la insistencia de una mamá medio loca y obstinada, convencida de la grandeza de su hijo, permitió que la obra se salvara del completo olvido. Thelma Toole (“la persona más bizarra que jamás he conocido”, según el director de la editorial de la Universidad de Luisiana) acosó a diversos editores hasta lograr que La conjura fuera publicada en 1980, ganando el Premio Pulitzer el año siguiente. Era la segunda novela escrita por Toole (la otra, La Biblia de neón, la escribió cuando tenía dieciséis años).
Rechazadas por distintas editoriales, el autor no llegó a ver ninguna de sus obras en letras de molde. Su intento por publicar La conjura está documentado en la correspondencia que sostuvo entre 1964 y 1966 con Robert Gottlieb, editor de la casa neoyorquina Simon & Schuster: diez cartas son el triste testimonio de un proceso que culminó, a pesar del interés de las partes, con la decisión de Toole de abandonar el proyecto. A partir de entonces cayó en una pendiente de paranoia y melancolía que acabaría con su vida en 1969.
Esta dilatada comunicación epistolar es la historia de un fracaso. En ella el protagonista es derrotado por fuerzas que están más allá de su bien intencionado benefactor. Estas cartas revelan la humanidad conjunta de Gottlieb y Toole en un esfuerzo infecundo por publicar la obra. Son la huella de la génesis y desarrollo del libro, y de la íntima relación entre el autor, el editor y La conjura de los necios.

II
En una carta a su madre, Toole escribió el 11 de junio de 1963 desde Puerto Rico: “¡Vaya civilización espantosa la que existe en esta isla! Ignorante, cruel, maliciosa, egoísta, poco fiable y, a pesar de ello, muy orgullosa”. Fue en esa isla donde comenzó a escribir nuevamente La conjura de los necios. De regreso a Nueva Orleans, ese mismo año, se dedicó a impartir clases de literatura en el Dominican College, un instituto católico para mujeres de la orden de los dominicos, alternando diez horas semanales de clases con la escritura de la novela el resto del tiempo. Por aquella época le confesó a su amigo Sidney Snow, músico de la ciudad, que se sentía aprisionado viviendo en casa con sus padres (aunque solo la abandonaría misteriosamente, sin anunciar su partida, dos meses antes de ser encontrado muerto dentro de su auto), y que trabajaba en el primero de varios libros que planeaba escribir sobre Nueva Orleans.
Toole interrumpió la escritura del libro en noviembre de 1963, tras el asesinato del presidente Kennedy que lo sumió en una profunda depresión, apenas comparable con la que había experimentado tras la muerte de Marilyn Monroe el año anterior (“Sé que suena trillado decir que no podía creer que había muerto, pero así fue. Marilyn Monroe y la muerte son una pareja incompatible… ninguna actriz me hizo nunca tan feliz como ella”, escribió a su madre en 1962). En febrero del 64 retomó el trabajo, lo terminó y lo envió por correo a Simon & Schuster, donde llegaría a manos de Robert Gottlieb.
Simon & Schuster ya se perfilaba como una de las más importantes editoriales del país y Gottlieb, por cuyo escritorio habían pasado las obras de Bruce Jay Friedman, Salman Rushdie, Ray Bradbury, John le Carré, Bob Dylan y John Lennon, era uno de sus editores más prominentes. La comunicación entre ambos comenzó cuatro meses después de la entrega del manuscrito. Algunas de las primeras cartas se perdieron. La correspondencia que se conserva comienza con una nota formal dirigida a Toole por Jean Ann Jollet, asistente de Gottlieb.

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miércoles, junio 08, 2011

Qué pena me da mirarte cuando te leo...


Ser racista en un país de mestizos
La siguiente es una nota aparecida en el diario español El Mundo sobre las reacciones que un grupo de personas, iracundas y completamente desubicadas, han tenido al conocer el resultado de las últimas elecciones presidenciales.
...
(Acabo de escribir y borrar un largo texto unas cuatro veces pero mejor dejo que saquen sus propias conclusiones: esta gente vende de nuestro país, la imagen clarísima de un corral de chanchos). Qué vergüenza.

