domingo, junio 13, 2010

Gael García Bernal y el empate México - Sudáfrica

Arrancó el mundial con el partido entre México y Sudáfrica, y fue como el presagio de lo que ha sido este fin de semana: empates y partidos aburridos (salvo el Estados Unidos - Inglaterra o el casi intenso Serbia - Ghana). En fin, recién empieza y uno se despierta temprano (desde las 6 de la mañana estamos enchufados al mundial), esperamos se ponga mejor con cada fecha. Gael García Bernal, el actor mexicano que interpretó a un futbolista en busca de un sueño en la divertida "Rudo & Cursi", comparte en el blog de Letras Libres un interesante el enfoque sobre la relación entre talento y locura. Espero lo disfruten, ya empieza el Alemania - Australia.

El último de los locos y su mundial con tambor
 
Ahora que el mundial comenzó todo es mucho más claro. Me atrevo a decirlo con la autoridad que a todo aficionado se le confiere; se me hace que tengo una clave, una revelación, para saber qué es lo que le hace falta a México para ganar en el mundial.
Creo firmemente que el mundial es para los jugadores que están completamente locos. Son ellos los que ven en siete partidos la posibilidad de traer la copa a casa, de traer el futbol a casa, de tener los ojos del mundo puestos en su corral mientras se pavonean. Creo que el fútbol se rige por una interpretación personal, que se transmite por una delicada onda a todos los compañeros de equipo para que después, en la re interpretación, ésta sea mucho mas compleja y virtuosa esperando que desemboque en un triunfo. Los “locos” son los que poseen ésta interpretación. No importa la posición en la que jueguen, a veces es un lateral o un portero, o a veces están en la banca. Estos “locos” (pobre locura, está tan despreciada en nuestra sociedad) son los que traen aquello a lo que los comentaristas deportivos se refieren cuando describen a un jugador con personalidad, carácter, talento, contundencia, genialidad. Todos estos adjetivos son, con respecto al futbol, consecuencia de la “locura” de determinado jugador. A la locura en un jugador también le añadiría las siguientes consecuencias: son desmadrosos, polémicos, frikis, pachangueros, irreverentes, magnéticos, y sintomáticamente muy divertidos. Menciono unos ejemplos claros: Maradona (Dios loco) Ronaldinho (Hedonista Loco) Pelé (Rey Loco) Cruyff (Crazy Flying Dutchman) Stoichkov (Búlgaro) Hagi (El Niño Loco de los Cárpatos) Valderrama (en el cabello escondía tremenda locura) y podría mencionar a cualquier miembro de la selección Brasileña desde Garrincha (hablando de grandes miembros según el mito) hasta nuestros días. En el entorno mexicano ha habido varios pero no demasiados, por ejemplo: Hugo Sánchez, Aguinaga, Jorge Campos, Brailovsky, Tena, Cardozo, y finalmente Cuauhtemoc –el último de los Locos.
En México el desarrollo deportivo –aquel que se inculca en las escuelas a todos los niveles– tiende inmediatamente a amansar la locura. Se plantea hacer deporte como para alejarte del mal y ser un muchacho o muchacha ejemplar, que no dice groserías y de paso si se puede que se persigne cada vez que entra a la cancha. No digo que eso esté mal o bien, pero acá estamos hablando del Mundial, de este torneo internacional de futbol que en castellano resumimos en una palabra: Mundial . Unos de los aprendizajes primerizos del deporte puede ser adentrarte en el “canon del éxito”: “ojo con que se te suba cuando te va bien” –lo mas arbitrario que existe, pues cualquier cosa puede ser medida por ese juicio de valor que comúnmente se da en la gente que no puede acompañar y disfrutar el éxito del que ganó. “Hay que aprender de las derrotas”: obvio, pero jamás te dicen que hay que aprender del éxito, que es cuando más complejo, constructivo y sutil suele ser el aprendizaje. “Hay que ser humildes”: la mayoría de la gente que mejor cae es humilde, sean exitosos o no, pero en el deporte la humildad no te da bonos intercambiables para obtener los del triunfo. ¿Cuántos no recordamos la cara de aquel presumido que nos ganaba siempre? Por cierto, a mi parecer, Maradona es increíblemente humilde, porque se entrega generosamente a la pasión desbordada del futbol, haciéndolo mucho mas humano y entrañable que Pelé, por ejemplo.

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