lunes, febrero 17, 2014

Xue Hai (Aviso: la práctica de este post puede alterar tus constantes vitales)


Encontré este texto en el siempre interesante blog de "El fémur de Eva", y la alternativa que plantea para "ponerse en los zapatos del otro" es, por decir lo  menos, doloroso, jajaja.
Que lo disfruten.

Ponerse en el lugar del otro.

"Si eres hombre, y te apetece participar en un simulacro… Estaría bien… Es sencillo: sólo tienes que abrigarte como si te fueras a esquiar a los Pirineos, con guantes, gorro y todo lo que se te ocurra ponerte encima. Ahora tienes que enchufar un calefactor cinco minutos en una habitación cerrada. Y salir. Cuando la habitación esté bien caldeada, entras de golpe con todo lo que te has puesto encima y cierras la puerta tras de ti. Cuando empieces a sudar, que notes que te va a dar un jamacuco por el ahogo súbito, y sientas que puedes perecer en cualquier momento por el bombeo acelerado de tus sienes, aguantas unos segundos más. Sal entonces de la habitación, respira un momento sin quitarte ninguna pieza de ropa y vuelve a entrar otro minuto donde sigue encendido el calefactor. Intenta también durante ese tiempo de ahogo, tomar mentalmente algún tipo de decisión sobre lo que sea que habías decidido hacer a lo largo del día. Trata de hilar un pensamiento sólidamente argumentado sobre algún tema que te interese mientras entras y sales de la habitación. Si eres tan amable, repite esa acción de entrada/calor/salida/frío unas cuatro o cinco veces. O seis. Y ya quédate fuera, así empapado, agobiado, respirando con dificultad, con ganas de arrancarte la ropa con una motosierra, y notando arder la piel de todo el tronco superior como si el calefactor siguiese encendido y dirigido a tu pecho… Odiando a partes iguales, y para el resto de tus días, todo el campo semántico relacionado con el binomio: lanamerina-forropolar.   

Únicamente te pediría una cosa más: NO te quites la ropa de abrigo mientras lees este post. Hazlo así, sudado, tiritando seguramente por la película húmeda que se ha creado entre tu cuerpo y la ropa, esa especie de aquaplaning corporal que no conocías. Ve con mucho cuidado ahora, no te de una corriente de aire y pilles un trancazo de webs. Quizás sientas un ligero dolorcillo de cabeza, un no sé qué incómodo que te presiona por los parietales. Es normal. Forma parte del simulacro también, pero te va a compensar haberlo hecho, créeme. Estoy segura de hay mujeres en tu vida que agradecerán eternamente que te hayas puesto en su piel durante unos minutos. Tu madre, tu hermana, tu pareja, tu compañera de trabajo, tu jefa, tu profesora, tu amiga, tu vecina; todas ellas cruzarán en algún momento ese Rubicón vital llamado menopausia. Una etapa igual de trepidante que cualquier otra, prueba estupenda de que sus vidas siguen avanzando por el camino acertado. Y cuando eso suceda, vas a estar mejor preparado para saber cómo se sienten. Y vas a ser mejor compañero de viaje sea cual sea la relación que te une a ellas. Como dijo Doris Lessing: “Eso es el aprendizaje. Usted entiende algo de repente y entiende toda su vida pero de una forma nueva”. Acabas de entender qué es un ‘sofoco’, algo que sienten millones de mujeres en todo el mundo con mayor o menor intensidad que el que has sentido tú, un número indeterminado de veces al día, y durante un periodo indeterminado de tiempo. Ahora ya sabes de qué va. Gracias. Un beso".

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