"Ojalá se destruya Machu Picchu"
"Espero que Chile bombardee al Perú. Que se jodan y se queden sin nada. Misios (pobres) de mierda", escribe en las redes sociales de Internet una joven que no es ninguna chilena fanática, sino una peruana indignada porque Ollanta Humala ganó las elecciones y será el próximo presidente de su país.
"Ojalá se destruya Machu Picchu, para que no tengan con qué comer", añade otro usuario, en una "antología" de frases racistas hecha por la página Vergüenza Democrática, que cuestiona ese tipo de comportamientos.
Aunque tras las elecciones la tensión cedió y muchos de los que no votaron por Humala admiten la legitimidad del triunfo y esperan que haga un buen gobierno, algunos sectores de Lima, formados sobre todo por jóvenes de clase media o alta, se niegan a aceptar el resultado y arremeten contra quienes votaron por el izquierdista.
Humala, de ascendencia quechua e italiana, ganó por el voto no limeño. De hecho, en la capital perdió frente a la derechista Keiko Fujimori con un 57% contra un 43%, pero le dio vuelta al resultado al imponerse en el resto del país, sobre todo, con holgura, en los Andes sureños.
"Cholos ignorantes de mierda. Vienen a cagar más al Perú", anota un usuario. "Malditos indios ignorantes". añade otro. "Puneños (gente del departamento andino de Puno, básicamente aymara), muéranse de frío", afirma un tercero.
"Ya nos jodimos, aceptémoslo. Y gracias a los resentidos, acomplejados, ignorantes, terrucos (terroristas), comunistas, que se creen muy dignos votando por él", se lee en otra cuenta.
Para el psicoanalista Jorge Bruce, coyunturas como la electoral hacen que se destape el racismo sumergido en el inconsciente de buena parte de los peruanos. Sociólogos como Sinesio López y Gonzalo Portocarrero atribuyen ese racismo a un rezago colonial.
Esos sectores se niegan a creer que su odiado "cholo fracasado de porquería" vaya a ser presidente. Ese fenómeno era ya intenso desde antes del domingo y ha acompañado el ascenso de Humala, quien, aunque limeño, proviene de una familia del departamento andino de Ayacucho, con excepción de su abuelo materno, un inmigrante italiano.
Aunque es difícil establecer de dónde provienen cuantitivamente esos sectores, los analistas no creen que se trate de seguidores originales de Fujimori, pues el movimiento de ésta también se apoya en sectores populares y mantiene bases importantes entre los con desprecio llamados "cholos".
Posiblemente, esos sectores provengan de quienes en primera vuelta apoyaron al liberal de derechas Pedro Pablo Kuczynski, un millonario hijo de alemán y francesa que despertó las esperanzas de los "blancos". De hecho, los ataques iniciales tras la primera vuelta también incluían a quienes votaron por Fujimori, aunque poco a poco esos ultras empezaron a hacerla su candidata.
Las elecciones del domingo polarizaron al país y lo dividieron geográficamente. Mientras en casi todos los departamentos del interior Humala ganó, en algunos casos con hasta un 75 por ciento, en Lima la superioridad de Fujimori quedó clara.
No obstante, y por paradoja, parece ser que Lima definió en buena parte, pues las diferencias amplias que hubo en sondeos durante el proceso se redujeron al final. Fue incluso un fenómeno perceptible, cuando algunas personas de clases medias, incluida la mayor parte de la intelectualidad, se decantó por Humala, argumentando razones éticas insalvables para no votar por un proyecto percibido como de el ex presidente Alberto Fujimori, padre de Keiko.
Más allá de posiciones ideológicas, el racismo juega un papel central, pues incluso ya lo sufrió un centrista como el ex presidente Alejandro Toledo, contra quien, según los analistas, más allá de posibles errores y deficiencias, hay un sentimiento contrario que simplemente se basa en su cara indígena.
El fenómeno es difícil de cuantificar, pero evidentemente hay también muchos sectores que, aunque antihumalistas, no se suman a ese tipo de opiniones. Las contenidas en este reportaje son frases menos insultantes que otras que resultan irreproducibles.
El experto en discriminación Wilfredo Ardito asegura que el racismo es una fractura que perjudica a la sociedad peruana, en especial cuando, a diferencia de otras latitudes, es ejercido por un pequeño pero influyente puñado contra una mayoría amplia.

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