martes, enero 21, 2014

Volver, volver, volver...

-Volver-

Mantener un blog era más sencillo cuando no existía el facebook. A muchos nos ganó el efecto pasajero de la "novedad" inmediata, la apelación al ego del "like", la espera nerviosa del primer comentario, la felicidad tan efímera como el cambio de post y nuevamente al círculo vicioso. Y entonces el blog se convirtió en una suerte de recuerdo lejano, de bitácora olvidada, uno de esos cuadernos que tenemos en el librero y que cogemos de vez en cuando, de casualidad, y pensamos al ver sus hojas en blanco: "me pondré a escribir algo..." y nunca escribes nada, lo vuelves a colocar donde estuvo "para tenerlo a tiro de ojo" pero de nada sirve, no lo volverás a abrir nunca. Y entonces decides cerrar tu facebook y vuelves a lo básico, lo primario: tener tiempo para hacer lo que te gusta sin que te preocupe lo que dicen los demás, a la mierda con ellos, nunca has tenido 2,487 amigos, que no jodan. Y vuelves al blog.
Hace mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho tiempo, empecé a escribir una novela. En paralelo escribí otra, que terminé y anda por ahí, esperando su momento, una novelita pequeña, rabiosa, llena de personajes de cantina, homosexuales, delincuentes, orgías, noches de piano, fugas etílicas, un revólver en la sien, universitarios borrachines, poetas de rockola, taxistas vendedores de coca, centros de rehabilitación, el infierno de la soledad, duras noches limeñas, una novelita, en fin: muy divertida y breve. Pero la novela que siempre ha estado ahí, retumbando en la cabeza es otra, de la que publicaron el primer capítulo en la web de Lima Gris hace poco, y que aquí les dejo. 
Haría mal en decirles que toda obra es factible de corregir, porque finalmente esto no es un focus group, esta no es una novela por encargo, es un texto que comparto con la gente que me lee (que no son legión pero son, y se les quiere mucho). Espero que les guste, si llegan al final, pues pinchan en el enlace y van a la página de Lima Gris, donde está el capítulo completo. 

PD: se preguntarán qué michi hace Penélope Cruz en la foto de arriba, la respuesta es más simple de lo que creen: puse "volver" en google images para ver qué imagen podía ilustrar este post, y lo primero que salió fue ella, así, con ese pucherito y la menta sobre los labios y esos ojos tan grandes y negros y esa mirada y para qué insistirle al destino, por algo será. C´est la vie.


OLIVETTI BLUES / Novela


1. El aroma del sancochado se ha mezclado con la neblina que ingresa por las ventanas del comedor, dejando un olor a rancio. El mar ha dejado escapar su olor a pescado podrido, el frío se cristaliza en pequeñísimas gotas que se filtran levantando la pintura crema de las paredes, las mejillas se ponen pegajosas, hace dos años estuviste aquí, tenías veintitrés, te entrevistaron por un cuento que alguien editó, mira el dispensador de gaseosas, los platos están dispuestos en la mesa para que uno se vaya sirviendo, el vapor despierta el apetito, huele a apio, a limón, huele a vida, coloca una moneda en la máquina y una coca cola helada baja con ruido a vidrio helado, rompiendo el ritmo de la cumbia que despide un televisor grasiento que pende de un armazón de metal pero que nadie ve, hartos de ver y oír tanta televisión todo el día. Carranza levanta la mano, tiene la boca llena, agita sus deditos gordos que bailan de dos en dos sobre el teclado y lo llama, así que hoy cortan cabezas según el viejo, mira la silla, se sienta, si uno de nosotros sale nos vamos todos y a ver quién le levanta el diario mañana, no te preocupes, Rimatti, el sancochado está bueno, sonríe a media caña, piensa, ya qué importa, los resultados de oncología lo dicen todo, no tengo que pensar en eso, pero lo hace, no me preocupa que me boten de acá, la verdad estoy cansado, dice Rimatti, necesito más tiempo para terminar de cerrar las heridas, Martín, yo les agradezco todo pero mis ánimos no están como para ser un héroe, por mí, que me quemen en año nuevo.–O sea que ahora nos vas a dar la espalda ¿Qué pasa contigo? No creas todo lo que dicen, eso es lo primero que te dije cuando llegaste, huevón, cortó un pedazo de carne, acá todo es pasajero, sigue masticando, como lo que escribimos: hoy se muere alguien y mañana se olvida porque alguien más se va a morir, exprime más limón en el caldo, o no has aprendido nada –muerde otro trozo de carne, juega con el tenedor como si fuera una varita mágica intentando hechizarlo, lo mira, sus ojos están tan cansados como los suyos, debería existir un día en que no hubiera ninguna noticia, ninguna muerte, nada de nada, piensa, Martín sonríe –come, loco, que enfermo que come no muere, y tú estás enfermo de soledad, cerramos edición y vamos donde la Clarita, a ver si se te quita la cojudez. –La soledad es la bandera de la derrota, Martín… –La bandera de la derrota… ¿quién dijo eso? Está buena la frase, anótala para el crucigrama. Carranza sonríe, deja escapar una risita breve, lo mira, recuerda el primer día que Rimatti apareció en la oficina; la noche anterior se había cortado el cabello largo y nadie lo reconoció con la nueva pinta de intelectual de cafetín, incluso trajo una camisa en la mochila para tomarse las fotos de las credenciales, deja de leer el horóscopo, le dice, lo escribe Sotomayor antes de salir a la última comisión, a veces hasta yo lo he hecho. Ríe, en las demás mesas los cubiertos danzan sobre los platos, los rostros se llenan de vida, dentro de la cocina la señora Mirtha corre de un lado a otro preparando más salsa criolla, la gente reclama que el ají se acabó, Mirtha grita a una de sus ayudantes para que reponga los envases vacíos, la chica se desespera, le faltan manos, tropieza y cae al suelo, hay risas, risitas, de pronto el viejo aparece en la puerta del comedor, entra a comprar una coca cola, su sombra se proyecta en la entrada desde antes que su figura aparezca, el ambiente se torna más denso, cruza el umbral y estudia las mesas de un vistazo, experiencia, que le dicen, muy raro: él jamás entraba en el comedor de prensa, todos lo observan una fracción de segundo, vuelven a sus platos, cabezas gachas, es el viejo, mierda, qué habrá pasado, conversan a media voz, no más risitas, el rumor del mediodía tiene una frase en común: hoy cortan cabezas. 


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